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Les doy la bienvenida a mi blog y les solicito encarecidamente que me dejen sus comentarios a mis entradas, pues su opinión es de gran valor para mí.



domingo, 10 de diciembre de 2017

AMOR GÓTICO.

Mariana tenía catorce años y Edmundo había sido su primer amor.
No le resultaría fácil olvidar al muchacho más guapo del Liceo... Su nombre, de personaje de novela romántica, todavía  hacía latir rápido su corazón, cuando lo susurraba por las noches,en la soledad de su dormitorio.
Pero él mismo le había suplicado que lo olvidara...Con los ojos húmedos, le había jurado que la quería, pero que el destino cruel hacía que su amor fuera imposible...
Al principio todo parecía perfecto. El no pasaba un día sin ir a verla al terminar las clases y le aseguraba que le faltaba el aire cuando no la tenía cerca.
A Mariana, lectora de cientos de novelas de amor, le parecían todas sosas comparada con el romance que estaba viviendo.
Pero,  un día cualquiera él empezó a cambiar.
Se notaba distraído y silencioso, como si algo le preocupara. Dejaba pasar varios días sin ir a verla y después no contestaba sus llamados.
Mariana empezó a angustiarse.
-¿ Qué te pasa, Edmundo?  ¿ Hice algo que te molestó?
-No, Mariana. No eres tú ¡ soy yo!
- ¿ Es que dejaste de quererme?
-¡ Al contrario! Nunca me había enamorado así... ¡No creí que existiera una chica como tú en el mundo!
- ¿ Entonces?
-Es precisamente porque te quiero tanto que me tengo que alejar de tí...
-¿ Qué pasa? ¿ Tienes algún problema?
-No me atrevo a decírtelo. ¡ No me vas a creer! Parece imposible en esta época en que vivimos...¡ Me tengo que alejar de ti porque estoy maldito!
Mariana empezó a reírse, creyendo que se trataba de una broma, pero Edmundo la miró con tal angustia, que la risa se le congeló en los labios.
-Sobre mi familia pesa una maldición de siglos -continuó él, con voz quebrada- Todos los hombres la van heredando...Y a mí me tocó también. En noches de luna llena siento una fuerza oscura que se apodera de mí...
-¿ Qué quieres decir?- preguntó Mariana, asustada.
-Que soy un Hombre Lobo ¿ comprendes?  Y si no me alejo de ti, terminaré por hacerte daño.
Se tapó la cara con las manos y se alejó corriendo. Desde la esquina le gritó:
-¡ No se lo digas a nadie, por favor!
Mariana se fue a su casa llorando y a nadie le contó su terrorífica experiencia...¡ El le había rogado que no lo delatara!
Nunca lo volvió a ver. Pero pensaba en él todo el tiempo. A veces, en noches de luna llena, creía escuchar el lejano aullido de un lobo y pensaba:  ¡ Es Edmundo! Sufre porque no puede acercarse a mí...
Seguro que solo se trataba de un perro vago que ladraba presintiendo un temblor, pero Mariana era una romántica incorregible.
Al año siguiente llegó al Liceo una niña nueva. Se llamaba Paulina y casi de inmediato se hicieron amigas.
Paulina era muy reservada y cuando tocaban el tema del amor, ponía una cara triste y cambiaba de tema.
Mariana, intrigada, terminó por preguntarle si había sufrido una desilusión.
-No puedo hablar...Es un secreto que no me pertenece- suspiró Paulina- ¡ El me rogó que no le contara a nadie...!
Sobresaltada por un lejano recuerdo, Mariana aguzó el oído.
-Al principio creí que había dejado de quererme- continuó Paulina- Pero me aseguró que no, que estaba enamorado como nunca antes...Pero que teníamos que separarnos, porque su familia tenía una maldición que arrastraba por generaciones...
Mariana se había puesto roja, en seguida pálida y después roja, otra vez. Fogonazos de rabia y de humillación  se alternaban en su cara.
Paulina, sin darse cuenta, continuaba hablando, con los ojos inundados de lágrimas.
-Me dijo que tenía miedo de hacerme daño. En las noches sentía que una fuerza oscura se apoderaba de él y sabía  que aunque luchara contra la maldición, terminaría convirtiéndose...
-¡ En lobo! - completó Mariana, sin poder controlarse.
-¿ En lobo?  ¡ No!  ¿ Como se te ocurrió eso?  ¡ Tenía miedo de convertirse en vampiro!
¡ Ah!  Esa vez la cosa iba con vampiros , pensó Mariana, sarcástica  ¡ Resultó innovador, el muy canalla! 
La ira le hervía en el pecho, como la lava de un volcán.
-Me pidió que lo olvidara- suspiró Paulina-Pero ¡ no puedo! En las noches me duermo repitiendo su nombre...
-¡ Edmundo!- dijo Mariana, sin darse cuenta.
-¿ Como lo sabes?  ¿ Acaso lo conoces?
-¡ No!  ¡ Como se te ocurre! Se me vino a la mente, por la novela que estoy leyendo : El Conde de Montecristo. ¡ Qué coincidencia! ¿ Verdad?




domingo, 3 de diciembre de 2017

EL HADA DE LOS RECUERDOS.

Mariana había ido a pasar unos días a la casa de su prima Carmen.
Eran los últimos días del verano. A menudo amanecía nublado y el mar se veía gris y pesado como un animal que duerme.
Al segundo día de su estadía supo que había otra persona alojando en la casa.
Era una anciana de cabellos blancos y Carmen se la presentó como una amiga de su mamá.
Estaba tejiendo al lado de la ventana y le sonrió a Mariana con amabilidad.
- Me llamo Adela y dime así. No me digas señora, porque me haces más vieja...
Después del té se retiró a su dormitorio y le dijo a Mariana:
-Puedes venir a acompañarme cuando quieras.
 Al día siguiente, al no verla en el comedor, fue a golpear a su puerta.
Una voz jovial la invitó a entrar y Mariana se encontró en una habitación pequeña, iluminada por un pálido sol.
La anciana estaba sentada en un sillón con las rodillas envueltas en una frazada. 
Después de charlar un rato, Mariana se paró y se acercó a una puerta que había en el fondo de la habitación. 
- Y esta puerta ¿ a donde conduce?
-¡Ah!  exclamó la señora con una sonrisa misteriosa- ¡ Esa puerta conduce a los recuerdos!
-¿ Quiere decir que ahí guarda  fotografías y cartas antiguas?
-No- Quiero decir lo que he dicho. Que si entras ahí podrás revivir los recuerdos que tú elijas.
Mariana la miró dudosa, creyendo que la anciana se burlaba.
-¡ Qué!  - insistió ella- ¿ Acaso no tienes algún recuerdo especial  que te gustaría revivir?
-¡ Sí!  -exclamó Mariana- Hay un día que considero el más feliz de mi vida. Vivía con mis padres en el campo y de pronto empezó a nevar...Fue la primera vez que vi la nieve.
-Entonces, entra- dijo la señora y cogiendo una llave que guardaba en una caja, abrió la puerta.
Una bocanada de aire frío golpeó la cara de Mariana y se encontró en el jardín de la casa de sus padres. Una fina capa de nieve cubría los arbustos  y todo estaba quieto y silencioso, como si el campo durmiera.
Su mamá se tomó del brazo de su padre y fueron juntos a ver los limoneros. Mariana entró a la casa a buscar tazas y platitos. Le echó un poco de azúcar  la nieve y sirvió helados para sus muñecas.
Empezó a nevar de nuevo y era como si finas plumas cayeran desde el cielo.
-¡ Los ángeles están peinando sus alas!- gritó Mariana.
Sus padres le sonreían y aunque tenía solo seis años, ella sintió que ese día maravilloso no volvería jamás.
 Adela la esperaba en la puerta del cuarto y cuando ella hubo salido, cerró la puerta con llave.
-¡Prométeme que nunca entrarás sola!  Solo yo  puedo controlar la magia de los recuerdos.  Y no se lo cuentes a nadie. Es un secreto entre las dos.
Un año después, Mariana volvió a la casa de Carmen.
-Y la señora Adela ¿ Ya no se encuentra aquí?
-No- respondió su prima- Hace tiempo que se fue. Pero he dejado su dormitorio intacto, porque pienso que un día puede volver...
Esa tarde, Mariana fue al dormitorio de la anciana.  Todo estaba igual y le pareció que aún flotaba en el aire el perfume que ella usaba.
La llave estaba donde mismo.
Sin vacilar, Mariana abrió la puerta, queriendo volver a revivir aquel recuerdo tan querido.
Pero la recibió un calor pesado de verano y se encontró en el cementerio de su pueblo.  Estaba vestida de luto, junto a las tumbas de sus padres que habían muerto juntos en un accidente  de carretera.
Era el día más triste de su vida. Ese día había quedado sola, inerme frente al mundo, privada del único amor verdadero que había conocido.  Era su recuerdo más penoso, el que había luchado por apartar de su memoria.
Salió corriendo del cuarto. Sus sollozos atrajeron a Carmen, que la abrazó consternada, sin saber qué le pasaba.
-Los recuerdos....La habitación de los recuerdos...- gemía Mariana, sin explicarle nada.
Al fin, logró que se serenara.
Sin hablar, Mariana la tomó de la mano y la llevó al dormitorio de la señora Adela.
-Es esa puerta...Pero, ¿ como no sabes si ésta es tu casa?
-Es que esa puerta no conduce a ninguna habitación. ¡Mira!
Y tomando el picaporte, la abrió sin esfuerzo.

 Se encontraron en el patio trasero de la casa. El sol doraba las matas de rododendro y desde lejos llegaba el rumor del mar.


domingo, 26 de noviembre de 2017

LLUVIA NOCTURNA.

Habían cenado en silencio. Silvia lo había mirado varias veces, furtivamente y casi no había comido nada. Mientras, Marcos pensaba en Verónica. Sabía que ella esperaba verlo esa noche y no se le ocurría ningún pretexto para salir.
Mientras Silvia retiraba los platos, se sentó en el sillón, con un vaso de whisky en la mano.
De pronto, la vio parada frente a él.
- ¿Qué pasa?
-¿ Qué podría pasar?- preguntó ella con amargura- Pasa que te vieron con otra mujer.  ¡ Ahora entiendo tu frialdad! ¡ Ojalá hubieras sido más sincero!
-Está bien, es cierto. Ya me cansé de decir mentiras...
-¿ La quieres al menos?
-No sé, no estoy seguro.
Silvia continuó recogiendo los platos y los llevó a la cocina. El ruido del agua del fregadero no lograba apagar sus sollozos.
Marcos miró el reloj. Eran las 21 y 15. Verónica lo estaría esperando. Tal vez pensaría que se había arrepentido...
Se levantó del sillón y se puso el abrigo que colgaba cerca de la puerta. No supo si Silvia lo había oído salir.
El fogonazo de un relámpago y el lejano retumbar del trueno lo sobresaltaron. Empezó a llover copiosamente.
Marcos corrió a detener un taxi.
Al llegar al departamento de Verónica escuchó música y el ruido de varias personas que gritaban y se reían. Ella le salió a abrir con un vaso en la mano.
-¡Marcos!  ¡ Llegaste!  - exclamó eufórica y se le colgó del cuello. A su espalda, varias parejas bailaban y Verónica seguía el ritmo de la música con las caderas, sin dejar de abrazarlo.
-¿Qué es ésto? -preguntó él, disgustado- Creí que estaríamos solos...
-No seas, tontito, mi amor. Son todos amigos. ¡ Ven!  ¡ Vamos a divertirnos un poco!
Bailando, lo arrastró al medio de la habitación, pero él retrocedió enojado.
Otro hombre se acercó a ella y sin mirar a Marcos, la enlazó por la cintura. Ella se apegó a su cuerpo, sin dejar de reírse tontamente. Era evidente que estaba ebria.
Marcos sintió una amarga decepción. Le pareció que estaba frente a una extraña. 
La música estridente le crispaba los nervios.
Las parejas seguían bailando y nadie notó que Marcos se dirigía a la puerta. Descolgó del perchero su abrigo y salió sin despedirse.
Lo único que quería era un poco de silencio y paz. ¡ Regresar al lado de Silvia y pedirle perdón, si es que aún era tiempo!
Llovía a cántaros y los faldones del abrigo mojado se le enredaban en las piernas.
Ya en el departamento, volvió a sentarse en el sillón. Instintivamente miró la hora. ¿ Como?
Eran las 21,20...Sólo habían trascurrido cinco minutos desde que salió. En la cocina, Silvia terminaba de ordenar la vajilla.
Marcos vio que aún sostenía en su mano el vaso a medio llenar y comprendió que todo había sido un sueño. ¿ Una advertencia tal vez de lo que habría sido su vida junto a Verónica?
Entró a la cocina y rodeó a Silvia con sus brazos.
-¡ No llores, mi amor! He sido un tonto...
Ella dejó de llorar y apretó la frente contra su pecho.
¿ Un sueño? ¿ Una alucinación?

Sin embargo, allí en el perchero, Marcos vio su abrigo empapado que goteaba sobre el parqué. 


sábado, 18 de noviembre de 2017

FANTASMAS ENAMORADOS.

Jorge se aprestaba a apagar la luz y arrebujarse en las frazadas, cuando vio a un hombre en su dormitorio.
Aterrado, asumió que era un ladrón y tiritando, le alargó el celular y la billetera que estaban sobre el velador.
El extraño se rió por lo bajo y sin hacerle caso, se sentó en el borde de la cama.
Jorge notó que vestía una especie de túnica algo andrajosa y comprendió que se trataba de un fantasma. A través de su cuerpo se veían los muebles de la habitación y la perilla de la puerta brillaba a la altura de su pecho, como si tuviera una ampolleta encendida en el corazón.
Esta comprobación lo tranquilizó de inmediato. Hacía tiempo ya que le tenía más miedo a los vivos que a los muertos.
-¿ Se puede saber con quién tengo el gusto...?- le preguntó educadamente.
El fantasma suspiró y al principio no contestó nada.  Su mirada se deslizaba por el cuarto, como tomando nota de todos los detalles.
-Soy Sebastián- dijo al fin, con melancolía-  Viví aquí hace mucho tiempo...Está todo igual. Esa mancha de humedad en el rincón está más grande, eso sí. Se ve que no has llamado al plomero...
Molesto por el reproche, Jorge abandonó su cortesía.
-A decir verdad, estaba por dormirme...Si no te molesta...
-Duerme no más. Yo te acompaño.
-¿No podrías irte, mejor?
-Lo siento. No me puedo ir. Estoy esperando a alguien.
-¿ A quién, si puede saberse?
-A Paulina. Vivimos juntos aquí hace muchos años. ¡ Eramos tan felices!  Cuando yo morí, ella dejó esta casa porque no podía soportar los recuerdos...
Jorge se sentó en la cama, interesado a su pesar. Después de todo, sólo posaba de cínico, pero en el fondo era un romántico.
-La he venido a esperar aquí- continuó el visitante- porque sé que cuando llegue su hora, ella vendrá a buscarme a la que fue nuestra casa...
Jorge lo pensó mejor y abandonó el sentimentalismo. No se halló capaz de soportar a dos fantasmas en sucasa. Con uno bastaba para tener insomnio.
Decidió desalentarlo para que se fuera.
-Y ¿ no has pensado que en todos estos años ella pudo haberte olvidado y haberse enamorado de otro?
-¡ No! ¡ Eso jamás!  Nuestro amor era indestructible. ¿ Qué puedes saber del Amor tú, que estás acostumbrado a hacer citas por internet y a cambiar de pareja como de calcetines?
-Lo que pasa es que tú te moriste demasiado joven y no alcanzaste a conocer la falsedad de las mujeres.
El fantasma de Sebastián lo miró entre enojado y dolido, pero no se movió.
-¡ Bueno!  Quédate a esperarla, si quieres. Pero, te advierto que será inútil...Y no me hables más, porque tengo sueño.
Se abrigó con la frazada y se volvió contra la pared.
A la mañana siguiente, no vio a nadie en el dormitorio y respiró aliviado.
Poco le duró la tranquilidad, porque en la noche lo despertaron profundos suspiros que venían del sillón al lado de su cama.
-¡ Vaya! Tú, de nuevo, Sebastián...No te cansas ¿ verdad?  Ya te convencerás de que Paulina te olvidó hace tiempo y que, cuando llegue su hora, como dices tú, será con otro con quién correrá a encontrarse...
Y así, noche tras noche, Jorge se dedicó a socavar las ilusiones del fantasma. A  ratos burlándose de su ingenuidad, a ratos aconsejándolo como amigo...La cosa era librarse de él de una vez por todas.   Además que, por supuesto, no creía en la fidelidad de Paulina ¡ No conocería él a las mujeres, háganme el favor...!
Con el paso de las semanas, Jorge notó que su táctica destructora de la confianza de Sebastián empezaba a dar frutos.
De veía cada vez más alicaído. Si no hubiera estado ya muerto , podría haberse dicho que estaba enfermo...Incluso iba perdiendo consistencia. Si antes era casi transparente, ahora no tenía contornos. A veces parecía solo un jirón de humo flotando en la habitación.
Hasta que un día, después de exhalar un profundo suspiro, se desvaneció.
Jorge no cabía en sí de contento. ¡ Por fin se había librado de su fastidiosa presencia! 
Durmió sin sobresaltos y al otro día anduvo de buen genio, silbando entre dientes una cancioncita...
No le duró mucho la alegría.
Dos noches después, cuando ya se estaba quedando dormido, sintió una presencia extraña en el dormitorio.
Abrió los ojos sobresaltado. Sobre él se inclinaba el fantasma de una mujer, que le preguntaba ansiosamente:

-¿ Habrá venido Sebastián por aquí?


domingo, 12 de noviembre de 2017

LA VIDA EN TRES MINUTOS.

Laura estaba en su cama, durmiendo, y soñaba que algo terrible le iba a pasar.
Una bomba iba a estallar en el lugar en que se encontraba y alguien le gritaba:
- ¡ Corre!  ¡ Corre!  ¡ Solo tienes tres minutos para salvarte!
Y Laura corría despavorida, por una calle oscura en la que no había nadie más.
Despertó gritando y su mamá entró asustada al dormitorio.
-Laura ¿ qué tienes?  ¿ Te duele algo?
-No, mamá. Fue solo una pesadilla.
Se recobró con esfuerzo y, todavía temblando, saltó de la cama para vestirse e ir al Colegio.
Ese día, las horas que generalmente se arrastraban monótonas, trascurrieron demasiado rápidas...Porque en la cuarta hora tendrían Prueba de Física.  Muchos estaban nerviosos y repasaban la materia a última minuto.
Laura había estudiado y se sentía segura de dominar los temas. Pero cuando la prueba empezó, vio frente a ella la página en blanco y no pudo escribir nada.  Sentía que, quizás a consecuencias de la pesadilla, su mente no lograba recordar ni una línea de lo estudiado.
Vio como otros terminaban antes y entregaban la prueba satisfechos. Miró la hora, preocupada. Ya casi no quedaba nadie escribiendo.
El profesor les advirtió:
-¡ Se acaba el tiempo! ¡ Solo quedan tres minutos!
Tres minutos....Laura se acordó del grito que había escuchado en su pesadilla...
Se venció el plazo y el profesor pasó a su lado, recogiendo las hojas de los rezagados. Al ver la prueba de Laura, sin ninguna pregunta contestada se sorprendió.
-Pero,Laura. ¡ Tú que eres tan estudiosa.¿ Qué te pasó ahora?
 No respondió y agachó la cabeza, humillada.
Salió a la calle y estuvo un rato vagando, sin resolverse a volver a su casa.
Cuando abrió la puerta, su mamá la miró entre asustada y molesta.
-Laura ¡ por Dios!  ¿ Donde estabas?  Me tenías inquieta...
Laura miró su reloj.
-Pero, ¿ acaso no almorzamos a las dos?  ¡ Solo me he atrasado tres minutos!
Se fue a su dormitorio, cerrando la puerta con violencia.
Una y otra vez, esos " tres minutos" se repetían.  Pensó que a veces tres minutos pueden ser muy importantes en la vida de las personas y se avergonzó de haberle contestado mal a su mamá.
Toda la tarde la pasó encerrada en su dormitorio, sin apetito para almorzar y con dolor de cabeza.
Una y otra vez repasaba en su mente las preguntas de la prueba de Física. se daba cuenta que las sabía todas y sin embargo, no había podido contestar. Su mente había quedado embotada después de sufrir esa pesadilla.
Decidió salir a tomar aire, y montando su bicicleta fue pedaleando por la avenida principal.
Seguramente el aire fresco del atardecer le quitaría el dolor de cabeza.
Se lanzó a toda velocidad por la boca calle, sin mirar a ningún lado. Hubo un chirrido de frenos y un golpe brutal. La bicicleta quedó destrozada al borde de la acera. Una de las ruedas seguía girando, inútilmente.
La ambulancia tardó mucho en llegar.
Cuando por fin llegaron los enfermeros, con una camilla y un balón de oxígeno, se escuchó una voz acusadora que brotaba de la multitud.

-Ya no vale la pena que se apuren...¡ Si hubieran llegado antes!... ¡ Murió hace tres minutos! 


domingo, 5 de noviembre de 2017

EL ANGEL QUE LEIA NOVELAS.

Mariela salió temprano a comprar pan para el desayuno y al pasar frente al departamento de la señora Matilde, le pareció escuchar un rumor de llanto.  Primero pensó que era el gato que maullaba, pero luego se convenció que había alguien llorando sin consuelo. Y no podía ser otra persona que la viejecita, que vivía sola desde su viudez.
Mariela se quedó inmóvil, escuchando, sin saber qué hacer.
Pero se le ocurrió una idea y tocó el timbre. El llanto cesó y se convirtió en suspiros. Por fin se abrió la puerta.
-Señora Matilde, buenos días- dijo Mariela amablemente- Voy a comprar al supermercado y se me ocurrió que usted podría necesitar algo ...
La anciana se quedó pensativa y se llevó la mano al pecho, como si fuera a sacar de ahí alguna lista de compras.
-Solo me hace falta té,  si no fuera una molestia...
Mariela partió a comprar feliz de haber podido ayudarla en algo sin entrometerce en el motivo de su pena.
Al entregarle el paquete, la señora la invitó a pasar.
En un sillón algo raído, ronroneaba un gato de color gris.  Al escuchar voces, abrió un ojo,  luego lo cerró y se acomodó en los cojines con aire displicente.  Mariela pensó que no existen animales más petulantes y pagados de sí mismos que los gatos.
La señora Matilde la invitó a tomar una taza de té y mientras la paladeaban, Mariela sintió que habían entrado en confianza.
-Señora Matilde, hace un rato la escuché llorar...Si pudiera ayudarla en algo...
La viejecita suspiró y respondió en voz baja:
  -La verdad es que me siento muy sola porque hace días que el ángel no viene a leerme.
-¿ Un ángel, dice usted?
-Claro, del Servicio Social. De esos que le leen a la gente mayor, cuando está corta de vista...
-Pero ¿ es de verdad un ángel?
-Sí, aquí se saca el abrigo y despliega sus alas, que las trae acalambradas de tanto llevarlas encogidas.  Porque en la calle, no puede mostrarlas ¡ claro! Lo llevarían detenido por alterar el orden público...
Mariela la escuchaba atónita y con la insolencia de su juventud, pensaba: Esta vieja está loca.
-¿ Y dice que es del Servicio Social?- le preguntó para disimular su ecepticismo.
-¡ Claro!  Del Servicio Social Celestial. El Señor los manda a la tierra para acompañar a la gente que está sola. Ellos averiguan las necesidades de una...Y a mi me gusta mucho leer, pero ya los ojos me sirven de muy poco... Me estaba leyendo David Copperfield, que es una novela que me encanta.
Mariela se quedó sin habla y la viejecita ahogó un suspiro. Pero de pronto se le iluminó la cara de esperanza y exclamó:
-Me dejó un número telefónico, por si tenía alguna emergencia. Si fuera tan amable y me lo marcara...
Mariela lo marcó sin poder disimular su incredulidad, y para su asombro, escuchó una cortina musical y luego una voz armoniosa que decía:
" Si desea obtener informes de algún residente del cielo, marque uno.
" Si desea contactarse con el Servicio Social Celestial, marque dos. Un ángel atenderá su consulta.
Sin dudarlo, Mariela marcó el número dos y otra voz más dulce aún que la primera, le informó:
" Nuestros ángeles se encuentran ocupados. Por favor, espere en línea.
 Se tomaron otras dos tazas de té, sin haber logrado comunicarse con el Cielo.
-No se preocupe, Marielita- dijo la anciana, ya más consolada-Estoy segura que uno de estos días mi ángel va a volver y continuaremos leyendo. ¡ Me ha servido tanto que usted me viniera a acompañar!
Se notaba que le había hecho bien desahogarse con alguien y Mariela se fue contenta de haberle podido ayudar.
Días después, se vio que las cosas volvían a la normalidad.
Al partir temprano a su trabajo, Mariela vio que alguien tocaba el timbre de la señora Matilde. Era un joven alto, vestido con un largo abrigo y sosteniendo en la mano un maletín.
Llevaba un gran sombrero que le cubría el pelo y parte de la cara, pero destellos luminosos surgían bajo el ala, como si ocultara unos mechones dorados que pugnaran por escapar.
En su espalda había un bulto sospechoso, aprisionado por la tela del abrigo. No cabía duda de que eran unas alas .
La puerta se abrió y una exclamación de la señora Matilde le confirmó a Mariela que el ángel había vuelto.

Se sintió tranquila, pero al cabo de unos días, empezó a lamentar no haber anotado aquel número telefónico...Pero se consoló pensando que de seguro le habría contestado aquella cortina musical y aunque hubiera marcado cien veces, siempre habría quedado " esperando en línea".