Bienvenidos a Mi Blog

Les doy la bienvenida a mi blog y les solicito encarecidamente que me dejen sus comentarios a mis entradas, pues su opinión es de gran valor para mí.



domingo, 4 de diciembre de 2016

VISITANTES IMPORTUNOS.

Rosa se había quedado sola en Santiago, igual que siempre, en aquellos meses de calor insoportable.
Vio como poco a poco se iba vaciando el edificio en que vivía y luego, la ciudad entera le pareció  grande y desconocida.
Al principio se movió por las calles desahogada, como si le tocara más aire para respirar.Pero después se fue sintiendo muy sola.
Aunque siempre lo había estado en realidad. Sólo que ahora lo notaba más, porque ya no contaba con esa muchedumbre anónima que la convencía engañosamente de que caminaba acompañada.
Se preguntó, con tristeza, por qué no tenía amigos.  Alguien le había dicho una vez, muy duramente, que si pensara menos en sí misma y se preocupara más por el resto, su vida sería otra. Pero ella lo había tomado como una ofensa dictada por el despecho...
Una tarde especialmente calurosa, cuando volvía a su casa desde la oficina, una mujer de gris se sentó a su lado en el Metro.
La miró como si ya se conocieran y abriendo un anticuado bolso negro, le ofreció un saquito de papel, lleno de caramelos.
Rosa aceptó uno por cortesía, pero lo encontró amargo.
Cuando se bajó del tren, la mujer lo hizo también y se fue caminando pegada a su codo, como si se dirigieran a la misma parte. Y efectivamente, entró con ella al edificio, también al ascensor  y se bajó en el mismo piso en el que Rosa vivía.
Pero lo verdaderamente insólito fue que cuando abrió la puerta de su departamento, la mujer se coló detrás de ella.
Rosa la miraba atónita y se devanaba los sesos preguntándose:  ¿ La conozco y no me acuerdo?  ¿ Es una tía que se dejó caer de visita, sin que yo la invitara?
 La mujer, ajena a su incertidumbre, se arrellanó en el sofá.
Rosa no pudo aguantar más y a riesgo de parecer impertinente, le preguntó:
-Señora, perdone...Usted ¿ quién es?
-¿ Cómo que quién soy?  ¿ Hemos vivido juntas tantos años y no me reconoces?   Yo soy la Soledad.
Rosa se quedó muda, mirando su cara sin color y sus ojos inexpresivos.
- No habría venido si tú no me hubieras invitado- agregó la mujer.
Abrió su bolso, que parecía no tener fondo y sacó de él un gato, que se acomodó sobre sus rodillas ronroneando. Luego, extrajo también unos palillos y un ovillo de lana y se puso a tejer con soltura.
En ese momento, sonó el timbre.
-Es mi hermano mayor - exclamó la mujer- Pero, estoy segura de que tú lo conoces...
Rosa abrió la puerta y un hombre muy flaco pasó a su lado sin saludarla. Se acercó a la mujer y se saludaron afectuosamente.
-¡ Somos tan unidos!- exclamó ella y levantándose del sillón se cogió de su brazo- Siempre vamos juntos por la vida. El es el Egoísmo y yo soy la Soledad.  No acostumbramos  existir separados. Pero creo que tú lo sabes muy bien...
-¿ Por qué dice eso?- le preguntó Rosa ofuscada.
-Porque si en lugar de vivir pensando en ti y en tus carencias, miraras a tu alrededor siquiera una vez, verías que hay otras personas que también tienen necesidad de afecto.
Metió el gato y el tejido en su bolso y cogiendo del brazo al flacuchento,  se dirigió con él hasta la puerta.
 Ambos miraron a Rosa con cierto desdén y salieron sin despedirse.
Rosa se quedó meditando largo rato y luego lloró como hacía tiempo no lo hacía. 
Pero, si cambió su actitud después de esa visita,  no lo sé.

Me gustaría poder decir que sí, para que este cuento tuviera algún sentido. Pero, francamente,no puedo asegurarlo.


domingo, 27 de noviembre de 2016

EL PRECIO DEL AMOR.

Una tarde de ocio en que Marcos vagaba por diversos sitios en Internet, descubrió uno que le pareció misterioso. La dirección era SueñosRealizados.com.
Se le ocurrió que sería una Empresa Turística, o una promoción de juegos de azar. Hasta fantaseó con un sitio pornográfico cuando leyó la frase : Satisfacción garantizada.
Pero no halló nada que le aclarara sus interrogantes. Solo la dirección de una oficina en un edificio céntrico.
Como estaba sin trabajo y la ociosidad lo tenía deprimido, decidió correr una aventura, cualquiera que fuese y se dirigió allá.
Al tocar el timbre, escuchó una voz varonil, bastante agradable, que le decía : Pase, por favor.
Frente a un escritorio vio a un hombre pálido, ni joven ni viejo, ni guapo ni feo. Pero con un aspecto general que impresionaba. Tenía el pelo negro como el azabache y sobre su labio superior se rizaba un bigote.
-Perdone que no le abriera, pero estoy sin secretaria. ¿ Querría tomar asiento, por favor?
Al ver que Marcos se callaba, le preguntó con cierta impaciencia:
-Bueno, me imagino que trajo su petición. ¿ Cual es?
-¿ Qué ?  No entiendo- tartamudeó Marcos, un tanto amoscado y ya arrepentido de haber ido.
-¡ Su sueño, pues!  Esta empresa se llama " Sueños Realizados"  ¿ O se equivocó de oficina?
-La verdad es que no tengo ningún sueño...Sólo vine porque me sentía intrigado.
- Ah, bueno- dijo el hombre, trasformando su mueca de fastidio en una sonrisa-  Para mí es una suerte que haya venido ¿ Le interesa el puesto de secretario?  Porque mire, tengo harto trabajo por hacer.
Sobre el escritorio se veía un montón de carpetas apiladas.
El hombre le explicó que cada una correspondía a una solicitud para cumplir algún sueño y que debía ordenarlas por fecha.
Marcos se pasó la tarde leyendo el contenido de las carpetas. Vio que todos eran sueños de dinero o de poder. Riqueza, viajes, influencias...Por supuesto que a nadie se le ocurría soñar con la Paz del Mundo o la felicidad del genero humano. 
 Solo ambiciones materiales...Pero, había una excepción.  La petición la firmaba una chica de diecisiete años llamada Emelina y ella quería conocer el Verdadero Amor. Ni más ni menos.
Su foto tamaño carnet la mostraba encantadora, con unos ojos oscuros muy abiertos y expectantes. Se veía que había mandado su solicitud con una fe absoluta en que le cumplirían su sueño.
Pero había algo que intrigaba a Marcos. El dueño de la empresa no le había hablado en ningún momento de formas de pago... Porque no cabía duda de que la cosa no podía ser gratis.
- Mire, aquí no engañamos a nadie- le respondió el hombre, con frialdad- A todos los clientes se les informa que deberán pagar en el plazo de un año...
-  Sí , pero ¿ cual es el precio exactamente ?
-¡ Su alma, por supuesto!- se rió el hombre  y sus ojos brillaron como carbones encendidos.
Marcos tembló al comprender que no era otro que El Demonio y sintió deseos de salir corriendo de ahí. Pero, antes quiso entender como funcionaba el siniestro negocio.
- Y dígame ¿  A la gente no le importa el precio que va a pagar ?  ¿ Solo le interesa que sea a plazo?
-¡ Claro!  Así funcionan el consumo...¿ No has visto que el mundo está lleno de endeudados que con tal de  satisfacer sus deseos no piensan en nada más?
Marcos estaba horrorizado y lo único que quería era salir de esa oficina. Pero disimuló hasta el final de la jornada , porque  tenía miedo de incurrir en la furia del Diablo y porque quería robarse  la solicitud de Emelina.
Logró su objetivo y al caer la tarde, después de despedirse de su empleador con un cándido  ¡Hasta mañana!  buscó la dirección que aparecía en la carpeta.
-¡ Oh! ¿ Te mandaron a ti ?- preguntó Emelina ruborizada y se mostró bastante satisfecha de que fuera Marcos el encargado de cumplir su sueño.
El le tomó las manos y mirándola a los ojos, le confesó que había robado su solicitud.
El amor los envolvió con destellos de arco iris y gozaron de su felicidad sin notar el paso del tiempo.
Pero, un día, Marcos despertó asustado:
-¡ Debemos irnos lejos, Emelina !  Donde nadie pueda encontrarnos jamás...
Tomaron un tren que los llevó a través de muchas ciudades. La última estación estaba al borde del mar.
Entonces subieron a un barco que atravesó el océano y los depositó en un puerto desconocido. Les pareció que estaba lo suficientemente lejos de su país y respiraron aliviados.
 Durante unos meses vivieron en una aldea de pescadores.  Emelina era feliz. Sólo le importaba haber cumplido su sueño.  Pero Marcos tenía miedo y sentía un dolor lacerante en el pecho, como si una pantera afilara las garras en su corazón.
Un día, al ir al mercado escucharon que un desconocido había llegado al pueblo. La gente comentaba que nadie lo había visto antes y que no sabían lo que buscaba.
-Emelina, es preciso que nos vayamos de aquí- dijo Marcos.
Había nevado y más allá de los bosques había una planicie blanca que parecía no tener fin.
Contrataron a un hombre que guiaba un trineo, para que los llevara lo más lejos posible.
Después de una hora de marcha el hombre les dijo que no podía llegar más allá.
-Estamos en el Polo Sur. Detrás de esa montaña no hay nada, solo hielo y nieve.
 Marcos pensó que ese día precisamente, se cumplía un año desde que se conocieron...Pero que en ese lugar tan remoto estarían seguros, por fin.
Se bajaron y siguieron caminando por la planicie infinita. El cielo y el suelo eran blancos, como si la vida se hubiera borrado del planeta.
-Tengo frío- suspiró Emelina, temblando.
-No te preocupes, mi amor- le respondió Marcos, abrazándola- Allá veo a un leñador que está sentado junto a una fogata. ¡ Vamos allá, para que entremos en calor!
Cuando lo vieron de cerca, quisieron retroceder, pero ya era inútil.
No era un leñador. Era un hombre pálido, con el pelo negro como el azabache. Y no era una fogata la que ardía a sus pies, sino el mismo hielo que se quemaba sin derretirse , formando un círculo de llamas a su alrededor.

-¡ Te estaba esperando, Emelina!- dijo el hombre, sonriendo- ¡ Me alegro de que seas tan puntual!


domingo, 20 de noviembre de 2016

EL VIOLÍN.

En sus horas libres, a Pablo le encantaba visitar tiendas de anticuarios. Sobre todo, esos pequeños locales poco frecuentados en los cuales, con un poco de suerte, podía encontrar verdaderos tesoros a bajo precio.
La tarde en que empezó su aventura, había entrado por primera vez a una tiendecita, casi oculta en el fondo de un callejón.
A través de la vitrina, bastante sucia por lo demás, vio una serie de objetos más o menos inútiles y en el centro de todos ellos, un violín.
Su bella madera clara parecía resplandecer en medio del polvo que lo cubría todo. ¡ Qué líneas tan elegantes!  ¡ Qué delicados los ornamentos de la caja!  Si tenía suerte, hasta podía ser un auténtico Guarnerius, que la ignorancia del dueño había pasado por alto...
Entró en la tienda, disimulando su interés y como al descuido, preguntó el precio.  No era barato, pero a esas alturas ya sabía que no saldría de ahí sin el violín.
Regateó un poco y al saber que faltaba el arco para poder tocarlo, se empecinó más en conseguir una rebaja.
Salió feliz con su envoltorio bajo el brazo.
¡ Total!  El nunca había estudiado música !  Solo quería poseerlo por la hermosura de sus formas y porque le parecía un instrumento romántico y evocador.
Lo puso en la cómoda de su pieza, sostenido por unos libros y lo contempló hasta que los ojos se le cerraron de sueño. Se durmió con una sonrisa en los labios.
A media noche lo despertaron unos ruidos extraños.
Aterrado, se incorporó en su cama, seguro de que tendría que enfrentarse con un ladrón.
Luego notó que la figura era difusa, casi transparente y que me movía entre las sombras como un jirón de niebla.  Eso no le impedía hurgar en los cajones en forma frenética, desparramando el contenido por el suelo, sin importarle el ruido que hacía.
Pablo preguntó con un hilo de voz:
-¿ Qué busca?  ¿ Quién es usted?
La figura se volvió hacia él y le mostró un rostro pálido y desencajado.  Sin responderle, gritó:
-  ¿Donde está el arco ?  ¡ Deme el arco, por el amor de Dios! 
   - ¿ Qué dice?- balbuceó Pablo, tiritando de miedo al darse cuenta de que se encontraba frente a un fantasma.
-¡ Que me dé el arco, le digo!  Necesito tocar...¡ o me volveré loco!
-Primero que todo, dígame quién es usted- exigió Pablo, envalentonado al comprender que el espectro no había ido a atormentarlo a él, sino que era, por sí mismo, un ser atormentado por un dolor atroz.
-  ¡ Soy Nicolo Paganini, el violinista ! - respondió la sombra, con una mueca de rabia al no saberse reconocido.
-¡ El famosos Paganini !...Pero si murió hace siglos....¿ Es que en el Cielo no lo dejan tocar?
-¡ Ay!  ¡ El cielo!  Si Dios hubiera tenido piedad de este pecador...Pero, no. No estoy en el Cielo. ¡ Estoy en el Infierno!
Pablo sintió una gran compasión, pero su curiosidad fue más fuerte:
- ¿ Y cómo es el Infierno?  ¡ Dígame!

- No sé como será para otros- gimió el espectro- Yo llegué a un lugar frío y oscuro...Ahí me recibió un ángel de alas negras, con las plumas erizadas como si hubiera volado en un vendaval...Me miró sin decirme una palabra y me tendió un violín. Me abalancé a cogerlo, esperanzado...Pero era un violín sin cuerdas. ¿ Comprende?   ¡ Ese es el Infierno, para mí !


domingo, 13 de noviembre de 2016

CHABELA.

Chabela estaba aburrida de quedarse siempre en la casa mientras su hermana mayor salía.
¿ Por qué nunca me lleva ? - rezongaba, enfurruñada- Seguramente tiene miedo de que la opaque y le quite a sus amigos...Porque no cabe duda de que soy más bonita que ella.
A solas en el dormitorio, Chabela se miraba al espejo, peinando su largo pelo color cobre y admirando su tez sonrosada. ¡Qué bonita soy, en realidad! - suspiraba- Y mi hermosura se desperdicia, siempre encerrada aquí.
Cuando Alicia volvía,  ni siquiera la miraba. Menos accedía a contarle lo que había hecho.  Se dirigía directamente al cajón de su velador y sacaba su diario.
Mientras escribía en él, se reía o a veces lloraba, pero nunca le hacía confidencias a Chabela.
-¡ Seguro que tiene un novio!- pensaba ella-  Pero no me habla de él ni me lo presenta, porque teme que se lo quite. Ella es fea y sin gracia, en cambio yo...
Muy de vez en cuando, Alicia parecía reparar en Chabela. Entonces la abrazaba y suspiraba con la mejilla apretada contra su cabellera cobriza:
-¡ Ay, Chabela! ¡ Qué triste estoy!  Quisiera ser chica de nuevo y no saber todavía lo que es el Amor. Dicen que es dulce y que es lo mejor del mundo, pero es amargo y no llena ningún vacío en el corazón...
Un día, Chabela escuchó que Alicia le decía a su mamá que la tarde siguiente vendría a verla un amigo muy especial.
-¡ Con que esas tenemos!- pensó Chabela- A mí no me dice nada...Pero seguro que va a venir ese que la tiene sin aire de tanto suspirar.  Lo más probable es que no piense presentármelo, pero yo me las voy a arreglar para conocerlo...¡ Y ahí vamos a ver cual de las dos es la más atractiva!  Ya estoy casada de que me postergue y me trate como a una cosa...
La tarde siguiente, cuando no había nadie en la casa, se fue al living y se instaló en un sofá que quedaba en sombra. Solo estaba encendida una lámpara de sobremesa y su suave luz hacía que el resto de la habitación quedara en penumbra.
Se acurrucó en silencio y sin moverse, esperando que no la descubrieran.
Pasadas las seis, entró Alicia corriendo desalada y por supuesto, ni preguntó por ella. Se precipitó a su dormitorio, para cambiarse de vestido y peinarse.
Desde la cocina, se escuchaba a la mamá reírse y suspirar,  como alguien que recuerda con nostalgia esos arrebatos de la juventud.
Media hora después, apareció Alicia en el living.  Llevaba  su vestido color turquesa y el pelo sujeto en un moño que la hacía ver mayor. Inspeccionó las flores del centro de mesa y acarició satisfecha la pantalla que tamizaba la luz tan románticamente...
Detrás entró su mamá.
-¿ Por qué está tan oscuro aquí ?- preguntó- Y accionando el interruptor, encendió todas las luces de la habitación.

-¡ Ay, por Dios!  ¿ Qué hace Chabela aquí? - preguntó Alicia, fastidiada- Mamá, por favor llévatela y métela en el closet.  ¿ Qué diría Gabriel si supiera que todavía juego con muñecas?


domingo, 6 de noviembre de 2016

LA MAGIA DEL AMOR.

Todas las tardes, Julio pasaba a buscar a Paula a su oficina y se iban de la mano, recorriendo lentamente las calles, en la frescura del atardecer.
Paula lo amaba, pero sentía que él no la quería de igual manera.
Como una niña, le preguntaba una y otra vez:
-¿ Me quieres? ¿ Me quieres?  hasta cansarlo y ver aparecer en sus labios un gesto de fastidio.
  Entonces Paula cambiaba de tema, temerosa de que su insistencia lo alejara de ella, pero seguía sintiendo en su corazón un vacío, un hambre de cariño que nada lograba calmar.
Un tarde pasaron frente a un pequeño bazar.
En la vitrina había una multitud de objetos: muñecas, pañuelos de vivos colores, cajitas de material diverso... Pero en el centro, atraía la atención una bandeja de terciopelo en la que brillaban varios anillos de fantasía.
-¡ Mira, Julio!  ¡ Qué lindos !  ¡Sobre todo ese con la piedrecita roja!
El la miró y sonrió con la paciencia tierna que se tiene con una niña caprichosa.
-¿ Quieres uno?  Entremos, entonces.
Paula, sin vacilar, pidió el anillo de imitación rubí.
-¡ Qué niña tan intuitiva!- observó la vendedora-  Parece que adivinó que ese anillo es mágico...
Julio la miró con fastidio:
- ¡Espero que no esté inventando ese cuento para subirle el precio!
La mujer se rió, pero en su boca se insinuó una mueca desdeñosa.
-No, de ningún modo. Solo estoy diciendo la verdad, pero la magia de ese anillo solo la perciben los verdaderos enamorados.
Molesto, Julio se volvió hacia Paula.
-¿ Te lo quieres probar?
Ella se lo puso  y sintió que resbalaba en su dedo con facilidad, pero luego le pareció que se apretaba de pronto, hasta casi hacerle daño.
No le dijo nada a Julio, por temor a que éste desistiera de comprárselo.
La piedra de imitación rubí lanzaba destellos como si llameara y parecía una joya de verdad.
Paula salió feliz del bazar y Julio no lamentó el gasto de unas pocas monedas. Al contrario, pensó que ese regalo la mantendría calmada unos días y a él lo liberaría de sus eternas exigencias de una muestra de amor.
Esa noche, Paula intentó sacarse el anillo, pero lo sintió tan ajustado en su dedo, que desistió de hacerlo y durmió con él.
No podía olvidar lo que había dicho la vendedora, que el anillo era mágico. ¿ Sería por eso que se había apretado tanto que ya no se lo podía quitar ?  ¿ Y si fuera un anillo que concedía los deseos  de quién lo llevaba?
Si así fuera , ella le pediría que Julio la amara como ella lo quería a él. Y que su amor durara para siempre...
Se durmió perdida en sus fantasías y al día siguiente despertó pensando en el anillo.
A la hora de la colación, salió presurosa de su oficina y se encaminó al bazar.
Acodada en el mostrador, estaba la vendedora.
-Señora- le pidió Paula, un poco avergonzada, temiendo que se riera de su ingenuidad- Quisiera que me explicara lo que dijo ayer sobre el anillo...Que es mágico...Se me ha apretado tanto que no me lo puedo sacar.
- Es cierto que es mágico, niña. Yo lo llamo El Anillo del Desamor.
- ¿ Y qué significa eso?
-Que no podrás quitártelo mientras el que te lo regaló te siga amando. Pero, si un día te traiciona, se soltará de tu dedo con total facilidad. Entonces sabrás que ya no te quiere.
Paula la miró asustada.
-Pero, ¿ de qué te preocupas? - se rió la vendedora- ¿ Acaso no estás segura de su amor?
Llévalo con toda confianza... y sé feliz....mientras puedas.
Esto último lo agregó con un dejo de crueldad que a Paula no le pasó desapercibido.
Salió del bazar intranquila.  Y todos los días, de ahí en adelante, se encontró  comprobando a cada instante si el anillo estaba más suelto en su dedo.  Si ya no se ajustaba tanto que le impidiera quitárselo...
Se serenaba al notar que nada había cambiado. Que seguía firmemente apretado a su piel. Y aunque  Julio era poco expresivo,  seguía yendo a esperarla cada tarde y le reiteraba su amor cada vez que lo interrogaba.
Hasta que empezó a notarlo diferente.
 Cuando buscaba su mirada, sus ojos rehuían los suyos y el mohín de fastidio aparecía con mayor frecuencia en sus labios, cuando  le preguntaba si la quería. 
-¡ Por favor, Paula ! ¿ No te demuestro de mil formas que te amo ?  ¿ No satisfago todos tus caprichos?   Ese anillo, por ejemplo...
En ese preciso instante, el anillo resbaló del dedo de Paula y cayó en la vereda, tintineando.
Ella se quedó inmóvil, mirándolo espantada.  Pero Julio se agachó a recogerlo y quiso volver a ponérselo.
Ella retrocedió con expresión acusadora y escondió  las manos tras la espalda, rehuyendo su contacto.  Estaba pálida y temblaba visiblemente.
-¿ Qué te pasa?  ¿ Por qué no quieres ponértelo?
-Ya no lo quiero, Julio. ¡ Quédate con él!
Y se alejó llorando, sin que él hiciera ademán de seguirla.
Se quedó parado en la esquina, dando vueltas el anillo entre sus dedos,  quizás preguntándose qué hacer con él. Pero, la piedra roja había dejado súbitamente de brillar. Ya no parecía un rubí auténtico, sino una brasa apagada bajo las cenizas. El anillo entero había perdido su esplendor.
Julio lo encontró deslucido y ordinario y lo arrojó a un charco que había en la cuneta.
Su nuevo amor era más exigente...¡ A ella tendría que regalarle una joya de verdad!



domingo, 30 de octubre de 2016

LA OTRA CIUDAD.

Joel iba manejando su modesto automóvil por una carretera secundaria, cuando al llegar a un cruce, vio que La Muerte venía en su Mercedes Benz, a toda velocidad, por la avda principal.
No hubo manera de evitar el choque.
Ya estaba muerto un segundo después de que el volante se le hubiera incrustado en las costillas.
Pero, alcanzó a oír un crujido como el que se produce al pisar una caja de fósforos vacía o una cáscara de huevo....Su corazón rechinó, borboteó, se saltó un par de latidos y después pareció decir: ¡ al diablo con todo! y se paró definitivamente.
Largo rato después, llegó la ambulancia y Joel vio a dos tipos fornidos llevarse en una camilla lo que quedaba de su cuerpo.
Se sentía liviano y fresco.
Comprendió que La Muerte le había quitado el envoltorio y había dejado su espíritu en contacto directo con el aire un poco frío de esa tarde de Otoño.
Como un caramelo al que se le saca el papel...
También había llegado un coche patrullero y por una hora hubo mucha actividad alrededor del árbol donde el auto de Joel permanecía incrustado.
El lo observaba todo desde el matorral tras el cual se había refugiado. No le cabía duda de que estaba muerto, pero no tenía ninguna pista acerca de lo que vendría a continuación...
¿ Qué hacían los muertos después que se morían?
Le resultaba sorprendente y bastante incómodo seguir sintiéndose vivo y no saber qué hacer ni a dónde ir.
Cuando todos se hubieron retirado, salió de su escondite y echó a andar por la carretera. Trató de hacer auto stop, pero nadie le hizo caso.
-¡ Está claro  que no me ven! - reflexionó Joel  y siguió caminando sin sentir ningún cansancio. ¡ Lo bueno de no tener cuerpo era que no le dolían los pies!
Al llegar a la ciudad, quedó sorprendido. No era la misma que había dejado por la mañana. Era una ciudad diferente, superpuesta sobre la otra. Coexistiendo en el mismo sitio, pero libre de las imposiciones del tiempo y del espacio.
Reconoció la calle por la que iba caminando y comprendió que se encontraba en el barrio de su infancia.
Enfiló rumbo a la casa donde había vivido con sus padres, aunque sabía de sobra que la habían demolido allá por los años ochenta...Pero de lejos la vio, flamante y como recién pintada. Siempre blanca y con sus persianas color marrón.
Se acercó emocionado y pensó en qué pasaría si tocaba el timbre. En ese instante, se abrió la puerta y salió su mamá. Llevaba un vestido de entre casa y apretaba en su mano la infaltable chaucherita de cuero sintético, siempre un poco vacía, a tono con los malos tiempos...
Al ver a Joel, exclamó, entre contenta y enojada:
-¡ Hijito !  No deberías estar aquí. ¡ Devuélvete por donde viniste!  Ya sabes que a tu papá no le gusta que dejes las cosas a medio hacer...Ni la vida a medio vivir.
-¡ Lo siento mamá!  Te aseguro que no fue culpa mía...¡ No me retes! ¡ Estoy tan contento de volver a verte !
    Su mamá lo besó enternecida y siguió caminando.
-¿ A donde vas, mamá?
-A comprar pan.
-¿ Y para qué ?   Se supone que ahora no comemos  ¿no?
-No es para nosotros, tontito. Es para las palomas.
-¿ Que aquí también hay palomas?
-¡ Claro que sí ! Esta es otra ciudad, pero el cielo es el mismo ¿ no ves?
Joel elevó la mirada por sobre los techos y vio el cielo azul salpicado de redondas nubecitas blancas, como si Dios hubiera sacado a pastar su rebaño de ovejas.
En la plaza, desmigaron el pan y de inmediato llegó una bandada de palomas, chocando entre ellas, dándose aletazos y subiendo a las mismas rodillas de su mamá.
-¡ Es evidente que ellas sí nos ven!- pensó Joel, ya más asimilado a su nueva situación.
Había varias personas sentadas en los bancos. Otros caminaban entre los árboles, conversando.
Por el medio de la plaza vieron llegar a su padre. No pareció muy sorprendido de ver a Joel.
-¡ Hola, hijo!- lo saludó con tono solemne y le estrechó la mano. Después señaló un tablero de ajedrez que llevaba bajo el brazo.
-Más tarde jugamos una partidita ¿ te parece ?
El campanario de la iglesia dio las siete, pero ninguno de ellos se movió.  Allí el tiempo no importaba. Nadie tenía apuro por ir a ninguna parte.
Se quedaron sentados tranquilamente, mirando como los últimos rayos del sol centelleaban sobre el agua de la pileta.
Los árboles parecían envueltos en una neblina de oro.