Bienvenidos a Mi Blog

Les doy la bienvenida a mi blog y les solicito encarecidamente que me dejen sus comentarios a mis entradas, pues su opinión es de gran valor para mí.



domingo, 20 de enero de 2019

LA MUERTE EN LA CARRETERA.

Eran recién las seis y la mañana se veía oscura. Era efecto de una niebla espesa que lo envolvía todo como un manto.
Juanito escuchó a su perro Toby que rasguñaba la puerta, queriendo salir.
Se puso el pantalón encima del piyama y le fue a abrir. Al pasar por el dormitorio de sus padres, escuchó el leve rumor de sus respiraciones. Ambos dormían todavía.
Toby salió como una tromba y se perdió en un potrero. Juanito corrió tras él, tratando de distinguirlo entre la niebla. Por más que lo llamaba, Toby no volvía y  escuchó sus ladridos cada vez más lejanos, en dirección a la carretera.
Le empezó a llegar nítido el bramar de los camiones y los autos y tuvo miedo de que lo atropellaran.
-  ¡Toby, Toby !  ¡ Ven! - gritó angustiado y casi tropezó con una mujer que estaba sentada en unas piedras.
-Tu perro no ha pasado por aquí- le dijo, sin que Juanito le hubiera preguntado nada-  Y es mejor que no te acerques a la carretera.
-¿ Por qué?
-Porque dentro de un momento va haber ahí un terrible accidente y podrías salir herido.
-¿ Y como lo sabe usted?
-Porque vengo a llevarme a los que mueran.
Juanito la miró asustado. Vio su cara  pálida e inexpresiva, su cuerpo envuelto en un manto oscuro...
- Entonces , usted es La Muerte ¿ verdad?
Ella no contestó.
Juanito sintió rabia contra ella y le gritó:
-¿ Y para qué vino?  ¿ Por qué no deja vivir a la gente?
-No soy yo la que los mata, sino ellos mismos con su imprudencia. Solo vengo a acompañarlos. ¿ Quieres que los deje solos y asustados en medio de la oscuridad?
-Pero, mucha gente va a sufrir y a llorar cuando sepa que murieron...
-Ya lo sé. No creas que me gusta mi oficio. Mi hermana, la Vida, tuvo más suerte que yo. Escuchar el primer llanto de un niño es mil veces mejor que recoger el último suspiro de un hombre.
Desde la carretera llegó un estruendo espantoso. Fue un entrechocar de fierros seguido de gritos y lamentos.
La mujer se paró y se envolvió más en su manto. Un velo cayó sobre su cara y Juanito solo vio sus labios fríos que se abrieron para decirle:
-Vete a tu casa. Tu perro está allá.  Y dile a tu padre que venga a ayudar a los heridos.

Se fue caminando hacia la carretera.  A su paso, los pastos se inclinaban y se abrían, como cuando el mar se abre en surcos al paso de un navío.


domingo, 13 de enero de 2019

EL CUENTO DE LA VIDA.

Salí de mi casa un día y como en el cuento de Hansel y Gretel, fui echando miguitas de pan en el camino, para poder volver.
Pero vinieron unos pájaros hambrientos y se las comieron sin dejar rastros.
Pasó el tiempo y un día, desde lejos, vi a mis padres salir de la casa.
Primero salió él, encorvado y triste y se perdió por una calle que la niebla parecía borrar a pinceladas.
Ella se quedó  parada en el umbral. Se notaba confundida, como no sabiendo qué hacer con  esa nueva soledad que le había caído encima. Poco después, salió tras los pasos de mi padre y se perdió también por la calle nebulosa.
Entonces, vi como los cimientos de la casa cedían y  las paredes se derrumbaban. Sólo quedó un montón de escombros. Pero ¿ qué importaba ya  si mis padres se habían ido?
Me interné en un bosque sombrío.
A mi lado pasaba mucha gente que, al igual que yo, parecía perdida. Nadie sabía a donde íbamos ni que nos esperaba detrás de aquellos árboles.
Alguien dijo que había una casita de chocolate.  Que en todos los cuentos de niños había una al final del bosque.
Vimos que varios se adelantaron para comprobar si era cierto y  no volvieron más.
 Pensé que quizás, como en el cuento de Hansel y Gretel, la bruja los había atrapado.
Seguí caminando junto a los otros, hasta que un día se abrió un claro en la espesura y entonces la vi.
No era una bruja, sino una hermosa mujer que llevaba un vestido color jacinto. Su pelo era oscuro y su cara tan pálida como la primera luz del amanecer.
Estaba sentada en la puerta de su casa, tejiendo en un telar. El hilo que usaba era gris y sedoso, como la materia de que están hechos los sueños.
Estoy tejiendo tu mortaja- me dijo  con dulzura - Podrás envolverte en ella y descansar. Aquí

duerme sin sobresaltos y los sueños son tan hermosos que no querrás despertar jamás.  


domingo, 6 de enero de 2019

UN FANTASMA EN LA CASA.

Cuando a Armando le notificaron que había heredado la casa de sus abuelos, se sintió consternado. ¿ Qué iba a hacer con ese caserón monstruoso, de dos pisos y  veinte habitaciones, emplazado en los límites de un pueblo del sur?
Venderlo era muy difícil y vivir en él, impensable. Su mujer, Sonia, se opondría y él no quería contrariarla. Ya el médico lo había prevenido de su delicada constitución nerviosa.
Al menos, la pudo convencer de que fueran a ver la casa. ¡ A él le traía muchos recuerdos de  su infancia!
Desde la estación de trenes tomaron un taxi que los llevó dando tumbos por un camino lleno de lodo.
Cuando ya divisaban el caserón envuelto en niebla, tuvieron que detenerse a cambiar un neumático.
  -¿ Quién era esa mujer que se acercó al vidrio y se quedó mirándome?- preguntó Sonia, cuando volvieron a ponerse en marcha.
-¿ Qué mujer, mi amor?  ¡ Yo no vi a nadie! - se asombró Armando- En el camino no había un alma...
La casona se veía imponente, envuelta en el verdor húmedo de los canelos.  Y en el interior, los muebles enormes y pesados se conservaban intactos.  Armando sintió que una ola de nostalgia le sacudía el corazón.
Sonia se fue a la cama en seguida y él se quedó conversando con Pedro, el viejo jardinero,que lo conocía desde niño.
-¡ Ojalá que se queden , patrón!  La casa está tan sola... ¡ Y de paso se encargan de espantar al fantasma!
-¿ Cual fantasma?
-¡ Pero como, don Armandito!  ¿ Qué no se acuerda del fantasma de esa niña que se ahogó en la laguna?
Armando recordaba vagamente una leyenda con que su niñera lo asustaba de chico.
-¡ Esos son cuentos de viejas, pues Pedro!  ¿ Como voy a creer en fantasmas en esta época?
-Sí es cierto, patrón...Todos la vemos vagando por el jardín, al anochecer. Nos mira con unos ojos fijos que nos hacen tiritar...Pero, si le hablamos, desaparece.
Armando subió a acostarse y al rato ya no se acordaba de los comentarios del jardinero.
A la mañana siguiente, al despertar, notó que Sonia no estaba en la cama.
Se asomó por la ventana y la divisó sentada en un banco del jardín. Hacía frío y  una persistente garúa empapaba los árboles.
Ella no lo notaba y se veía absorta en la presencia de alguien con quién parecía conversar.  Pero Armando no veía a nadie. Luego pensó que sería alguna de las empleadas, que él no alcanzaba a ver, oculta por los arbustos .
- ¿ Con quién hablabas en el jardín? - le preguntó más tarde, mientras desayunaban.
-¡ Con nadie!- afirmó Sonia, pero él  adivinó, por el fulgor de sus ojos evasivos, que le mentía.
Pasaron los días y no paró de llover. La casa pareció naufragar en un océano verdoso. Una neblina plateada envolvía el jardín y a Armando le daba la impresión de que estaba sumergidos bajo el agua. 
Pero Sonia no daba señales de querer volver a Santiago. Se levantaba temprano y salía a vagar por el parque que rodeaba la laguna.
La cocinera se acercó un día a Armando, con aire preocupado.
-Patrón, dígale a la señora que tenga cuidado. Siempre la veo caminando al borde del agua...Y lo peor es que el fantasma siempre va detrás de ella, pisándole los talones..
-¿ Usted también anda con ese cuento?-la interrumpió Armando, exasperado- Todos hablan aquí del fantasma...¿ Y como es que yo nunca lo he visto?
-Porque usted no cree en él, pues, don Armando. ¡Por eso no lo puede ver!
Una creciente inquietud empezó a dominarlo. Sonia parecía cada vez más distante. Sin embargo, se veía animada, casi eufórica. Se reía de repente,sin explicar por qué  a él lo miraba de soslayo, como si le ocultara un secreto. Algo que lo dejaba definitivamente fuera de su vida.
Dominando su escepticismo, quiso saber más sobre el fantasma.
-¿ Como fue que se ahogó?  ¿ Se suicidó o fue un accidente?- interrogó a Pedro, una noche.
-Dicen que primero se puso rara, como si viviera en otro mundo. Hablaba sola, se reía, cada vez más perdida en una especie de delirio...Hasta que un día se adentró en el agua de la laguna, caminando como sonámbula. Cuando llegaron a la orilla, se había hundido y les costó mucho encontrar el cuerpo.
Armando quedó sobrecogido. Sintió que un peligro sobrenatural amenazaba a Sonia.  Y deseó dejar de lado sus prejuicios y lograr ver al fantasma que la perseguía.
Un atardecer, cuando  ya caían las primeras sombras de la noche, logró verla, por fin.
Estaba parada frente a la casa. El vestido empapado se le apegaba al cuerpo y su largo pelo oscuro goteaba sobre las baldosas del jardín. Le hacía señas a alguien que se encontraba en el interior.
Era Sonia.
Ella corrió hacia afuera, queriendo salir, pero él la retuvo por un brazo.
-¡ No salgas, Sonia!  Es de noche y empieza a llover...
Ella trató de soltarse y lo miró con odio. Fue la última vez que se miraron a los ojos.
A la mañana siguiente, Armando despertó temprano, pero ella no se encontraba en el dormitorio. Su almohada estaba tibia aún, como si acabara de levantarse.
Desde la ventana la vio dirigirse a la laguna. Delante de ella, como guiándola, caminaba el fantasma.
Juntas se hundieron en el agua, confiadas, sin temor, como si un mundo que era solo suyo las recibiera con los brazos abiertos.  
Armando corrió enloquecido, llamando al personal de la casa.

Pero, cuando llegaron a la orilla, solo vieron el cabello oscuro de Sonia, flotando en la superficie, como un puñado de algas. Después desapareció.


domingo, 30 de diciembre de 2018

LOS AMORES DE JOSE.

¡ De nuevo el mismo problema!  El Concurso de Cuentos cerraba en quince días y no se me ocurría nada...
Puse la cabeza sobre el escritorio y me adormecí sin darme cuenta.
Una tosecita cortés a mi lado me hizo dar un salto.
Frente a mí había un muchacho flaco, con aire triste, que me miraba expectante.
-Perdón ¿ quién es usted?
-Soy José ¿ no me recuerda?
Al ver mi cara de total desconocimiento, me miró ofendido.  Luego se avino a explicarme que era un personaje que yo había creado hacía un tiempo y que había desechado por fome.
-Esa vez no me ocupó en nada, pero como ahora me han pasado más cosas...Vine a ver si la puedo ayudar con el tema del concurso....
-Siéntese, por favor- le dije con gratitud- ¿ Quiere una taza de café?
-No, gracias. El café me pone nervioso- exclamó, retorciéndose las manos- A lo que vine es a contarle mi historia.
-¡ Qué bien!  Hable , que lo escucho...
-No sé si usted alguna vez ha estado enamorada - comenzó- Seguro que sí. Se nota en sus cuentos que tiene experiencia con el sufrimiento. Para mí el amor no es más que eso. Aunque al principio me sentía jubiloso y con ganas de vivir, aunque solo fuera para verla de nuevo.
La encontré por primera vez frente a un café. Alguien la empujó y se le cayeron unos libros de Arte que llevaba en los brazos. Se los recogí y caminé a su lado, acompañándola.
La noté reservada y no me atreví a preguntarle el nombre, pero de ahí en adelante, no hice más que pensar en ella.
Días después la volví a encontrar y la noté más amistosa, así es que me atreví a hablarle:
-¿ Te acuerdas de mí?
-La verdad es que no, pero no importa. Acompáñame mientras espero a una amiga.
-¿ Como te llamas?
-  ¡ Scarlet!- dijo riendo y me mostró el libro que leía. Era  "Lo que el viento se llevó"
La semana siguiente la vi con un grupo de estudiantes. Me acerqué confiado, pero ella me miró como si no me reconociera.
-Solo quería saber si ya terminaste de leer la novela... - murmuré, sin saber qué decir.
Me miró extrañada.
-No, yo no leo novelas. Eran unos libros de Arte los que me recogiste el otro día.
Y a continuación me dio la espalda y siguió hablando con sus amigos.
¿ Era voluble? ¿ Era coqueta?  ¿ Por qué actuaba así?  Retrocedí humillado.
No me dejé ver por el barrio universitario durante varios días. Pero no pude más de las ganas de verla y me puse a rondar por el café.
-¡ José!  ¡Qué alegría verte!
-¡ Scarlett!
-No me digas así- exclamó riendo-  ¡Dime Cosette! -  Y me mostró el libro que estaba leyendo. Era " Los miserables" de Victor Hugo.
Fuimos a tomar un café y las horas volaron, hablando de literatura.
- ¿Ahora me dirás tu verdadero nombre?
-Ya te dije que me llamo Cosette- contestó riendo y escapó sin que la pudiera retener.
Nos encontramos varias veces. Ella a veces se mostraba indiferente y fría y me saludaba apenas, como por obligación. Otras, se mostraba contenta de verme y pasaba largas horas conmigo, conversando en el café.
Esa situación de tira y afloja, de vaivén constante en sus actitudes me tenía al borde del colapso.  Decidí comentarlo con un amigo.
-Pienso que ella es bipolar o que tiene doble personalidad...Te juro que ya no aguanto este tormento.
-¿ Te refieres a la chica rubia con quién te vi en el café, el otro día?
-¿ La conoces?
-O sea, las conozco. Porque son dos. ¿ Nunca se te ocurrió que te enamoraste de dos hermanas gemelas?
-¿ Qué dices?- balbuceé, anonadado.
-¡ Que son dos, pues, hombre!  Una estudia Arte y la otra Literatura.
José terminó de hablar y me miró interrogante.
-¿ Qué le parece mi historia?- preguntó con triste sonrisa- ¿ Cree que le servirá de inspiración para algún cuento?
La verdad es que encontraba la anécdota de lo más tonta e improbable, pero no lo quise decepcionar.
Sonrió melancólico y se paró para irse.
-Me encantaría ser su protagonista- suspiró- Me consolaría un poco de mi fracaso de amor.

Cuando quedé sola, me senté otra vez frente al computador. Mi mente seguía en blanco y sin poder hilvanar ninguna frase.  ¡ Adiós, Concurso de Cuentos!


SER OTRA.

Ruth no se conformaba con ser lo que llaman " una chica del montón".  Sus facciones eran corrientes y su colorido, neutro. Debería estar acostumbrada a pasar desapercibida, pero no era así.  En su corazón ardía el resentimiento.
Envidiaba a otras chicas llamativas que parecían abrirse paso por entre un oleaje de deseos contenidos.
  Se acercaba el fin del año y después de una noche de insomnio, Ruth decidió cambiar su apariencia.  ¡ Año nuevo, vida nueva! -pensó.  ¡Ella también sería atractiva y provocadora!
Su modelo a seguir era Moira, la más popular del Liceo.
Muchas veces le habían chocado sus modales y su forma de vestir. Pero, estaba comprobado que era eso lo que se necesitaba para tener un séquito de admiradores y muchas invitaciones a salir.
En un salón de belleza  pidió que le decoloraran el pelo y se lo tiñeran de rubio platinado.
Luego fue al Mall y se compró una minifalda y una polera negra que apenas le tapaba la cintura.
En su dormitorio, se miró al espejo y comprobó que su nuevo look la hacía sentirse muy insegura . Sobre todo, cuando su mamá exclamó al verla:
-¡ Ruth!  ¿ Qué te hiciste?
-¡ Ay! Mamá, por favor...¿ Que acaso no me veo bien?
-Sí, mi hijita...Te ves bien. ¡ Solo que ya no eres tú misma!
Ruth ignoraba que en el Liceo había un muchacho que estaba enamorado de ella.
Al principio la había hallado poco atractiva. Pero con el paso del tiempo, se había ido fijando  en su modo de ser, franco y sin artificios. Y su sencillez le había parecido llena de encanto.
Durante unos meses, había estado saliendo con Moira. Era una chica espectacular y andar con ella le granjeaba la envidia de sus amigos.
-¡ Qué suerte tienes!- le decían- A mí no me hizo caso... ¡Ahora veo que le gustan los gansos!
Con el tiempo empezó a encontrarla superficial y falsa. Y sin darse cuenta, se encontró comparándola con Ruth.
Ella, tenía el  pelo castaño natural, apenas se maquillaba y sus ojos de mirada limpia,  siempre parecían decir lo pensaba.
Sintió que había estado perdiendo el tiempo. Que tenía que apurarse antes de que otro descubriera también su encanto.  No faltaría el que estuviera cansado, al igual que él, de las chicas pintadas que juegan a parecer vampiresas...
Decidió ir  su casa e invitarla a una fiesta en la casa de un amigo. Por el camino se detuvo en un puesto de flores y compró una rosa blanca.
Se parece a Ruth- pensó- Delicada y sencilla como es ella.
Le abrió su mamá y por un instante, lo miró dudosa. Luego dijo:
-Sí, sí está. Voy a ir a llamarla.
Un momento después,  vio venir hacia él a una rubia platinada, con los ojos pintados de azul. Llevaba minifalda y se equilibraba torpemente en unos zapatos de tacón.
Por un instante, creyó ver a Moira...
Al reconocer a Ruth, retrocedió.  Murmuró algo que ni él mismo entendió y se alejó sin despedirse.
  Una cuadra más allá, notó que aún llevaba el tallo de la rosa apretado en un puño.

Mientras caminaba, la arrojó en un papelero. 


domingo, 23 de diciembre de 2018

CUENTO PARA UNA NAVIDAD TRISTE.

Marina subió al altillo y sacó el árbol de Navidad y la caja con los adornos.
El árbol estaba cubierto de polvo. ¡ Hacía tantos años que no lo sacaba!  Le limpió con suavidad las ramas hasta que recuperaron el color verde. Pero, cuando abrió la caja, vio que las esferas de vidrio estaba rotas.
Se acordó de esa noche, hacía unos años, cuando su papá llegó borracho y las destrozó con el puño.
- ¡Aquí se acabó la Navidad!  ¿ Me oíste?
Su mamá los había abandonado.
Un día cualquiera, se fue sin despedirse. Al anochecer, encontraron la casa vacía y oscura. Todos sus vestidos habían desaparecido del closet.
Fue entonces cuando su papá empezó a beber. Y después de un tiempo,se fue, también.  Marina pensaba que habría ido a buscarla a ella...
Pero, ahora , a pesar de los recuerdos tristes, tenía ganas de celebrar la Navidad.
Adornó el arbolito lo mejor que pudo y preparó un vaso de leche y unas galletas, para Santa Klaus, como cuando era niña.
Se sentó a esperarlo. En medio de su tristeza, se aseguraba a sí misma que él vendría.
Empezó a tener sueño, pero luchó por mantenerse despierta.
Pasada la media noche, la puerta se abrió suavemente y entró Santa Klaus.
-¡ Sabía que vendrías! - exclamó Marina- Dime ¿ qué me has traído?
-¡ Ay!  No me queda nada...¡ Ya todo lo repartí !
Al ver su decepción, agregó:
-Pero,podría concederte un deseo...
-Mi deseo es volver a vivir una navidad de mi infancia. ¿ De verdad podrías concedérmelo?
Santa Klaus la tomó de la mano y la llevó fuera de la casa. Marina vio extrañada que los edificios habían desaparecido y que en su lugar había un bosque, tan tupido que parecía un muro infranqueable.
-La Navidad de tu infancia está detrás de ese bosque. ¿ No te da miedo la oscuridad?
Marina negó, sonriendo, y se internó entre los árboles sin vacilar. Le pareció distinguir a lo lejos, entre los troncos tupidos, un resplandor dorado.
Echó a correr, pero notó que perdía pie y se hundía en un pantano.
Vio a un hombre sentado en la orilla. Estaba bebiendo de una botella y no hacía caso de sus gritos.
Reconoció a su padre.
-¡ Papá ! ¡ Por favor, ayúdame, que me estoy hundiendo!
-¿ Quién grita así?  No distingo nada...
-¡ Soy yo!  Marina, tu hija.
-Yo tenía una hija, hace tiempo- balbuceó el hombre y siguió bebiendo, sin prestarle atención.
Marina sintió que el lodo la arrastraba hacia el fondo, pero aún pudo ver a lo lejos el resplandor dorado de la soñada Navidad.
Al amanecer, despertó asustada. El vaso de leche y las galletas continuaban intactas sobre la mesa.
No había venido Santa Klaus.




domingo, 16 de diciembre de 2018

RELOJES Y CORAZONES.

     Segundo Premio en el concurso de Cuentos de Providencia.

Llovía la tarde en que Julio esperó a Josefina a la salida del trabajo.  Estaba consciente de que ella era muy joven para él, pero no perdía la esperanza de  conquistarla.
-  ¡Nos pilló la lluvia sin paraguas, Josefina!  ¿ Me aceptaría un café?
-Es muy  tarde- objetó ella.
Julio consultó su viejo reloj de cuerda, herencia de su padre:
-¡ Son recién las siete!
Burlona, Josefina miró su celular.
-¡ Su reloj está atrasado, Julio!  Son ya las siete y media...
 -Yo también estoy atrasado- suspiró Julio- No me convenzo de que ya se me pasó la hora para amar...
En ese momento, se rompió su corazón. Emitió  un chasquido seco y vomitó un montón de piezas sueltas dentro de su pecho.
Desanimado, caminó sin rumbo y llegó a un local donde se reparaban relojes. Pensó que podría componer el suyo, que lo había dejado en vergüenza frente a Josefina.
El relojero estaba ocupado componiendo un enorme reloj de péndulo.
-¡ Siéntese y espere un momento, por favor!
Julio se sentó y cerró los ojos. Se sentía muy cansado... Luego vio frente a él al relojero que le decía:
-¿Qué quiere que le componga?  ¿ Su reloj o su corazón?
-¿ Qué también arregla corazones?
-  ¡ Relojes y corazones son casi lo mismo!   Le  arreglaré el suyo de inmediato...
Al cabo de un rato se acercó:
-¡ Listo, señor!  Le ha quedado como nuevo.
-Pero, no sentí nada...¿ y como lo arregló ?
-Le puse el mecanismo de un reloj cucú. ¡ Ahora tiene en el pecho un pajarito cantor! Va a ver como se le compone el ánimo...
-Pero ¡ usted  está loco! - gritó Julio- ¿ Quiere que vaya por la calle diciendo cucú cada cuarto de hora?
Indignado, se quiso parar de la silla y entonces despertó...
Frente a él estaba el relojero que le decía:
-Lo siento, señor. Su reloj es muy anticuado. ¡ Ya no tiene arreglo!