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Les doy la bienvenida a mi blog y les solicito encarecidamente que me dejen sus comentarios a mis entradas, pues su opinión es de gran valor para mí.



sábado, 18 de noviembre de 2017

FANTASMAS ENAMORADOS.

Jorge se aprestaba a apagar la luz y arrebujarse en las frazadas, cuando vio a un hombre en su dormitorio.
Aterrado, asumió que era un ladrón y tiritando, le alargó el celular y la billetera que estaban sobre el velador.
El extraño se rió por lo bajo y sin hacerle caso, se sentó en el borde de la cama.
Jorge notó que vestía una especie de túnica algo andrajosa y comprendió que se trataba de un fantasma. A través de su cuerpo se veían los muebles de la habitación y la perilla de la puerta brillaba a la altura de su pecho, como si tuviera una ampolleta encendida en el corazón.
Esta comprobación lo tranquilizó de inmediato. Hacía tiempo ya que le tenía más miedo a los vivos que a los muertos.
-¿ Se puede saber con quién tengo el gusto...?- le preguntó educadamente.
El fantasma suspiró y al principio no contestó nada.  Su mirada se deslizaba por el cuarto, como tomando nota de todos los detalles.
-Soy Sebastián- dijo al fin, con melancolía-  Viví aquí hace mucho tiempo...Está todo igual. Esa mancha de humedad en el rincón está más grande, eso sí. Se ve que no has llamado al plomero...
Molesto por el reproche, Jorge abandonó su cortesía.
-A decir verdad, estaba por dormirme...Si no te molesta...
-Duerme no más. Yo te acompaño.
-¿No podrías irte, mejor?
-Lo siento. No me puedo ir. Estoy esperando a alguien.
-¿ A quién, si puede saberse?
-A Paulina. Vivimos juntos aquí hace muchos años. ¡ Eramos tan felices!  Cuando yo morí, ella dejó esta casa porque no podía soportar los recuerdos...
Jorge se sentó en la cama, interesado a su pesar. Después de todo, sólo posaba de cínico, pero en el fondo era un romántico.
-La he venido a esperar aquí- continuó el visitante- porque sé que cuando llegue su hora, ella vendrá a buscarme a la que fue nuestra casa...
Jorge lo pensó mejor y abandonó el sentimentalismo. No se halló capaz de soportar a dos fantasmas en sucasa. Con uno bastaba para tener insomnio.
Decidió desalentarlo para que se fuera.
-Y ¿ no has pensado que en todos estos años ella pudo haberte olvidado y haberse enamorado de otro?
-¡ No! ¡ Eso jamás!  Nuestro amor era indestructible. ¿ Qué puedes saber del Amor tú, que estás acostumbrado a hacer citas por internet y a cambiar de pareja como de calcetines?
-Lo que pasa es que tú te moriste demasiado joven y no alcanzaste a conocer la falsedad de las mujeres.
El fantasma de Sebastián lo miró entre enojado y dolido, pero no se movió.
-¡ Bueno!  Quédate a esperarla, si quieres. Pero, te advierto que será inútil...Y no me hables más, porque tengo sueño.
Se abrigó con la frazada y se volvió contra la pared.
A la mañana siguiente, no vio a nadie en el dormitorio y respiró aliviado.
Poco le duró la tranquilidad, porque en la noche lo despertaron profundos suspiros que venían del sillón al lado de su cama.
-¡ Vaya! Tú, de nuevo, Sebastián...No te cansas ¿ verdad?  Ya te convencerás de que Paulina te olvidó hace tiempo y que, cuando llegue su hora, como dices tú, será con otro con quién correrá a encontrarse...
Y así, noche tras noche, Jorge se dedicó a socavar las ilusiones del fantasma. A  ratos burlándose de su ingenuidad, a ratos aconsejándolo como amigo...La cosa era librarse de él de una vez por todas.   Además que, por supuesto, no creía en la fidelidad de Paulina ¡ No conocería él a las mujeres, háganme el favor...!
Con el paso de las semanas, Jorge notó que su táctica destructora de la confianza de Sebastián empezaba a dar frutos.
De veía cada vez más alicaído. Si no hubiera estado ya muerto , podría haberse dicho que estaba enfermo...Incluso iba perdiendo consistencia. Si antes era casi transparente, ahora no tenía contornos. A veces parecía solo un jirón de humo flotando en la habitación.
Hasta que un día, después de exhalar un profundo suspiro, se desvaneció.
Jorge no cabía en sí de contento. ¡ Por fin se había librado de su fastidiosa presencia! 
Durmió sin sobresaltos y al otro día anduvo de buen genio, silbando entre dientes una cancioncita...
No le duró mucho la alegría.
Dos noches después, cuando ya se estaba quedando dormido, sintió una presencia extraña en el dormitorio.
Abrió los ojos sobresaltado. Sobre él se inclinaba el fantasma de una mujer, que le preguntaba ansiosamente:

-¿ Habrá venido Sebastián por aquí?


domingo, 12 de noviembre de 2017

LA VIDA EN TRES MINUTOS.

Laura estaba en su cama, durmiendo, y soñaba que algo terrible le iba a pasar.
Una bomba iba a estallar en el lugar en que se encontraba y alguien le gritaba:
- ¡ Corre!  ¡ Corre!  ¡ Solo tienes tres minutos para salvarte!
Y Laura corría despavorida, por una calle oscura en la que no había nadie más.
Despertó gritando y su mamá entró asustada al dormitorio.
-Laura ¿ qué tienes?  ¿ Te duele algo?
-No, mamá. Fue solo una pesadilla.
Se recobró con esfuerzo y, todavía temblando, saltó de la cama para vestirse e ir al Colegio.
Ese día, las horas que generalmente se arrastraban monótonas, trascurrieron demasiado rápidas...Porque en la cuarta hora tendrían Prueba de Física.  Muchos estaban nerviosos y repasaban la materia a última minuto.
Laura había estudiado y se sentía segura de dominar los temas. Pero cuando la prueba empezó, vio frente a ella la página en blanco y no pudo escribir nada.  Sentía que, quizás a consecuencias de la pesadilla, su mente no lograba recordar ni una línea de lo estudiado.
Vio como otros terminaban antes y entregaban la prueba satisfechos. Miró la hora, preocupada. Ya casi no quedaba nadie escribiendo.
El profesor les advirtió:
-¡ Se acaba el tiempo! ¡ Solo quedan tres minutos!
Tres minutos....Laura se acordó del grito que había escuchado en su pesadilla...
Se venció el plazo y el profesor pasó a su lado, recogiendo las hojas de los rezagados. Al ver la prueba de Laura, sin ninguna pregunta contestada se sorprendió.
-Pero,Laura. ¡ Tú que eres tan estudiosa.¿ Qué te pasó ahora?
 No respondió y agachó la cabeza, humillada.
Salió a la calle y estuvo un rato vagando, sin resolverse a volver a su casa.
Cuando abrió la puerta, su mamá la miró entre asustada y molesta.
-Laura ¡ por Dios!  ¿ Donde estabas?  Me tenías inquieta...
Laura miró su reloj.
-Pero, ¿ acaso no almorzamos a las dos?  ¡ Solo me he atrasado tres minutos!
Se fue a su dormitorio, cerrando la puerta con violencia.
Una y otra vez, esos " tres minutos" se repetían.  Pensó que a veces tres minutos pueden ser muy importantes en la vida de las personas y se avergonzó de haberle contestado mal a su mamá.
Toda la tarde la pasó encerrada en su dormitorio, sin apetito para almorzar y con dolor de cabeza.
Una y otra vez repasaba en su mente las preguntas de la prueba de Física. se daba cuenta que las sabía todas y sin embargo, no había podido contestar. Su mente había quedado embotada después de sufrir esa pesadilla.
Decidió salir a tomar aire, y montando su bicicleta fue pedaleando por la avenida principal.
Seguramente el aire fresco del atardecer le quitaría el dolor de cabeza.
Se lanzó a toda velocidad por la boca calle, sin mirar a ningún lado. Hubo un chirrido de frenos y un golpe brutal. La bicicleta quedó destrozada al borde de la acera. Una de las ruedas seguía girando, inútilmente.
La ambulancia tardó mucho en llegar.
Cuando por fin llegaron los enfermeros, con una camilla y un balón de oxígeno, se escuchó una voz acusadora que brotaba de la multitud.

-Ya no vale la pena que se apuren...¡ Si hubieran llegado antes!... ¡ Murió hace tres minutos! 


domingo, 5 de noviembre de 2017

EL ANGEL QUE LEIA NOVELAS.

Mariela salió temprano a comprar pan para el desayuno y al pasar frente al departamento de la señora Matilde, le pareció escuchar un rumor de llanto.  Primero pensó que era el gato que maullaba, pero luego se convenció que había alguien llorando sin consuelo. Y no podía ser otra persona que la viejecita, que vivía sola desde su viudez.
Mariela se quedó inmóvil, escuchando, sin saber qué hacer.
Pero se le ocurrió una idea y tocó el timbre. El llanto cesó y se convirtió en suspiros. Por fin se abrió la puerta.
-Señora Matilde, buenos días- dijo Mariela amablemente- Voy a comprar al supermercado y se me ocurrió que usted podría necesitar algo ...
La anciana se quedó pensativa y se llevó la mano al pecho, como si fuera a sacar de ahí alguna lista de compras.
-Solo me hace falta té,  si no fuera una molestia...
Mariela partió a comprar feliz de haber podido ayudarla en algo sin entrometerce en el motivo de su pena.
Al entregarle el paquete, la señora la invitó a pasar.
En un sillón algo raído, ronroneaba un gato de color gris.  Al escuchar voces, abrió un ojo,  luego lo cerró y se acomodó en los cojines con aire displicente.  Mariela pensó que no existen animales más petulantes y pagados de sí mismos que los gatos.
La señora Matilde la invitó a tomar una taza de té y mientras la paladeaban, Mariela sintió que habían entrado en confianza.
-Señora Matilde, hace un rato la escuché llorar...Si pudiera ayudarla en algo...
La viejecita suspiró y respondió en voz baja:
  -La verdad es que me siento muy sola porque hace días que el ángel no viene a leerme.
-¿ Un ángel, dice usted?
-Claro, del Servicio Social. De esos que le leen a la gente mayor, cuando está corta de vista...
-Pero ¿ es de verdad un ángel?
-Sí, aquí se saca el abrigo y despliega sus alas, que las trae acalambradas de tanto llevarlas encogidas.  Porque en la calle, no puede mostrarlas ¡ claro! Lo llevarían detenido por alterar el orden público...
Mariela la escuchaba atónita y con la insolencia de su juventud, pensaba: Esta vieja está loca.
-¿ Y dice que es del Servicio Social?- le preguntó para disimular su ecepticismo.
-¡ Claro!  Del Servicio Social Celestial. El Señor los manda a la tierra para acompañar a la gente que está sola. Ellos averiguan las necesidades de una...Y a mi me gusta mucho leer, pero ya los ojos me sirven de muy poco... Me estaba leyendo David Copperfield, que es una novela que me encanta.
Mariela se quedó sin habla y la viejecita ahogó un suspiro. Pero de pronto se le iluminó la cara de esperanza y exclamó:
-Me dejó un número telefónico, por si tenía alguna emergencia. Si fuera tan amable y me lo marcara...
Mariela lo marcó sin poder disimular su incredulidad, y para su asombro, escuchó una cortina musical y luego una voz armoniosa que decía:
" Si desea obtener informes de algún residente del cielo, marque uno.
" Si desea contactarse con el Servicio Social Celestial, marque dos. Un ángel atenderá su consulta.
Sin dudarlo, Mariela marcó el número dos y otra voz más dulce aún que la primera, le informó:
" Nuestros ángeles se encuentran ocupados. Por favor, espere en línea.
 Se tomaron otras dos tazas de té, sin haber logrado comunicarse con el Cielo.
-No se preocupe, Marielita- dijo la anciana, ya más consolada-Estoy segura que uno de estos días mi ángel va a volver y continuaremos leyendo. ¡ Me ha servido tanto que usted me viniera a acompañar!
Se notaba que le había hecho bien desahogarse con alguien y Mariela se fue contenta de haberle podido ayudar.
Días después, se vio que las cosas volvían a la normalidad.
Al partir temprano a su trabajo, Mariela vio que alguien tocaba el timbre de la señora Matilde. Era un joven alto, vestido con un largo abrigo y sosteniendo en la mano un maletín.
Llevaba un gran sombrero que le cubría el pelo y parte de la cara, pero destellos luminosos surgían bajo el ala, como si ocultara unos mechones dorados que pugnaran por escapar.
En su espalda había un bulto sospechoso, aprisionado por la tela del abrigo. No cabía duda de que eran unas alas .
La puerta se abrió y una exclamación de la señora Matilde le confirmó a Mariela que el ángel había vuelto.

Se sintió tranquila, pero al cabo de unos días, empezó a lamentar no haber anotado aquel número telefónico...Pero se consoló pensando que de seguro le habría contestado aquella cortina musical y aunque hubiera marcado cien veces, siempre habría quedado " esperando en línea". 


domingo, 29 de octubre de 2017

NOCHE DE HALLOWEEN.

Rubén y sus amigos no tenían ningún proyecto para la Noche de Halloween.
Año tras año se habían disfrazado de zombies, que era lo más barato, e ido a bailar a la discoteca.
¡ Qué fome!  ¡Esta vez querían probar algo nuevo!
Entonces fue cuando a Nestor, el más ocurrente del grupo, se le ocurrió que hicieran una apuesta. ¡ Y el que perdiera, tendría que pasar la noche en el cementerio!
Cortaron cinco pajitas de distintos largo...y por supuesto, a Rubén le tocó la más corta.  ¡Cuando no!  Si siempre había tenido tan mala suerte...
Se arrepentía amargamente de haber aceptado la idea, pero ya era tarde. Sobre todo porque al notar su vacilación, los demás se pusieron a aletear y a cacarear como gallinas...
¡ Apuesto a que te desmayas de miedo!- lo desafió Nestor con una carcajada.
Lo fueron a dejar a la misma puerta del cementerio, no fuera cosa que se le ocurriera arrepentirse...
A esa hora de la noche, el Camposanto estaba cerrado, pero una parte de la reja estaba corroída por el óxido y faltaban unos cuantos barrotes. Lo hicieron pasar por el agujero, empujándolo hacia adentro con entusiasmo.
-Ya, Rubén!  Nos vamos a quedar aquí afuera, vigilándote. ¡ No creas que vas a poder hacernos tontos!
Rubén se adentró por una avenida que bordeaba las tumbas, bajo la luz de la luna, que se veía amarillenta como una calavera.
Al principio, no sentía tanto miedo, pero, al pasar los minutos, una angustia sorda y unos escalofríos le empezaron a erizar la piel.
Las hileras de lápidas se recortaban blancas a los dos lados del sendero. Un vientecillo frío hacía crujir las ramas de los cipreses y le pareció que la noche se iba poniendo cada vez más oscura. El grito de un pájaro nocturno lo hizo saltar.
-¡ No tengo miedo!- repetía Nestor en voz alta, mientras le temblaban las piernas- ¡ Los fantasmas no existen!  Además, si me encuentro con uno, no podría hacerme nada...Los vivos son los peligrosos y por aquí no se ve a nadie.
Siguió caminando, dándose valor con esas reflexiones. De pronto, vio una figura sentada en una tumba.
Al principio creyó que era una escultura. Eran típicos esos ángeles de yeso que parecen llorar por el difunto...Pero, al acercarse, vio que era un joven.
Estaba encogido y cabizbajo.
-¿ Qué te pasó, amigo?- le preguntó Rubén, aliviado de encontrar compañía- ¿ Tú también hiciste una apuesta?
El muchacho levantó la cabeza y asintió con un murmullo.  Nestor vio que estaba pálido como un cadáver.
Se sentó a su lado en el borde de la tumba y le halló un olor extraño, como a tierra húmeda y a moho.
-  ¡Te pillaron volando bajo, igual que a mí!- bromeó, para darle ánimo- Pero, no te aflijas, conversando se nos va ir la noche sin que nos demos cuenta...Y apenas aclare, nos vamos de aquí.
-Yo tengo que quedarme -suspiró el otro- No me puedo ir...
-Pero ¿ que acaso no apostaste pasar la noche en el cementerio y nada más?
-No. Mi apuesta fue otra...Jugamos a la ruleta rusa y a mí me tocó la bala. ¿ Ves?
Y apartando un mechón de pelo pegajoso de sangre, le mostró en la sien un agujero redondo, ennegrecido de pólvora.
Rubén se paró de un salto y no dejó de correr despavorido hasta que llegó a la reja.
Se deslizó por el agujero y salió a la calle, temblando todavía.  Los dientes se le entrechocaban y sonaban como castañuelas.
Por supuesto, no estaban sus amigos vigilando que no se escapara. Calculó que no se habían demorado nada en partir a la discoteca.

-¡ Traidores!- exclamó rabioso- ¡  Que nadie me venga con apuestas otra vez!


domingo, 22 de octubre de 2017

AVISPAS ASESINAS.

Todos en el pueblo se rieron de Aldo, cuando lo vieron cortejando a Brenda.
La diferencia de edades era notoria y él lo sabía. Pero era su última oportunidad para volver a sentirse vivo y no pensaba desaprovecharla.
La primera vez que la vio en el restaurante en que ella trabajaba de mesera, creyó que algo se estaba quemando . Pero era su pelo rojo que parecía arder bajo una cofia blanca.
Ella salió de la cocina, equilibrando dos bandejas y caminó ondulante por entre las mesas.
Luego se acercó a Aldo , sosteniendo un lápiz y un block.
-¿ Qué le sirvo?- preguntó coqueta.
- ¿Y qué pasó con la otra chica?- preguntó él, para disimular la turbación.
-¡ Está con licencia!  Tendrá que conformarse conmigo, no más- y soltó una risita irónica.
Estaba bien consciente de que ese " conformarse con ella" era como darle a elegir entre un petardo mojado y un festival pirotécnico....
Aldo llevaba cinco años viudo y acostumbraba sentirse viejo y melancólico. Pero, ese día, cuando vio esa mata de cabello en llamas, dudó si llamar a los bomberos o enamorarse como un tonto.
Eligió lo segundo y se convirtió en el chiste del pueblo...
Cuando le propuso matrimonio, ella aceptó sin vacilar como si lo tuviera decidido mucho antes de que a él se le ocurriera pedírselo.
Pasó el tiempo y Brenda seguía siendo joven y linda, mientras Aldo decaía.  Se atormentaba pensando en que ya no tenía energías para cumplirle como marido. ¿ Qué pensaría ella de esa especie de viejo amigo que yacía a su lado en la cama y que nunca iba más allá del beso de buenas noches?
Pero Brenda lo seguía tratando con el mismo cariño de siempre  y entonces Aldo se consolaba pensando que gracias a él ya no tenía que trabajar de mesera. Seguramente ella apreciaba su buena suerte...
En esos días llegó al pueblo una plaga de avispas. Eran las llamadas " chaqueta amarilla" pero la gente les decía "avispas asesinas", porque atacaban con ferocidad a las abejas, al ganado y a todo el  que se les pusiera por delante.
Llegó un funcionario del Servicio Agrícola y Ganadero y les distribuyó un poderoso veneno para controlar la plaga. Había que ponerlo en los nidos de los insectos, a ras de tierra o en los troncos de los árboles.
Les advirtió que lo manipularan con cuidado, porque era muy tóxico y paralizaba el sistema nervioso.
Después de unas semanas, las avispas habían casi desaparecido y Brenda, que había sido la encargada de  administrar las dosis de veneno en el huerto, estaba orgullosa del éxito obtenido.
Una mañana, Aldo escuchó su risa en el portón de entrada. Una voz de hombre joven le respondía y ella parecía gozar con sus bromas. Sintió un escalofrío. Era la misma actitud  insinuante de cuando trabajaba de mesera en el restaurante.
Al rato entró, con un manojo de sobres en las manos.
-Jubiló el cartero- dijo con indiferencia- Ahora mandaron a uno joven. ¡ Es de esperar que las cartas lleguen más rápido!
A la semana siguiente volvió a escucharla conversar en la reja.
-¡ Cuidado! ¡ No se propase!  - decía riendo, con un tono que parecía más bien alentarlo en sus avances- Mire que mi marido es muy celoso.
-¿ Su marido?   ¡ No me asuste, que tirito de miedo!- se burló él.
Aldo salió al jardín, dispuesto a terminar con la escena. El cartero lo saludó con una sonrisa amable, pero le brillaban los ojos de malicia.
Brenda entró a la cocina. Parecía molesta con la interrupción y al pasar, tiró las cartas sobre la mesa, con desprecio.
Sin embargo, la actitud de Aldo pareció advertirle que estaba pisando terreno peligroso, porque no volvió a salir a la reja a recibir la correspondencia.
Una tarde, al entrar a la cocina, lo sorprendió un exquisito olor a carne asada.
-¿ Viene alguien a cenar?- preguntó, extrañado.
- No, tontito. ¿No ves que vamos a celebrar nuestro aniversario?
Aldo la miró indeciso. No sabía a qué fecha se refería ella, pero se calló para no mostrarse desmemoriado. ¡ Otro síntoma de vejez que lo humillaba!
Cenaron con apetito y luego ella sacó de la nevera una torta de chocolate.
Le sirvió a él un generoso pedazo.
-¿Y tú, no comes?
-¡ No podría probar otro bocado!- rió ella- pero, voy a disfrutar viéndote comer a tí. La preparé especialmente para darte en el gusto...
Mientras Aldo comía, ella lo observaba con una extraña atención.
-¿ Está sabrosa?- le preguntaba.
Luego se puso a lavar la vajilla, mientras él la miraba agradecido. Sentía que era feliz, que ella, después de todo lo quería y que las cosas iban a marchar bien, de ahí en adelante...
De pronto, notó que la silueta de Branda perdía nitidez, como si la potencia de la luz eléctrica hubiera disminuido. Al  mismo tiempo, un raro entumecimiento empezó a subirle por las piernas.
Quiso levantarse de la silla, pero un relámpago le cruzó frente a los ojos. Cayó de rodillas en las baldosas, mientras su cuerpo se paralizaba rápidamente.
-¿ Te sientes mal, mi vida?- le preguntó ella, sin moverse a ayudarlo. Apoyada en el borde del lavaplatos, lo observaba con curiosidad.

Los ojos de Aldo se cubrieron con un velo oscuro. Lo último que vio fue el paquete de veneno para las avispas, casi vacío, sobre el aparador.


domingo, 15 de octubre de 2017

ENCUENTRO CON EL MAGO DE OZ.

Por un revés económico, sus papás habían tenido que mudarse y a Dorothy , la casa nueva le parecía chica y fea. Y para colmo, había perdido a todos sus amigos del barrio anterior.
Ofuscada y sin ganas de desempacar sus cosas, salió a caminar.
Anduvo muchas cuadras sin ver nada, porque llevaba los ojos empañados por las lágrimas.
Cuando quiso volver a su casa, se dio cuenta de que estaba perdida.
Se encontró frente a una calle extraña, cubierta de baldosas amarillas. Por ella vio avanzar a tres muchachos, que caminaban juntos.
Al verla llorando, le preguntaron al unísono:
-¿ Qué te pasa, niña?
-Pasa que me perdí- respondió Dorothy, y al ver que era el centro de la atención, soltó otra catarata de lágrimas.
Cuando se cansó de llorar, les preguntó sus nombres y ellos se presentaron como Robi, León y Sivestre.
Les pidió que la acompañaran a buscar su casa, pero no pudieron encontrarla. A medida que avanzaban,  el camino amarillo parecía alargarse sin fin.
Cayó la noche y Dorothy se quejó de que le dolían mucho los pies.
-Busquemos un lugar donde descansar- sugirió León- Mañana seguiremos buscando.
- ¡Miren!-  exclamó Robi- Ahí hay una Hostería. ¡Pero dice OZtería!  ¡ Qué manera rara de escribir la palabra!
Un anciano les abrió la puerta y  ellos le dijeron que estaban perdidos.
-Casualmente, tengo cuatro habitaciones disponibles.  Pasen y les daré un vaso de leche antes de dormir.
Mientras la niña tomaba la leche, el anciano le dijo:
-No te aflijas, Dorothy, mañana encontrarás tu casa. Pero es necesario que entiendas que rica o pobre, si están allí tus padres,  siempre  será tu hogar.
En la habitación vecina, Robi suspiraba tristemente. Cuando el anciano le preguntó el motivo de su aflicción, le respondió:
-¡ Me siento muy solo!  Es que no puedo amar. Soy como un hombre de lata que no tiene corazón...
-Eso no es posible- le dijo el anciano- Nadie vive sin un corazón. Lo que pasa es que el tuyo tiene miedo de amar porque teme salir herido. El amor es un riesgo maravilloso. Debes aprender a amar espontáneamente sin preguntarte si serás correspondido o no.
En su cuarto, León daba vueltas en la cama sin poder dormir.
-Pareces enojado- le dijo el anciano, tendiéndole un vaso de leche- ¿ Me puedes contar qué te pasa?
-Estoy furioso conmigo mismo porque soy un cobarde. Nunca he sido capaz de tomar una decisión, ni siquiera para mejorar mi vida...
-No, León. No eres cobarde. Solo te falta confianza en ti mismo. Quizás viviste una infancia sin cariño. Debes aprender a valorarte sin estar pendiente de lo que piensen de ti los demás.
Silvestre se asomó por la puerta y se quejó de que tenía insomnio.
-Toma tu leche- le dijo el viejito- Y cuéntame lo que te preocupa.
-¡ No sé qué será de mí!- exclamó el muchacho, golpeándose la frente con los puños- No logro aprender nada. En la escuela me dicen que no tengo cerebro. Que mi cabeza está llena de paja, como la de un espantapájaros...
-Mira, Silvestre, si no tuvieras cerebro, no estarías preocupado por no tenerlo. Es necesario que domines tu ansiedad y prestes atención en clases. Si te concentras, verás como logras memorizar los conocimientos.
El muchacho le sonrió agradecido y se envolvió en las frazadas, dispuesto a dormir.
A la mañana siguiente, cada uno despertó en la cama de su propio hogar.  Habían tenido al mismo tiempo un sueño maravilloso que los había reunido y gracias al cual pudieron  mejorar sus vidas.
O tal vez fue cierto que esa noche conocieron la misteriosa Oztería. Esa que queda al final de un camino amarillo y que no volverían a encontrar jamás.