Bienvenidos a Mi Blog

Les doy la bienvenida a mi blog y les solicito encarecidamente que me dejen sus comentarios a mis entradas, pues su opinión es de gran valor para mí.



domingo, 27 de junio de 2021

JULIO COMIENZA EN MARZO.

Fue una tarde de Marzo cuando vi a Julio esperándome a la salida del trabajo. Mi sorpresa rayó en la incredulidad. Luego, un ramalazo de dolor y de odio me sacudió con violencia. Ese odio y ese dolor acumulados durante los últimos diez años.

-Nora , necesito hablar contigo. ¿ Podríamos ir a un café?

¿ Fue un relámpago de esperanza el que cruzó por mi corazón?

Si fue eso, lo rechacé con rabia.

-Nora, necesito que me ayudes. Creo que Nelly me engaña.

Lancé una carcajada amarga. 

-¿ Como te atreves a decirme eso a mí?  ¿ No fuiste tú el que me engañó con ella ?  ¿ El que me abandonó por ella cuando más te quería?

-Lo sé, Nora. Fui culpable.  Pero, no quisiste perdonarme y con eso, terminaste por echarme en sus brazos...

-¡ Mentira!  Estabas loco por irte con ella. Nunca olvidaré las noches de insomnio en el departamento vacío, manteniendo la loca esperanza de que volverías...

-Nora, por favor.¡ No caigamos en lo mismo!  Todo eso ya pasó. Y ahora eres tú la única que puede ayudarme.

Logré calmarme lo suficiente para escucharlo.

-Hace unas semanas que Nelly está cambiada- continuó Julio- Recibe llamados que contesta en su pieza o con monosílabos. Hace días la seguí y la vi juntarse con un hombre en el café de la esquina. Hubo un instante en que se tomaron de la mano a través de la mesa...

-¿ Y qué quieres que yo haga?

-Dos veces la he seguido y los he visto en el mismo café.  Quiero que la próxima vez seas tú quien la siga. Que te sientes cerca de ellos y escuches lo que conversan...¡ Ella no te reconocerá!

-   ¡ Qué bajeza!  ¿ Como te atreves a pedirme algo así?

La rabia y el dolor me ahogaban, pero disimulé, porque de pronto entendí que había llegado el momento de mi revancha.

¡Por supuesto que ella no me reconocería!  Hacía diez años me había visto convertida en un guiñapo, destruída por la traición...Ahora yo era una mujer de éxito.  Elegante, vestida a la moda y hasta decían que buenamoza...El orgullo me había sostenido en pie, como un armazón de hierro.  Erguida y maquinando un desquite que ahora ¡ por fin llegaba!

Accedí a la petición de Julio.

Esa tarde entré al café cuando ya los dos habían llegado. Me senté en la mesa contigua. Les daba la espalda, pero escuchaba todo lo que hablaban.

-¡Nelly, hermanita!-  decía él- Por fin te tengo buenas noticias. A través de un amigo leal, he encontrado un trabajo. De nochero en una fábrica. Pero es solo el comienzo, ya verás...

-¡ Qué alegría, Carlos!  Por fin podré hablarle a Julio de tí...Nunca me atreví a decirle que tenía un hermano en la cárcel...Pero ahora todo va a cambiar.

-¿ Como va tu relación con él?

-Muy bien. Julio me quiere tanto como yo a él.  Pero ¡ hablemos de tí, mejor!  Toma este dinero. Quiero que te compres ropa y que te vayas a vivir a una pensión decente. ¡ Quiero que vuelvas a ser el mismo Carlos de antes!

No escuché más. Salí rápido a tomar un taxi y me dirigí a la oficina de Julio.

-Tenías razón- le dije- La cosa es más grave de lo que creías.  Ella le pasó dinero para que compre unos pasajes. Se van a ir juntos...¡  Nelly piensa abandonarte sin ni una explicación!

 Julio se puso pálido y se arrojó sobre su escritorio. Vi como sus hombros se sacudían y me acordé de mis noches de llanto desesperado cuando él me dejó.

-Julio, no permitas que te humille así.  Aprovecha que ella no está y anda ahora mismo al departamento a hacer tus maletas. ¡ No le des oportunidad de inventarte alguna mentira!

-Pero, no tengo a donde ir...

-Sí tienes. A mi casa, pues Julio. Tengo un dormitorio vacío en el que te puedes acomodar mientras...

-Pero, Nora  ¡ si tú no me has perdonado!

-Hasta ahora no lo había hecho, pero creo que ha llegado el momento de que te empiece a perdonar..., 




domingo, 20 de junio de 2021

NORA QUIERE PINTAR.

Nora acostumbraba deambular por el parque que rodea el Museo de Bellas Artes. Cuando llovía o hacía mucho frío, se refugiaba en alguna de sus vetustas galerías y admiraba los cuadros.

Un día, vio junto a la puerta de entrada, un pequeño aviso en el cual se ofecían clases de pintura. 

-¡ Bah!- se dijo Nora- ¿ Y por qué yo no puedo pintar?  A juzgar por las últimas exposiciones a las que he asistido,   ahora cualquiera puede...

Las clases las dictaba un hombrecito de estatura  pequeña  y ego descomunal, que juzgaba las creaciones de sus alumnos con indisimulado desdén.

A Nora le dio a entender, ya en la segunda clase, que no tenía talento. Pero ella, picada en su amor propio, decidió perseverar, más no fuera que para darle la contra.

Del dibujo pasaron al óleo y en su casa, lejos de la mirada despectiva del profesor, Nora se sintió poseída de una verdadera fiebre creadora. Pintó durante horas, con auténtico deleite. 

El primer color que se le acabó fue el amarillo. ¡ Cuantos soles pintó! ¡ Cuantos trigales!  Estaba segura que era el mismo Van Gogh el que guiaba su mano.

Luego se terminó el verde. Y sucesivamente, todos los colores vivos y luminosos desaparecieron de la paleta, convertidos en bosques frondodos y atardeceres sobre el mar. Solo le quedaban los  grises, los azules  y un tubo de negro.

Pero siguió pintando sin parar, decidida a no dejar escapar la inspiración hasta agotarla.

Se pintó a sí misma rodeada de una atmósfera gris azulada, propia de un anochecer de niebla.  El cuadro le quedó algo oscuro y deprimente, pero igual decidió llevarlo a la clase.  Quizás  sin darse cuenta había pintado una obra maestra que lograría borrar la expresión desdeñosa del petizo en cuestión....

Envolvió el lienzo en papel de periódico y se dirigió hasta el Metro. Pero empezó a llover a cántaros y en pocos minutos quedó empapada y con el papel deshaciéndose en pedazos.

En el vagón había poca gente y Nora se sentó, colocando la pintura sobre sus rodillas. 

Frente a ella iba sentado un hombre que empezó a mirarla fijamente. No a ella, a la pintura. Nora se avergonzó y trató de cubrirla, pero el hombre reaccionó, levantándose a medias del asiento y rogándole con vehemencia:

-¡ Por favor, señorita, no la oculte!  ¿ Es suya esa obra, por casualidad?

Nora, ruborizada, mintió:

-La pintó un amigo.

-Esa pintura reboza melancolía- opinó él-Se nota que el artista se hallaba poseído de una honda tristeza, un estado de ánimo casi suicida...Esos colores sombríos, esas pinceladas negras que se diluyen...

De pronto se interrumpió y le alargó una tarjeta:

-Permítame presentarme...Soy Cornelio Irribacache, marchant de art...Estoy muy interesado en talentos emergentes. Dígame, ppr favor¿donde puedo encontrar más obras de este artista?

-Las tengo yo...El me las dejó de herencia...Lamento decirle que se suicidó después de pintar este cuadro.

-¡ Un pintor suicida!  ¡ Tanto mejor!...Quiero decir, lo lamento mucho...¿ Podría mostrarme lo que dejó?

Nora estaba arrepentida de su mentira, pero ya había ido demasiado lejos y no pudo echar pie atrás.

El hombre fue a su departamento y se llevó todos los cuadros que encontró, en medio de exclamaciones de entusiasmo.

Nora buscó entre sus papeles una fotografía de Pablo, un ex novio que había partido a vivir a Londres. Total, no pensaba volver en quizás cuanto tiempo. Y ¿ como podría enterarse que Nora había dado su nombre como autor de sus devaneos pictóricos?

Se montó una exposición póstuma en la galería Buchard. A la entrada, colocaron una ampliación de la fotografía de Pablo, rodeada de claveles blancos...¡ Fue un éxito!

Tiempo después, recibió una llamada desde Londres:

-¡ Así es que ahora soy artista y más encima estoy muerto!  Y ¿ qué crees que va a pasar cuando vuelva a Chile?

A Nora le dio ataque de risa:

-¡ Nada, hombre, nada!  Tu fama fue efímera...Ya nadie se acuerda de la exposición. Y yo no seguí pintando, así es que no hay peligro de que te "descubran" otra vez y me vea obligada a resucitarte.... 





domingo, 13 de junio de 2021

TERESA.

Nada   tenía sentido desde su muerte.

Pablo se aislaba de todos. No quería que nadie intentara consolarlo, que nada lo distrajera del dolor de su repentina viudez.

Muchas veces se preguntaba si el consuelo llegaría más facilmente si él pudiera estar seguro de que ella lo había amado.

Pero, siempre la había sentido distante. Recordó cuantas veces la había atormentado con sus celos y como ella, con caricias jugetonas y besos le decía: ¡ Tontito! ¡ es absurdo que pienses eso! Es inseguridad tuya y nada más...  

Se tranquilizaba por un corto tiempo, pero luego volvía  la incertidumbre.  Y nunca lo había abandonado la sensación de que algo en ella permanecía inaccecible. Que solo era su cuerpo el que poseía, mientras la verdadera Teresa estaba siempre más allá de su alcance.

Ahora, vagaba por la ciudad buscando los lugares en que había estado con ella. Casi siempre terminaba en un bar.

¡ Teresa!  la llamaba sin palabras. Su corazón estaba lleno de gritos inaudibles que repetían su nombre: ¡ Teresa!

Una noche, en uno de esos bares, conoció a un hombre. Estaba sentado, semiborracho, dormitando fente a una botella vacía.

-¿ Puedo sentarme aquí?- le preguntó Pablo, acercándose a su mesa.

El otro asintió con un gesto, sin mirarlo siquiera.

Pablo sintió la imperiosa necesidad de confiarse al desconocido. De explayarse en su dolor, por primera vez desde que ella muriera.

Pero en ese mismo momento, el borracho empezó a hablar en un monologo incontenible, como si alguien hubiera abierto el dique que contenía el torrente de su amargura.

-Nunca había tocado una botella de licor- le dijo- pero ahora bebo porque así consigo embotarme. ¡ No puedo asimilar que la he perdido y esta vez, para siempre!

Clavó en Pablo sus ojos enrojecidos y continuó hablando:

-Es cierto que solo la tenía a medias, porque era casada. ¡ Y aunque decía que me quería, siempre se resistió a abandonarlo!

-¿ No habría sido mejor que usted la dejara y tratara de olvidarla?- le insinuó Pablo.

-¡ Era imposible dejar a una mujer como Teresa!  Tenía algo cautivador y enigmático...Sentía que no podía llegar a ella, que solo me quedaba en la superficie de sus besos y de su piel...Y eso me hacía empecinarme cada vez más en mi pasión sin esperanzas...

Atendiendo a una seña, el mozo se acercó con otra botella. El hombre llenó los dos vasos sin percatarse de la palidez de Pablo.

- Siempre sospeché que yo no era el único amante que ella tenía- continuó su monologo- Pero, era del marido del que siempre tuve celos...Llegué a odiarlo, porque era el que tenía la prioridad y los derechos.¡ Pobre tipo!  Debe haberla amado como yo...Eramos dos los que sufríamos, estoy seguro. Si pudiera hablarle, se lo diría. Tal vez le serviría de consuelo...

De pronto, se interrumpió como avergonzado.

-¡ Perdone, amigo! Hablo demasiado...Pero, si usted supiera. ¡ LLevo meses de agonía, desde que ella murió!   Ahora le toca a usted ¡ Cuénteme!  Presiento que al igual que yo, está aquí por algo....Ahogando sus penas en alcohol, como dicen vulgarmente.

-¡No!  ¡ Se equivoca!  Yo no tengo nada que olvidar, ninguna pérdida que lamentar. ¡ Estoy aquí, matando el tiempo, nada más!  En verano, las noches son muy largas... 




domingo, 6 de junio de 2021

EL HOMBRE DEL FARO.

Hacía mucho tiempo que los faros habitados habían sido reemplazados por otros automáticos.  Erguidos en lo alto de los promontorios, eran como gigantescos cíclopes y el rayo de su ojo incandescente, cortaba las tinieblas que envolvían el mar.

Pero, en el extremo más austral del continente, aún existía un viejo faro, con sus muros de piedra corroídos por la sal. En él, habitaba Juan y su tarea seguía siendo guiar los barcos lejos de los peligrosos arrecifes.

Su soledad le gustaba y se sentía amo y señor de la vastedad del océano.

Durante el día, subía a la torre y se deleitaba mirando los destellos de oro que el sol arrancaba a las olas.  Sobre su cabeza giraban bulliciosas las gaviotas y Juan las sentía sus amigas.

Al caer la noche, encendía el potente foco . Su luz se extendía sobre el mar como un brazo protector qua apartaba a los barcos de las rocas sumergidas.

Pero, con los años, la soledad empezó a hacérsele pesada.

Veía pasar en el horizonte enormes trasatlánticos iluminados, llenos de seres indiferentes al resplandor del faro que los mantenía a salvo. Otras veces eran naves pesqueras que realizaban su tarea, ignorando al hombre que las protegía desde lejos.  ¿ Adivinaría alguien la existencia de Juan?

A veces,durante el día, parado en lo alto de la torre, agitaba su mano hacia los barcos que pasaban, con la vana ilusión de que alguien lo viera y respondiera a su saludo.

Pero, sus gritos se perdían en el estruendo de las olas.

-¡ Mírenme!  ¡ Yo soy Juan!  ¡ Gracias a mí van a llegar a puerto seguro!

Pero, la oscura silueta de la nave desaparecía tras la línea del horizonte, sin que nadie a bordo sospechara su angustia y su soledad.

Hasta que una noche decidió apagar el faro.

Sería la única forma de darse a conocer. Si la luz lo volvía anonimo, la súbita oscuridad atraería la atención de los viajeros.

¡ Por fin entenderían que era Juan quien velaba por ellos!   ¡Que si no fuera por él, chocarían contra las rocas y se los tragaría el mar! 

A media noche, naufragó una nave centelleante de luces. En medio de las tinieblas, Juan escuchó el horrendo crujido del  casco al partirse.

A ratos, entre el fragor de las olas, le llegaba el ulular de las sirenas que pedían auxilio y los gritos desesperados de los que se ahogaban.

Toda la noche, los sobrevivientes lucharon por mantenerse a flote. Pero el frío del agua les iba endureciendo los músculos, y uno a uno, agotados, se entregaban al abismo.

Solo uno logró nadar hasta el promontorio.

La luz del alba, rosada e inocente, iluminaba los restos del naufragio que flotaban sobre las olas.

Juan corrió hasta el borde del agua, al encuentro del náufrago.

Loco de alegría, le apretó con fuerza la mano entumecida:

-¡ Qué gusto de conocerlo, amigo!  ¡ Yo soy Juan, el que maneja el faro!





domingo, 30 de mayo de 2021

DOS VIDAS.

-¡ Qué oficio tan ingrato es el mío!-  rezongaba la Muerte, mientras subía a un autobus.

El hombre que aparecía en su lista vivía en los suburbios y a esa hora de la noche, ya le dolían los pies.

Al subir a la pisadera, le crujieron los huesos y sintió un dolor agudo en la cintura, como si le clavaran un cuchillo en los riñones.

-Es el peso de los siglos- suspiró, apesadumbrada-¿ Cuando me podré jubilar?

Pensó con rencor en su hermana, la Vida. siempre tan joven y rozagante. Tenían la misma edad, pero, mientras la Muerte envejecía, su hermana parecía rejuvenecer con cada nacimiento que se producía en la tierra. 

-¿Por qué me tocó a mí este destino?- se condolía- Todos me odian y procuran escapar de mí, mientras que a ella la aman y lo único que ansían es conservarla....

Rumiando su amargura, se pasó de largo por la esquina en que debía bajarse. Luego de retroceder varias cuadras, llegó por fin a la casa de Juan. Así se llamaba el mortal que encabezaba su lista.

Repasó los datos que aparecían a continuación:    Sexo masculino. Edad treinta años. Causa del fallecimiento: ataque cardíaco.

- ¡Vaya!  ¡ Pobre! Tan joven aún...pensó con lástima fría, aunque su corazón estaba encallecido y era difícil que algo llegara a conmoverlo.

Cuando Juan la vio entrar, adivinó de inmediato quién era.

-Por favor ¡ te lo ruego! Concédeme un día más...

-¿ Y para qué quieres un día más? ¿Crees que en veinticuatro horas va a cambiar tu destino?

-¡ Sí!  Porque estoy seguro de que ella vendrá. Le escribí diciéndole que estoy enfermo y que necesito verla una vez más...Moriré feliz si antes puedo pedirle perdón por mi abandono.

- ¡Bah!- se burló la Muerte, despectiva- Aquí tenemos un caso de verdadero amor...¡ Hacía tiempo que no veía uno! 

-¡ Por favor!  -le suplicó Juan- Ven pasado mañana, cuando ya la haya visto y te juro que me iré contigo sin quejas.

Si esto hubiera ocurrido más temprano, la Muerte no habría tenido piedad, pero a esa hora de la noche estaba muy cansada y no le quedaban fuerzas para discutir.

-Está bien- le respondió con voz dura- Hoy es Martes. te doy hasta el jueves a medio día y ni un minuto más.

Salió arrastrando los pies y consultó su lista. El siguiente era un nombre de mujer:   María. Veinticinco años. Causa de muerte: atropeyo en la vía pública.

Por la dirección, constató que vivía en una ciudad más o menos alejada y decidió irse en tren para dormir un rato.

Llegó al amanecer, reanimada por unas horas de buen sueño y se dirigió de inmediato a la casa de María.

La encontró preparando una maleta.  Al verla entrar, la joven palideció y se afirmó en el borde de la mesa.

-¿ Por qué vienes a buscarme?  No estoy enferma...

-No es parte de mi trabajo el darte explicaciones.

-  Tienes razón,perdóname...Pero, te ruego que me concedas un día más.

-Y ¿para qué, si puede saberse?  ¿ Qué es lo tan urgente que tienes que hacer?

-Tengo que ver a alguien... ¡Está enfermo y me ha rogado que vaya!  Quiero que sepa que ya lo perdoné y que lo sigo amando, igual que antes.

- ¿ Otra  más?  ¿ Será entonces que el amor existe todavía?  Nadie lo creería, viendo como marcha el mundo...

-Está bien-concedió la Muerte- Te doy hasta mañana, pero ni un día más, mira que mi tiempo es valioso y no estoy acostumbrada a conceder prórrogas...

A esas alturas, le pareció demasiado grande la coincidencia y la siguió con sigilo. Cuando la vio subir a un tren, fue tras ella y se acomodó al fondo del vagón. 

 Cuando María bajó en una estación, la Muerte bajó pegada a sus talones, como si fuera su sombra. Tal como lo sospechaba,  se encontró en el mismo pueblo y en el mismo barrio a donde había estado la noche anterior.

María caminaba apresurada, casi corriendo, ansiosa por llegar pronto a su destino.

Cruzó la calle sin mirar y un automóvil que viajaba a gran velocidad, se precipitó sobre ella.

La Muerte, sin saber lo que hacía, la sujetó del vestido y la arrastró a la verda.

-Pero ¿ qué he hecho?  Yo, la Muerte, he salvado una vida...¿ Qué me pasa?  ¿ Es que ya estoy  senil?

Al mirar su lista, donde antes decía que María moriría atropellada, vio que su nombre se había borrado.

Sin sorprenderse, la vio tocar el timbre en la casa de Juan. Se abrió la puerta y un grito y un suspiro resonaron en la calle desierta. Entraron abrazados y ya no los vio más.

-Bueno, es verdad que el amor existe- murmuró entre desdeñosa y contenta. Y para asumir completo su fracaso, borró también de su lista el nombre de Juan.





domingo, 23 de mayo de 2021

TARDE DE PERROS.

Julio había amanecido de mal ánimo y, para colmo, en la escalera se le atravesó un gato negro.

¡ Era sin duda, un augurio de mala suerte!  Estaba claro que el resto del día se vendría torcido...

  Al llegar a la oficina, lo esperaba un recado amenazante.  Se lo dio Rosita, la secretaria, con una mezcla de lástima y oscuro regocijo.  ¡ El gerente lo llamaba a su despacho!

Como era de esperar, lo despidieron. Y lo peor era que Julio, que venía de provincia, había gozado hasta ese momento del privilegio de alojar en una dependencia de la Empresa. Un cuartito minúsculo que era todo su hogar y su fuente de privacidad en este mundo.

Con el despido, quedaba sin sueldo y sin techo bajo el cual refugiarse.

Se fue  a vagar por el parque y se dejó caer en un banco. Una tremenda pesadumbre se abatió sobre él. Apoyó la cabeza en el duro respaldo y sin saber como, se quedó dormido.

Y lo más raro fue que soñó que era un perro.

Un perro vago o " en situación de calle" , como le dicen ahora a los que no tiene casa.

No tenía a donde ir y deambulaba sin rumbo por la ciudad despiadada. Acostumbrado a las patadas y a los pisotones, iba orillando las murallas, tratando de ocupar el menor sitio posible.

Para colmo, empezó a llover y en cosa de segundos, quedó calado hasta los huesos. Su único consuelo fue pensar que seguramente, la mitad de las pulgas se le habían ahogado...

Se refugió en el quicio de una puerta y de pronto, escuchó el frenazo de unos neumáticos y una voz cariñosa que decía:

-¡ Pobre perrito!  ¡ Seguro que alguien lo abandonó! 

A continuación, unos brazos lo cogieron y se encontró en el  tibio interior de un automóvil. Una mujer muy elegante le sonreía. El chofer le echó una mirada despectiva por el espejo retrovisor, pero no dijo nada. Estaba claro que la que mandaba era la señora y no había más que hablar.

Llegaron a una casa en el barrio alto. Una mucama abrió la puerta y al entrar, lo primero que Julio vio fue un enorme gato negro ovillado en un sillón. Al verlo, lanzó un bufido y se le erizó la piel desde la nuca hasta la punta de la cola.

Julio tuvo un deja vu...Le pareció que la imagen del gato negro era un mal augurio que venía persiguiéndolo desde temprano. Pero, en su mente de perro, no pudo recordar de donde le venía la instuición.

-¡ Cholito!  ¿ Qué te pasa?- lo amonestó la dama, con dulce acento- ¡ Tienes que ser bueno con este huerfanito que acabo de recoger!

Julio pensó que pedirle a un gato que fuera bueno resultaba irónico. ¡ Por algo eran los regalones de las brujas! 

Sus temores resultaron fundados. Cholito parecía ser uno de los peores de su especie. 

Maligno y astuto, se las arregló para que echaran a Julio a la calle en cuestión de horas.

Arañó, rompió y ensució cuanto pudo, logrando siempre que le echaran la culpa a él.   Y así, se vio arrojado otra vez a la intemperie y a su triste vida de perro vagabundo.

Con las orejas caídas y la cola gacha, se refugió en el umbral de una puerta y, a pesar de su pena, logró dormirse.

Entre  sueños pensaba : ¡ Ojalá no volviera a despertar!  

Pero lo hizo. Y despertó como lo que era. Como un cesante sentado en un banco del parque, hambriento y sin tener a donde ir.

-¡ Ay!  -suspiró acongojado- ¡ Ojalá hubiera podido seguir soñando que era perro!   Ser una persona es mucho peor.





domingo, 16 de mayo de 2021

EL FANTASMA QUE LEIA.

Marcos, muchacho provinciano,  había quedado aceptado en una prestigiosa Universidad de la capital.  El problema del alojamiento lo solucionó su mamá : tenía allá  una amiga viuda que recibía pensionistas.

Así fue como una tarde, cargado con su maleta, Marcos tocó el timbre en una casa antigua en un barrio periférico.

Le abrió una señora gordita que se notaba que vivía sola,porque de inmediato se largó a hablar, como si le hubieran quitado una mordaza.

-¡ Pasa, Marcos!  Estoy encantada de tenerte aquí...

Y parloteando sin descanso, lo condujo a un dormitorio pequeño, con una cama y un velador. El resto del espacio lo ocupaba un librero que cubría casi toda una muralla.

Pablo se puso a revisar los libros. Estaban llenos de polvo, evidenciando que nadie los había leído en años. El nombre de la dueña se repetía en las primeras hojas : Edelmira.

Esa noche se durmió en seguida, cansado por el viaje.  Pero al amanecer lo despertó una sensación extraña. ¡ Había alguien más en la habitación!

Se sentó en la cama y asombrado, vio que junto al librero estaba parada una mujer. Sus formas se distinguían apenas, como si estuviera formada de vapor o de niebla.

A Marcos se le erizó el pelo de la nuca al comprender que se trataba de un fantasma. 

Lanzó una exclamación de espanto y entonces, el fantasma se volvió hacia él y le señaló el librero con un gesto imperioso de su mano.

-¿ Qué quiere?- logró articular Pablo, con un hilo de voz.

Ella no respondió y siguió señalando el librero.

-¿ Quiere que le lea algo?- le preguntó Marcos, ya más envalentonado- ¿ Se quedó en la mitad de una novela y quiere saber el final? 

Ella negó violentamente con la cabeza. Se notaba furiosa al no ser comprendida. Le dio una última mirada de frustración y desapareció.

Pablo no pudo volver a dormirse. Le dolía la cabeza. Trató de creer que todo había sido un sueño, pero estaba bien seguro de que la visita del espíritu   había sido real.

A la hora del desayuno, no pudo evitar contarle su aventura a la dueña de la pensión.

A medida que lo escuchaba, la señora se iba tornando más pálida.

-¡ Oh!  ¡ Es mi hermana Edelmira!  Murió hace muchos años...

-¿ Y qué cree usted que pide?

Ella se quedó pensativa unos minutos y luego exclamó:

-¡ Ya sé!  ¡ Es la carta!

Marcos la miró interrogante y la señora le explicó que Edelmira tenía un novio estudiando  en el extranjero y que días antes de morir, le había escrito una carta.

-¡ Me pidió que la llevara al correo!   Yo la puse entre las páginas de un libro y después, con el dolor de su partida y los meses de duelo, la olvidé...¡ Ahí tiene que estar todavía!

Junos fueron al dormitorio de Marcos y vaciaron sobre la cama todos los libros del mueble. Se levantó una nube de polvo y hasta una cucaracha salió de entre las páginas de una novela de Kafka...

Al fin, la encontraron.

-Y ¿qué hacemos ahora? - preguntó Marcos.

-Buscar al destinatario, creo yo- reflexionó la gordita con un suspiro hondo-  Edelmira no

 podrá descansar mientras él no reciba la carta.

-¿ Y ese señor  habrá vuelto ya del extranjero?

-  Han pasado más de veinte años- suspiró la señora - Tuvo tiempo de sobra para hacerlo.

En el sobre estaba la dirección y Marcos se ofreció a investigar.

Su búsqueda lo llevó a una casa antigua, en las afueras de la ciudad.

Tocó el timbre y le abrió una mujer madura, con cara de pocos amigos.

-¿ A quién busca?- le preguntó con acritud.

-Busco a don Emeterio Quiñones.

-Y ¿ para qué lo quiere, si se puede saber?

-Le traigo una carta de Edelmira...

-¿ De esa ingrata, vampiresa, mala pécora?  ¿ Y ahora se acuerda de escribir?  Mi pobre hermano murió esperando una carta suya.

Y le cerró la puerta en la cara, sin tomar el sobre que Marcos le tendía.

Ël pensó que no le quedaba más que ir al cementerio.

Allá le dieron las señas de la tumba de Emeterio.

Estaba en un rincón del camposanto, bajo las ramas de un ciprés que le prestaba su sombra.

Marcos dejó la carta sobre la lápida y se alejó, pensando que había cumplido su misión.

Había caminado unos pasos, cuando un ruido leve lo hizo mirar atrás.

Vio como la loza se deslizaba hacia un lado y una mano larga y neblinosa se apoderaba de la carta y se la llevaba a la profundidad de la tumba.

Esta vez no se asustó. Pero, salió rápido del cementerio. La verdad es que a esas alturas,  los enredos de fantasmas ya lo tenían harto.