Bienvenidos a Mi Blog

Les doy la bienvenida a mi blog y les solicito encarecidamente que me dejen sus comentarios a mis entradas, pues su opinión es de gran valor para mí.



domingo, 11 de noviembre de 2018

ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO.

Una mañana,  Alicia descubrió que en el espejo de su dormitorio, había una grieta. El azogue se había desprendido en el borde y una delgada fisura permitía mirar hacia el otro lado.
Se asomó con curiosidad, entrecerrando los ojos para ver mejor y distinguió un bosque, envuelto en una niebla azulada.
El  despertador había sonado hacía rato y estaba atrasada para ir al colegio.
Bajó corriendo a tomar desayuno. Sus papás ya habían partido al trabajo y solo quedaba la nana lavando las tazas en el fregadero.  Su café con leche estaba frío y las tostadas duras, así es que no comió nada.
En la tarde, entró a su dormitorio y se acordó de su descubrimiento. Había más claridad y pudo ver mejor el bosque que había al otro lado del espejo.  Notó que había nevado porque el pino más cercano lucía un delicado blancor sobre sus ramas.
- ¡ Qué precioso lugar! - pensó Alicia- ¡ Qué ganas de estar ahí!  Odio el calor y en ese bosque parece que hay una frescura deliciosa.
Esa noche se desveló. Al abrir los ojos en la oscuridad, notó que por la grieta se filtraba una luz tenue. Un soplo frío le llegó a la cara y creyó escuchar el leve crujido de la nieve al desprenderse de las ramas del pino.
Cada vez era más grande su deseo de entrar ahí. Pero ¿ como?  ¡ La fisura era tan angosta! 
Necesitaría adelgazar mucho para lograr pasar a través de ella.
No era problema,porque casi nunca tenía hambre y además, nadie en la casa de daba cuenta de que no comía.
En las mañanas, sus papás salían apurados y ya se habían ido cuando Alicia bajaba a tomar desayuno.  A la nana no le importaba que lo dejara intacto sobre la mesa. Se limitaba a vaciar la taza en el fregadero y seguía con sus quehaceres, sin prestarle atención.
En la noche, su mamá llegaba tan cansada que comía en la cama, viendo televisión. Su papá volvía muy tarde.
-¡ Ya comí con los socios!- avisaba y se ponía a fumar en el salón, escuchando música.
Alicia pensaba que pronto estaría tan delgada que podría pasar por la grieta y entrar en el bosque. Quizás se quedaría ahí para siempre...¡ Era evidente que nadie la echaría de menos!
Un Sábado, su mamá se quedó mirándola, sorprendida.
-¿Qué te pasa, Alicia, que estás tan  escuálida?  ¿ No te alimentas bien?
-¡ Por supuesto que sí, pues, mamá !  Con este calor uno se lo pasa sudando y adelgaza sin darse cuenta...
-¡ Tonteras, Alicia!  Yo también sudo y no logro bajar ni un gramo. Te voy a estar vigilando  ¿me oyes?
Durante el fin de semana, Alicia se comió todo lo que le pusieron por delante.
-¡ Qué rico está ésto!- decía. Y después iba al baño y vomitaba .
Se sentía ingrávida, como si flotara. Sonreía en secreto, pensando en el bosque y en que pronto estaría ahí, jugando con la nieve.
Pero su mamá se empezó a preocupar en serio y  pidió hora en una consulta médica.
El médico pesó a Alicia, la midió y se quedó mirándola preocupado. Luego se quedó a solas hablando con su mamá.
Alicia pegó la oreja a la puerta del consultorio y le pareció escuchar la palabra anorexia.
Sabía lo que era eso. Incluso una compañera del colegio se había enfermado tratando de adelgazar y había estado a las puertas de la muerte.
¡ Una tonta! pensó Alicia. Yo lo único que quiero es poder entrar al bosque que hay detrás del espejo...
Su mamá salió de la consulta enojada y la hizo prometer que se comería todo.
Alicia lo prometió sin hacerse problemas. ¡ Total!  Tenía el recurso de vomitarlo después.
Una noche, notó que por fin había adelgazado lo suficiente para pasar por la fisura.
Tendida en la penumbra de su pieza, vio la luz azul del bosque filtrándose hasta su cama.
Le pareció escuchar una voz que la llamaba. Corrió hacia el espejo y vio que había una mujer parada bajo el pino.  Había dejado de nevar y una claridad tenue bañaba el paisaje.
La mujer le tendió la mano. Alicia la notó muy fría, pero se aferró a ella y saltó al otro lado.
El bosque azul la envolvió como un manto y un frío delicioso se apoderó de sus miembros.
Miró hacia atrás y  vio su dormitorio iluminado apenas por la lámpara del velador.
En su cama estaba ella, sin color y con los ojos cerrados. ¡ Tan delgada que su cuerpo  casi no abultaba bajo la frazada !
- ¡ Por fin lo logré!- pensó Alicia.

 Se rió contenta, mientras se internaba en el bosque , junto a su nueva amiga.  ¡ Nunca antes se había sentido tan liviana y feliz ! 


domingo, 4 de noviembre de 2018

ROSINA.

Dicen que el amor es como el carbón. Encendido quema y apagado ensucia. 
Si es así, de su affaire con Rosina, Mario salió tiznado hasta las orejas.
De todos modos, había sido una verdadera hazaña lograr que se fijara en él.
Sin exageraciones, era feo. En cambio ella...Decir que era linda sería mostrar la pobreza de vocabulario de un analfabeto. En realidad, era preciosa. Como ver a la luna en traje de noche o a una magnolia disfrazada de mujer.
Cuando pasaba por el pasillo de la oficina, moviendo las caderas, todos quedaban esperaban el tsunami que a veces viene después de un terremoto...
Había tenido algunos romances con tipos de la Empresa, pero siempre de corta duración.
Bastaba ver al galán llegar el lunes, ojeroso y cabizbajo, para entender que Rosina le había dado una pateadura.
Mario, sabiéndose feo, iba de modesto por la vida y jamás se le hubiera ocurrido tratar de conquistarla.
Hasta que notó que Rosina celebraba sus bromas con exageradas risas y que cuando pasaba junto a su escritorio, siempre se le caía un lápiz o algún papel.
Reunió valor para invitarla a salir y ella, la bella, la codiciada por todos, le dijo que sí.
Pero ocurrió algo inesperado. Al poco tiempo, Mario descubrió que Rosina era como un hermoso joyero del cual se habían robado la perla.  O mejor dicho, que era un envase de lujo sin nada adentro.
Su romance fue como tomar champaña en una copa de cristal muy fino. La embriaguez se discipa, pero la copa se ha quedado vacía...
¿ Como romper con ella sin destrozar su pedestal de diosa?
Rosina no iba a permitir que un tipo feo como Mario la dejara de lado.
A donde iba, se topaba con ella. Rodeada de sus amigas, riendo fuerte y lanzándole indirectas.
Luego probó a darle celos. Cuando Mario la vio del brazo con otro, a la salida de la oficina, sintió un enorme alivio. Se creyó liberado y al otro día fue a su escritorio y la felicitó.
Ella le dio una bofetada y escapó llorando al baño.
Mario sabía que no lo quería, que al contrario, lo odiaba. Lo que la atormentaba era no ser ella la que rompiera con él. Su vanidad de mujer linda la tenía acostumbrada a romper corazones y caminar sobre ellos como sobre una alfombra roja. Que un hombre feo se atreviera a despreciarla...¡ eso no lo iba a tolerar!
Así es que Mario decidió darle en el gusto.
Un viernes y en presencia de todos, se acercó a su escritorio y le dijo que no podía vivir sin ella, que había estado ciego, que por favor lo perdonara...
Ella se quedó atónita. No sospechó el subterfugio. Creyó que había triunfado y con salvaje alegría, se rió en su cara y le dijo que se fuera al diablo.
Mario puso cara de sufrimiento y salió encorvado y arrastrando los pies, tal como había visto hacer antes a las víctimas de Rosina.

Cuando se encontró fuera  de la Empresa, se irguió y se fue silbando al bar, a juntarse con sus amigos.   


domingo, 28 de octubre de 2018

EL JUEGO DE LOTERÍA.

Julio yacía conectado a varias máquinas que lo mantenían con vida. Los doctores guardaban silencio. " Estable dentro de su gravedad"  era el ambiguo diagnóstico.
Rosa, su mujer, se desesperaba. Sentía que lo estaba perdiendo, pero a toda costa mantenía la esperanza.
Para darse ánimo, le compró una camisa rosada, a tono con la primavera que se anunciaba tras los vidrios de la Clínica. ¡ Se la pondrá cuando salga!-  suspiró ilusionada.
Se la imaginaba sentado en la cama, ya libre de la maraña de tubos, abriendo el paquete de la camisa y mirándola a ella con amor.
Pero, la mayoría del tiempo la dominaba el pesimismo. Notaba que la vida era solo un débil hálito que se iba escapando de su cuerpo maltrecho.
¿ Qué sería de ella si Julio moría? 
Se le ocurrió poner un letrero en la puerta de la pieza:  " Se prohíbe la entrada a la Muerte"
Los médicos se miraron entre ellos y sonrieron con lástima.
Una tarde, llegó la Muerte a cumplir con su trabajo y al ver el letrero, se detuvo sorprendida.
Se asomó por una rendija de la puerta y vio adentro a Rosa, montando guardia junto a la cama de Julio.
Su boca apretada en un gesto decidido le advirtió que por ningún motivo la dejaría acercarse.
-¡ Ya veremos!- dijo la Muerte.
Entró en el vestidor de las enfermeras y sacó un uniforme del armario.
Luego fue a golpear la puerta de la pieza de Julio.
-¡ Vengo a tomar la presión al enfermo!- dijo, con tono autoritario.
-Pero ¡ si acaba de venir otra enfermera!- exclamó Rosa y reconociendo a su enemiga, le gritó:
-¡ Salga de aquí, maldita !
La Muerte retrocedió y se alejó por el pasillo.
Fue al cuarto de aseo y sacó un guardapolvo y una gorra que le cubría hasta los ojos.
Vestida así estaba segura de que nadie la reconocería.
Avanzó por el pasillo empujando un carro con trapos y escobillones y golpeó en la puerta de la habitación.
Cuando Rosa abrió, la Muerte se inclinó ante ella con humildad.
-¡ Por favor, señora!  Tengo que entrar a limpiar, si no, perderé mi empleo...
Pero Rosa divisó entre las escobas el brillo siniestro de una guadaña.
-¡ Váyase, bruja despiadada!  ¿ Qué viene a buscar aquí ?
La Muerte se alejó otra vez, fastidiada. ¡ Ya está bueno de bromas!- pensó. Estaba empezando a perder la paciencia.
Fue a una tienda cercana y compró un traje formal y un maletín de vendedora.
Golpeó suavemente  en la puerta del enfermo.
-¿ Quién es, ahora?- preguntó Rosa con desconfianza y se asomó por un resquicio.
-Señora, vengo de la Agencia de Lotería. ¡ Le quiero ofrecer un número para el próximo sorteo!  Se ha acumulado un pozo millonario...
A Rosa le brillaron los ojos. Era fanática de los juegos de azar y vio la ocasión de saldar la tremenda deuda que venía acumulándose en la Clínica.
Al notar el resplandor de codicia que iluminaba su cara, la Muerte supo que esta vez había acertado.
-Tengo que entrar, para mostrarle los números- dijo con astucia- Usted sabe que aquí están prohibidos los vendedores...
Ya dentro de la pieza, extendió ante Rosa los pliegos de números. 
-¡ Seguro que saca el ganador!- le susurró al oído con tono insinuante y mientras ella los miraba uno por uno, sin saber cual elegir, la Muerte sacó una tijera de su maletín.
Pareció que iba a cortar el número elegido, pero en lugar de eso, como un rayo se precipitó hacia la cama de Julio y de un solo chasquido, cortó los tubos que lo mantenían con vida.
Luego soltó una carcajada triunfal y se desvaneció en el aire, como si fuera humo.


domingo, 21 de octubre de 2018

SUEÑOS Y AÑORANZAS.

A Felipe le parecía que vivir era como ir manejando un automóvil por una carretera árida. Y que el Futuro era un destino incierto al que temía llegar.
Solo el Pasado lo matenía a salvo de la incertidumbre y sus recuerdos lo llenaban de añoranza, quitándole fuerzas para enfrentar el porvenir.
Tal vez esa actitud pusilánime ante la Vida, lo llevó a tener un extraño sueño.
Una noche se vio conduciendo un auto por un camino solitario. A lo lejos vio una ancha reja de hierro que le cerraba el paso.  Distinguió en ella una puerta en cuyo dintel se leían la palabra  "Pasado".
Al llegar a ella, la puerta se abrió sin un rumor.
Felipe sintió una gran alegría. ¡ Volver atrás!  ¡ Revivir su infancia!  Todo lo bueno que la vida  le había arrebatado, arrójandolo a la tierra árida de la adultez...
Le imprimió velocidad a su automóvil y atravesó la puerta.  Pero, tras ella encontró una ciudad en ruinas.   Cuadrillas de obreros la estaban demoliendo, entre nubes de polvo. Solo unas pocas murallas quedaban en pie.
-¿ Qué hacen?- les gritó Felipe, angustiado- ¿ Por qué demuelen el Pasado que tanto añoro?
-Porque no puedes seguir viviendo en él -le contestó el capataz- ¡ Hay que hacer polvo estas ruinas y sobre ellas construir el Porvenir!
-¡No! ¡ No quiero!- gritó Felipe en su sueño, y subiendo a su auto dio marcha atrás y deshizo el camino.
Al borde de la carretera vio una niñita con uniforme escolar, que le hacía señas para que la llevara.
- ¿ A donde vas?- le preguntó Felipe.
-¡ Al Futuro! -dijo ella con energía- ¡ Quiero ir al Futuro cuanto antes y ser grande de una vez!
- ¡No sabes lo que dices!-  lamentó él -La vida es muy dura, ya lo verás...
Siguió manejando sin mirarla, pero al cabo de un rato la oyó suspirar y comprobó que estaba dormida.
Sus trenzas se habían deshecho y le pareció que se veía mayor.
Lo cierto era que a medida que se alejaban del Pasado, la niña había ido creciendo.
  Pocos kilómetros más allá, ya representaba dieciocho años y Felipe la miraba entusiasmado.
-¿ Falta mucho para que lleguemos?- preguntó ella, despertando.
En la caseta del peaje, en lugar de un recibo de dieron una rosa roja y se volvió hacia la muchacha para ofrecérsela.
Unos estridentes bocinazos lo sobresaltaron...Pero no era una bocina, era la campanilla de su despertador.
Se encontró en su cama, aturdido y al principio, le costó entender que había estado soñando.
Pero la hora corría y se metió a la ducha rápidamente, confiando en que el agua fría terminaría de despertarlo.
Al entrar a su sección en el Banco, notó un movimiento inusitado. Varios de sus compañeros se levantaron de su escritorio para darle la bienvenida a una nueva funcionaria.
Alguien llamó a Felipe para presentársela.
Comprobó, estupefacto, que era la jovencita de su sueño. Ella lo miró sonriendo y le hizo un guiño, como si  se conocieran de antes...
En ese momento, el presente ya  no le pareció árido y el Futuro se le presentó lleno de expectativas.

En cuanto al Pasado, dicen que lo enterró definitivamente y sobre su tumba puso una rosa roja.   


domingo, 14 de octubre de 2018

DON JUAN ENAMORADO.

En la Empresa, Mauricio tenía fama de galán.
No solo era simpático y buenmozo, sino que un conquistador innato. Siempre se lo veía acompañado de las mujeres más estupendas  y eso lo hacía ser respetado y envidiado por el resto de sus compañeros.
El no presumía de sus conquistas. Se mostraba más bien modesto al respecto, pero le gustaba imponer su criterio frente a la belleza femenina. Le halagaba la atención que los más jóvenes que él,  prestaban a sus opiniones. Y le encantaba modificar a su antojo el criterio de los demás. Era un juego que ensayaba a menudo, burlándose en secreto de la ingenuidad de sus seguidores.
A la Empresa llegó una pelirroja sin duda atractiva, pero, después de mirarla un rato,  Mauricio dijo con tono de conocedor:
-Dicen que las pelirrojas son de temperamento ardiente, pero eso no es más que un mito. Y a esta chica, basta darle una segunda mirada para notar que tiene angostas las caderas y carece de chispa al conversar. En realidad, lo único llamativo que tiene es el pelo.
Sus palabras tuvieron efecto inmediato y  la pelirroja dejó de ser considerada una belleza irresistible. Con eso quedó demostrado que le creían más a los ojos de Mauricio que a los suyos propios.
Por otra parte, había en la Empresa una chica llamada Tamara que no llamaba la atención de nadie. Era pálida hasta ser descolorida y esbelta hasta ser flaca.  Las miradas resbalaban sobre ella o la atravesaban como si fuera de vidrio.
Hasta que un día Mauricio se quedó mirándola y comentó:    
-Hay mujeres que resultan atractivas a primera vista, pero otras tiene una belleza oculta que solo un conocedor es capaz de notar. Por ejemplo, Tamara ¿ han visto qué piernas tan largas tiene? ¿ Y ese cuello tan fino que parece el de un cisne?  Su palidez resulta muy seductora...Me recuerda a las magnolias...¡ Y qué afortunado el que la haga sonrojar!
Varios pares de ojos se volvieron hacia Tamara con un nuevo interés y esa tarde, muy sorprendida, recibió dos invitaciones para salir.
Pero, mientras Mauricio había caído en su propia trampa de Don Juan.
Conoció a una joven  a quien encontraba todos los días en el Estación del Metro y que lo tenía enamorado. Y él, tan atrevido y conquistador, no se atrevía a hablarle.
Era menudita, graciosa, pero muy seria y parecía dispuesta a mantener a raya a cualquiera que se atreviera a acercarse con alguna intención.
Una tarde, Antonio, uno de sus compañeros más jóvenes y que seguía sus opiniones como si fueran La Biblia, se acercó a Mauricio, a la hora del café:
-Amigo, me gustaría que esta tarde te dieras una vuelta por el bar de la esquina. ¡ Te invito a un trago!  Voy a estar ahí a las siete y quiero presentarte a mi novia.
Mauricio adivinó de inmediato que quería pedirle su parecer sobre la niña en cuestión y aceptó halagado. También se rió por lo bajo al sospechar la inseguridad de Antonio sobre su propio criterio.
Esa tarde, al entrar al local, se quedó mudo al comprobar que la novia de Antonio era la chica de la Estación del Metro. ¡ Y estaba ahí con ese tonto  que, según parecía, no era capaz de apreciarla !
 Tragándose su frustración, avanzó hacia ellos con su paso atlético y su sonrisa irresistible.
A otro día, en la oficina, Antonio lo encaró:
-Bueno y dime ¿ qué te pareció?
Mauricio pareció dudar.
-Sí, ya sé que no es linda- reconoció Antonio, inseguro.
Mauricio guardaba silencio.
-Y tal vez las pecas le afean el cutis- agregó el otro, ya por completo mortificado.
-Bueno, linda, linda no es - habló Mauricio, por fin -Pero es cuestión de gustos, no tienes para qué guiarte por mi opinión.
Semanas después, cuando estuvo seguro que sus palabras habían surtido efecto, se acercó a la joven en la estación del Metro.
-¡ Hola!  ¿ Te acuerdas de mí ?
Ella lo miró dudosa.
- Nos presentó Antonio en el bar, hace unos días...
-¡Ah! Antonio- dijo ella y un velo de reserva cubrió sus rasgos- Hace tiempo que no lo veo.
Mauricio contempló sus adorables pecas y emocionado, renunciando a la arrogancia de otros tiempos, le pidió humildemente:

-Ahora que ya no estás saliendo con Antonio ¿ irías a tomar conmigo una taza de café?


domingo, 7 de octubre de 2018

BETTY HACE DEPORTES.

No será mi belleza precisamente la que me pondrá en apuros en este mundo...
Ese fue el pensamiento nada de alentador que tuvo Betty al mirarse en el espejo esa mañana.
Nunca había sido muy linda, pero ahora, un nuevo enemigo la atacaba a traición.  Era el sobrepeso que había permanecido oculto bajo los sweters gruesos que había usado durante el invierno.
-¡Estoy gorda!- gimió, tironeando su blusa hacia abajo, sin compasión. Pero, no había forma de disimular los almohadones que se le habían formado en las caderas...
Tanto chocolate saboreado impunemente, mirando películas románticas o llorando desengaños de amor. La ropa gruesa es una buena aliada de la gula... Como una amiga traicionera que te conforta, pero en secreto te desea lo peor.
Nora la encontró haciendo ascos a una taza de café con sacarina.
-¡ No te amargues, Betty!  Ya no se usan las anoréxicas. Ahora las prendas de talla mediana son las primeras en agotarse en las liquidaciones.  Las mujeres como nosotras no tenemos nada que envidiarle a " Las tres Gracias" de Rubens.
-¡ A las tres grasas, querrás decir!- exclamó Betty, malhumorada- Rubens era un viejujo caduco al que le gustaban las gordas. Modigianni en cambio pintaba puras mujeres flacas, y él era mucho más moderno, si me permites hacértelo notar..
-Bueno, no te enojes. Creo que lo mejor es que vayamos a trotar al San Cristóbal. Mucha gente linda se junta a transpirar ahí las mañanas de Sábado...Y en una de esas, conocemos a un par de gorditos sexis...
-¡ Claro!  Tal como estamos, solo podemos aspirar a un par de gordos adiposos.
-¡ Pero, Betty!  ¡Con el trote van a bajar de peso y  quedarán esbeltos y regios!
-Y entonces nos dejarán por dos flacas.
-Betty, estás intratable- suspiró Nora. Pero no cejó hasta arrancarle la promesa de que irían a trotar el Sábado.
Se levantaron muy temprano y partieron al cerro. Había mucha gente luciendo atuendos glamorosos, pero Nora se desanimó al notar que en su mayoría eran parejas.  Aunque había uno que otro tipo solitario sudando bajo el sol primaveral.
Al Sábado siguiente conocieron a Raúl y Carlos.
Nunca las había visto, comentó Raúl. ¡ Me acordaría! aseguró Carlos, mirando a Betty con ojos apreciativos.
Pero, dos semanas después, Carlos apareció acompañado de una rubia tonificada.
-¡ Hola, gorditas!- las saludó la pérfida, mirándolas en forma despectiva- ¡ No pierdan la esperanza!
Nora renunció humillada y dando por perdido a  Carlos,  al Sábado siguiente, no quiso ir a trotar.
-Total, ya logré perder un kilo y era el único que me sobraba- comentó con total desparpajo.
Betty se guardó el comentario sarcástico y reconoció que también había perdido la ilusión.  Llevaba meses almorzando una hoja de lechuga y no notaba ningún cambio.  Lo único nuevo eran los calambres en las pantorrillas, que no la dejaban dormir.
Total, decidieron quedarse en cama hasta tarde y no sacrificarse más.
Dos semanas después,  al anochecer, sonó el timbre del departamento de Betty.
Pensando que era Nora, salió a abrir en pantuflas y con el pelo erizado.
En el umbral estaba Carlos. Casi no lo reconoció. Llevaba un pantalón pitillo y una camisa abierta que le sentaba muy bien. Betty lo notó más delgado.
-Como no has ido a trotar,  vine a ver si estabas enferma...
-¡ Estoy muy bien!- mintió Betty- He cambiado el trote por la natación.
Fue al refrigerador a buscar un pote de helado de chocolate y se sentaron en el balcón, a saborearlo sin remordimientos.
-¡ Qué linda noche!- suspiró Betty.
-¡Preciosa!- respondió él, pero no miraba el paisaje sino a Betty, demostrando que le gustaba de veras, aún con su pelo erizado y sus kilos de más.

¡No hay como ser una misma !- pensó Betty relajada- Es lo más cercano a la belleza que se puede lograr...    


domingo, 30 de septiembre de 2018

HUMO EN TUS OJOS.

Cuando sonó el timbre de la puerta, Javier fue abrir y vio en el umbral a un gordo vestido de traje y corbata.
-Vengo de la Funeraria  "La Quita Penas".  Nos llamaron para organizar el sepelio de don Javier Arismendi.
-¡ Pero, si todavía no estoy muerto!- gritó Javier, consternado.
-Todos dicen lo mismo- suspiró el gordo, resignado pero un poco sarcástico.
Por si acaso, Javier se miró en el espejo del vestíbulo.  Y para su espanto, no se encontró.
En lugar de su imagen vio un delgado hilo de humo que flotaba en el espacio.
-¡ Debe ser mi espíritu!- comprendió de repente- Entonces, es verdad que estoy muerto...
 Ya sin argumentos, dejó entrar al gordo, que se notaba impaciente. Tras de él. entraron dos hombres portando un ataúd.
Rápidamente, pusieron en él los restos de Javier y lo llevaron hasta un carro mortuorio.
- Mi sentido pésame- murmuró el gordo y salió con ellos, sin mirar atrás.
Después del sobresalto inicial, Javier se sintió de pronto liviano como una pluma. Todos los pesares de este mundo lo habían abandonado y decidió gozar de su nueva libertad.
Lo primero que se le ocurrió fue ir a casa de su novia, Laurita.  Quería ver cuanto lo lloraba y si era posible, reconfortarla con alguna señal...
Al llegar a su casa, consideró innecesario tocar el timbre y se deslizó por el ojo de la cerradura.
En el salón estaba ella, vestida de negro, con la frente apoyada en el vidrio de la ventana. Hondos suspiros henchían su pecho...Aquel pecho turgente que había hecho desvelarse a Javier en noches de ensoñación erótica.
Cuando se preparaba a acercarse a Laurita, sonó el timbre de la puerta y ella se dirigió a abrir.
En el umbral  estaba parado el pelmazo de Seferino Almarza, perfumado y peinado con gel, como si viniera a una cita.
Javier se estremeció de rabia. ¿ Qué hacía allí su encarnizado rival?
-Vengo a darte el pésame por Javier. Sé que lo querías mucho- murmuró el pesado, con cara de circunstancia.
-Sí, es cierto- suspiró Laurita y cuando Javier ya se esponjaba emocionado, agregó dudosa- En realidad, lo quería sobre todo porque él me quería a mí. Creo que soy como la luna, que no tiene luz propia y solo refleja la luz del sol. Así soy yo...Únicamente puedo amar cuando me aman.
Seferino cayó re rodillas, presa de un frenesí apasionado y le tomó una mano, cubriéndola de besos.
- ¿ Y crees que podrías reflejar la luz de mi amor?  Sabes que te he amado con locura y solo por respeto a Javier no me atrevía a confesártelo...
Ella se puso pálida y por un momento su cara se pareció a la luna. Pero poco a poco se fue iluminando de un tenue resplandor rosado y abandonó su mano en la manaza de él.  ¡ Ya había encontrado otro sol que le prestara sus rayos!
Javier se retiró colérico. ¡ Qué poco le había durado la pena por su muerte!  Las mujeres son volubles y traicioneras, murmuró. ¡ Los amigos sí que saben ser fieles!
Y decidió ir al bar donde cada tarde se reunía con sus compinches.
Ahí estaban los cuatro, concentrados jugando poker, frente a sus respectivos vasos de cerveza.
-¡ Ya, pues, Pepe, te toca!
-¡No lo pienses tanto, animal!
Se acercó el mozo con un trapo sucio, enrollado en el brazo.
-¡ Chiss!  Yo creía que siquiera iban a guardar un minuto de silencio por su amigo que se murió ayer...
- Justamente, fue ayer. Hoy es otro día y la vida hay que seguir viviéndola.  Que descanse en paz, que yo quiero cansarme otro ratito...
De repente, el mozo vio un hilo de humo que flotaba sobre la mesa.
-¿ Quién estuvo fumando aquí?  Ya saben que está prohibido...
Se sacó el trapo del brazo y empezó a dar golpes en el aire, tratando de dispersar la humareda.
Javier escapó de un salto y se encontró de nuevo en la calle. Sintió que el viento lo arrastraba livianamente sobre los techos.
-¿ A  donde voy? - se preguntó desanimado- ¿ Qué hago ahora con mi  vida...quiero decir, con mi muerte?

 Pero poco duró su inquietud. Sin darse cuenta,  se fue incorporando suavemente al esmog que flotaba sobre la ciudad  y una lluvia otoñal lo diluyó.