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Les doy la bienvenida a mi blog y les solicito encarecidamente que me dejen sus comentarios a mis entradas, pues su opinión es de gran valor para mí.



domingo, 19 de agosto de 2018

BETTY QUIERE SER MODELO.

Una mañana, Betty entró como una tromba en el departamento de su amiga Nora.
-¡Escucha!   ¡Una revista femenina está organizando un desfile de modas y tenemos que presentarnos al casting !
-Pero, Betty ¡ esos casting son para veinteañeras anoréxicas!
-¡ Te equivocas!  Varias marcas de ropa van a presentar modelos para treintañeras y necesitan gente como nosotras para lucirlos...
-¡ Treintañeras!  jaja  Hace ya tantos años que se nos fueron los treinta, que si miro para atrás, apenas los diviso...
-No seas derrotista.  Las bases del concurso no estipulan edad...y tampoco discriminan a las gorditas.
Betty dijo Eso último con tono esperanzado mientras se miraba de reojo en el espejo del tocador.
-¿ Y cuando es el casting?- preguntó Nora, casi convencida.
-Esta tarde a las 16...Así es que almuerza algo liviano. Una hoja de lechuga bastará.
Cuando llegaron al lugar del evento, vieron que estaba lleno de interesadas. Las alumnas de una academia de baile se habían inscrito en masa y entraron con un andar cimbreante de palmera hawayana.  Miraron con desdén a las del Taller Literario, entre las que se encontraban Nora y Betty.
-¡ Se equivocaron, gorditas!  ¡El Concurso de cuentos es el próximo mes!
Incluso una flaca, de  talla treinta y ocho, se atrevió a agregar:
-No hay nada que engorde más el trasero que pasarse el día frente al computador...
Betty se sintió aludida y roja de rabia, se avalanzó a pegarle.
Nora la sujetó con fuerza.
-No les hagas caso. ¡ Son unas picadas!  -y para apaciguarla, agregó - No saben que a nosotras no da lo mismo quedar o no...¡ Somos más que una percha para colgar ropa!
- ¡ A ti no te importará, pues Nora! -le respondió ella, furiosa-  Estás asumiendo de antemano el fracaso ¡ Creí que tenías más confianza en ti misma!
Nora la miró preocupada. Se dio cuenta que para Betty quedar en el casting era cosa de vida o muerte. Y deseó que si elegían a una de las dos, fuera Betty, porque otra cosa haría peligrar su amistad.
Cada vez que entraba una nueva postulante, por lo menos cincuenta pares de ojos la atravesaban como dagas mortíferas.
El jurado estaba compuesto por la directora de la mencionada revista, una modelo argentina que a todas las llamaba " querida", tres dueñas de boutiques, cuyos modelos se exhibirían en el desfile, y el famoso modisto Luchino Frescoli, que entró muy perfumado y envuelto en un abrigo de piel.
Al  parecer, era  piel natural, no sintética... Porque en la vereda del frente había un grupo de ecologistas con pancartas y tarros de pintura, esperando que el modisto saliera para vaciárselos sobre el abrigo.
A cada postulante le dieron un número, le tomaron una foto y la hicieron desfilar por una pasarela improvisada.
Nora, de puros nervios se tentó de la risa y desfiló riéndose, como si le acabaran de contar un chiste de gallegos.
Betty, posesionada de su papel, se quitó la chaqueta y caminó arrastrándola por el suelo con displicencia...
La modelo argentina repartía sonrisas y a todas les decía:
-Nosotros te llamaremos, querida.

Pero, ni a Betty ni a Nora las llamaron jamás...y superada la decepción inicial, siguieron siendo tan amigas como antes. 


domingo, 12 de agosto de 2018

DIFERENCIAS.

Daniel había empezado a sentir un extraño ardor en la espalda, un cosquilleo que no lo  dejaba dormir. Como si algo le estuviera brotando ahí, secretamente.
Una mañana, al ducharse, notó que los huesos de sus omóplatos habían engrosado. ¿ Se notaría el bulto a través de la camisa?  Decidió no quitarse la chaqueta en la oficina,  aunque se sintiera incómodo.
Al cabo de una semana, ya no le cupieron dudas. ¡ Le habían crecido alas !
-¿ Qué voy a hacer ahora?  - se preguntaba angustiado- ¿ Como voy a ocultar lo que me pasa?
Sentía verguenza y miedo. Pensaba que la única forma de ser aceptado era parecerse  en todo  los demás...Las personas diferentes eran acosadas y perseguidas.... Se imaginó una turba vociferante que corría tras él por la calle, para encerrarlo después en una jaula.
¡ Nadie tenía que saberlo! 
Ocultar su secreto se trasformó en la prioridad de su vida  y ese esfuerzo lo fue envolviendo una irremediable soledad .
A pesar de su  angustia, la posesión de esas alas lo llenaba de placer. Por las noches, en su dormitorio, se sacaba la camisa y las dejaba desplegarse en total libertad.
Estaban cubiertas de un plumaje blanco que recordaba el de los cisnes y al extenderse, parecía emitir un suave rumor, como el de las hojas del follaje cuando lo atraviesa el viento.
Una noche,  abrió la ventana y presa de un impulso, se lanzó a volar por sobre los techos de la ciudad.
Tiritando de emoción, sobrevoló las calles iluminadas. Lo embargaba una alegría indescriptible, pero al mismo tiempo tenía miedo. Pensaba que si alguien lo divisaba desde algún edificio, podría dispararle solo por el gusto de verlo caer.
Volvió a su dormitorio y se prometió a sí mismo no repetir la peligrosa experiencia. Decidió vivir como una persona corriente, olvidando aquella carga maravillosa que llevaba sobre la espalda y que lo ponía en peligro de ser discriminado y perseguido.
Todas las tardes, al salir de su oficina, tomaba el mismo autobús para llegar a su casa.  Sin querer, empezó a observar a una joven que hacía el mismo recorrido.
No era especialmente linda, pero lo atraía su aire reservado y solitario. A penas se sentaba, abría un libro y todo el trayecto se lo pasaba leyendo, sin mirar a su alrededor.  Daniel podía mirarla libremente y se sentía seducido por ella cada día más. A veces, la muchacha levantaba la vista y sorprendía su mirada, pero en seguida apartaba la vista y continuaba la lectura.
Una tarde, Daniel decidió bajarse junto con ella y seguirla de lejos, sin que lo notara.
Pero, ella se volvió bruscamente y le preguntó:
- ¿ Por qué me sigues?
-Perdona...Quería conocerte... Quizás invitarte a una taza de café.
Ella pareció vacilar, se notaba que dudaba si aceptar o no, pero se sobrepuso y le dijo con sequedad:
- Es mejor que te olvides de mí. Tú y yo somos diferentes.
En seguida entró a un edificio de departamentos y desapareció.
Daniel se quedó parado en la vereda, sintiéndose humillado y triste.
Mientras se dirigía a su casa, se preguntaba:
-¿ Por qué me habrá dicho que somos distintos?  ¿ Habrá adivinado mi secreto?
Más tarde, en su habitación, se quitó la camisa. Las alas se desplegaron con una euforia de libertad y su resplandor blanco iluminó la penumbra.
Pensó que después de todo, había sido mejor que ella lo rechazara. ¿ Como habría reaccionado después, cuando le revelara su secreto?
Abriendo la ventana, se lanzó volando hacia la noche. Le daba lo mismo ya si alguien lo veía y le disparaba. Le resultaba cada vez más difícil soportar una vida de ocultamiento y soledad.
Se dirigió hacia el edificio donde la había visto entrar esa tarde.
Estaba en sombras, solo había una ventana iluminada en un piso alto. ¿ Sería la habitación de ella?
Se sentó en el techo de una casa vecina y decidió pasar ahí la noche.
De pronto, la ventana iluminada se abrió y apareció la joven, envuelta en una bata oscura.
Miró en todas direcciones, como si temiera ser vista y luego dejó caer la ropa que la envolvía.
Dos alas blancas se desplegaron a su espalda.  Permaneció un instante, indecisa y luego se echó a volar.
Loco de alegría, Daniel voló hasta alcanzarla.
Se elevaron sobre la ciudad dormida y vieron que muchas ventanas se abrían y de ellas salían otras personas aladas, que su unieron a ellos  hasta formar una bandada.

Daniel comprendió que había muchos seres diferentes en el mundo y que ya nunca volvería a estar solo. 


domingo, 5 de agosto de 2018

ENCUENTRO CON LA NENA.

Mariela estaba lavando la verdura , sin tener una idea todavía de qué podría preparar para el almuerzo. Pedro, como siempre había salido sin dejarle dinero... Afortunadamente, quedaba todavía la mitad de un paquete de macarrones...
Sonó el teléfono y fastidiada pensó en no contestar. Pero se arrepintió y su alegría fue grande al escuchar la voz de la Nena.
¡ Habían sido tan amigas los últimos años en el Liceo!  La Nena era hija de los dueños de la tienda que quedaba frente a la plaza del barrio. Siempre tenía dinero para comprar helados o pasteles a la salida de clases. En cambio, los papás de Mariela eran pobres...Pero, eso a la Nena no le importaba y la había elegido entre todas, para que fuera su amiga.  
 Hacía mucho tiempo que no se veían.   Años, en realidad... ¡Y ahora la estaba llamando! 
-Hoy voy a andar cerca del centro y me gustaría que nos juntáramos-  le decía, como si se hubieran visto el día anterior-  ¿ qué te parece, Mariela?
Quedaron a las cuatro,frente a la Plaza de Armas.
Mariela se sintió feliz y al mismo tiempo nerviosa.  Se miró las manos  mal cuidadas , tocó su pelo que hacía tanto tiempo que no se arreglaba en una peluquería...Y  lo peor de todo, no sabía qué ponerse. No quería  que la Nena sospechara su situación desmedrada...
Ni que adivinara lo poco que ganaba Pedro como vendedor,recorriendo las calles todo el día con su maletín de muestras.     
¡Ah, pero tenía el abrigo nuevo!
Lo descolgó del closet con renovado placer.  Era rojo,con cuello de terciopelo negro.  El día que lo vio en la vitrina de la tienda, ya no pudo despegarse de ahí. Se quedó hechizada. mirándolo...Pedro se enojó cuando la vio llegar con el paquete.
-Y ¿cómo crees que lo vamos a pagar ?
Pero al ver sus ojos arrasados de lágrimas, se arrepintió de su rabia y la abrazó.
Sí, se pondría el abrigo abrochado hasta abajo para que no se le viera la falda...  Sus zapatos de tacón alto  todavía estaban bien.
En la tarde tuvo que esperar a que le llevaran el cilindro de gas para la cocina  y salió atrasada a tomar el Metro.  Ansiosa corrió hasta la estación. ¿ Qué pensaría la Nena al no verla llegar?   ¿Creería que no quería verla?
Cuando bajó frente a la Plaza,ya eran las cuatro y veinte.Trató de correr, pero le molestaban los tacones.Y había tanta gente que la empujaba y no la dejaba avanzar.
A mitad de la cuadra, divisó a la Nena en la esquina. Alta y rubia,con su pelo brillando bajo el sol invernal.
¡Nena! Quiso llamarla, pero no la habría oído,entre los bocinazos y los gritos de los vendedores.
Cuando le faltaba poco para alcanzar la esquina,la vio mirar su reloj con fastidio y empezar a alejarse.
-Nena!-gritó.
El semáforo cambió de luz. Escuchó un frenazo y gritos.
¡Atropellaron a alguien! -pensó-Pero, no puedo pararme a ver...  ¡Tengo que alcanzar a la Nena!
De pronto vio que la calle parecía cambiada. Se había oscurecido  de un minuto al otro y una niebla densa envolvía los edificios. ¿Me habré perdido? - se preguntó, angustiada- Y la Nena  ¿donde está?
El lugar entero había cambiado.
Se encontró,sin saber como,caminando por un parque. Estaba muy cansada por haber corrido...Vió un banco y pensó en sentarse un momento. Había allí una mujer,con las manos juntas y la cabeza baja. Al mirarla de cerca reconoció a su madre. Pero ¿cómo? Si ella había muerto hacía más de cinco años...
-Mamá-la llamó. La mujer alzó la vista y la miró con ternura.
Mariela se arrodilló y puso la cabeza en su regazo.Estaba tan cansada ¡Solo quería dormir!
.......................................
Fue inútil-dijo el enfermero,retirando el oxigeno.
-Y ¿supiste cómo fue?
-Sí, los policías me dijeron que un automóvil la atropelló en el centro.
- ¿Andaba con alguien? ¿ Pudieron identificarla ?

-No, parece que andaba sola. Pero, ¡mira!  Traía puesto ese abrigo rojo ....Revisa los bolsillos a ver si encuentras la cédula de identidad.


domingo, 29 de julio de 2018

AYER ES HOY.

Esa tarde, al volver del trabajo, Laura logró conseguir un asiento en el Metro. Eso era bastante inusual, porque siempre le tocaba viajar de pie.
En mitad del túnel, el tren frenó violentamente y Laura se azotó la frente contra el vidrio. Fue un golpe tan violento, que vio todo negro y sintió que perdía el conocimiento.
Aún mareada, se bajó del tren y notó que lo había hecho por error en la estación del barrio donde vivía su mamá.
Después de todo-pensó- hace días que tenía ganas de ir a visitarla.
Era un antiguo edificio de cuatro pisos, sin ascensor.
En la escala se encontró con Zulema, la señora que hacía el aseo en los departamentos.
Alcanzó a extrañarse, porque le parecía que había jubilado ya hacía un tiempo. Pero ella la miró como si se vieran todos los días y le dijo:
-¡ Apúrese, Laurita!   Su mamá está en cama con dolor de cabeza y sería bien bueno que le preparara un té.
Sin demorarse más, Laura corrió escaleras arriba. Maquinalmente, buscó las llaves en su bolsillo y vio que iba vestida con su chaqueta escolar.
Su mamá la recibió quejumbrosa:
-¡ Ay, Laura!  ¿ Por qué no te vienes directo cuando terminan las clases?
Laura no entendía...¿ Como era posible que hubiera retrocedido en el tiempo y fuera de nuevo una estudiante?
Se echó en los brazos de su mamá y empezó a besarla en la cara y en el pelo, sofocándola con sus caricias.
-¡ Laurita!  Déjame, que me duele la cabeza...Anda mejor al salón, porque hace rato que te está esperando un muchacho.
Corrió, sabiendo que se encontraría con René.
Ahí estaba, sentado en el sillón bajo la ventana, con cara de malhumor.
Pero, al verla, se paró de un salto y sonrió aliviado.
-¡ Creí que no llegabas nunca...!
Ella contempló con avidez su figura delgada, el mechón de pelo oscuro que le caía sobre la frente.  Sabía que, en el presente, él  era un hombre canoso, de mediana edad, que de vez en cuando aparecía en el diario, promocionando su nuevo libro.
René buscó en su bolsillo y le entregó una barra de chocolate.  En el tiempo en que era un estudiante, seguramente ese gasto era un verdadero desangramiento de su escaso presupuesto.
Laura lo miraba sonriendo, pero sentía un secreto dolor en el corazón.  Sabía que pronto iba a dejar de quererlo.
¡ René!- pensaba- ¿ Por qué no supe amarte?  ¿ Por qué te cambié por alguien que a tu lado valía tan poco?   Y ahora...¡ Ahora eres tan solo un recuerdo  añorado de mi juventud!
Abrumada por la tristeza, cerró los ojos.
Cuando los abrió, vio al pasajero que viajaba a su lado en el Metro y que la miraba preocupado.
-¡ Señorita!  ¿ Se siente bien?  Se golpeó muy fuerte en la frente...
- Me siento bien, gracias- respondió Laura, confundida- ¿ Estuve inconsciente mucho rato?
-¡ No !  Apenas unos segundos.
El tren estaba aún detenido en el túnel, pero enseguida se encendieron las luces y se reanudó la marcha.
-¿ No ve ?- le preguntó el pasajero- No fue nada...Ya todo vuelve a la normalidad.

-¡ Sí! -suspiró Laura- Todo parece que vuelve...pero, nada vuelve en realidad. 


domingo, 22 de julio de 2018

BETTY ENAMORADA.

A media mañana llegó Nora a casa de Betty. Venía roja y sudorosa porque había estado trotando.
-Te ves muy tonificada- le dijo Betty- En cambio yo, estoy blanda como un spaguetti recocido.
-¿ Qué te pasa, amiga?  Te noto triste. ¿ Será que te enamoraste otra vez?
-¿ Como que otra vez?- se engrifó Betty.
-Sí, pues. Si hace un mes atrás me dijiste que estabas enamorada sin esperanzas y yo no te podía hablar sin que soltaras el llanto...
 -¡ No me acuerdo!
-Yo sí, pues Betty, y no te enojes...Pero creo de que ya es tiempo de que madures un poco.
-¡ Claro, Nora!  A tí no te cuesta nada hablar, como tienes pareja...En cambio yo, estoy sola como una boya en alta mar.
Y se le llenaron los ojos de lágrimas, como si a su lado estuviera alguien picando cebolla.
Nora, compadecida, la abrazó.
-Mira, Betty, cuando rompiste con Alfredo andabas como zombi. No sabía qué hacer para subirte el ánimo...¡Y a la semana ya andabas entusiasmada con otros dos !
-¿ Y qué tiene de malo?  Necesitaba enamorarme de nuevo para que no se me apolillara el corazón.
-¡ Claro!   Y actuaste como si el Amor tuviera una oferta:  Lleve dos y pague uno"
-Es cierto...Y descubrí que las ofertas, o son falsificadas o vienen  falladas de fábrica.
Betty suspiró y clavó los ojos en la ventana abierta, como si esperara ver entrar volando una nueva ilusión.
-¡ No te desanimes, Betty!  Una chica como tú no puede estar sola mucho tiempo.
-¿ Una chica, dices? ¡ Ay, Nora!  A mí, de chica solo me queda la esperanza.

-¡ Tonterías, amiga!  Pero te aconcejo que no busques el Amor con tanta insistencia. Cuando dejes de buscarlo, él vendrá a buscarte a tí. No hay que sacudir el árbol para que caiga la fruta. Cuando está madura, solita cae...Es cosa de estar ahí para recibirla.


domingo, 15 de julio de 2018

LA MAGIA DE UN CUADRO.

Cuando Marcos rompió con Graciela, no quiso llevarse aquel cuadro.
Al verlo salir con su maleta, ella le recordó débilmente:
-¡ Se te queda la pintura!
El la miró fríamente y le contestó:
-¡ Quédate con ella!  Después de todo, la pinté para ti.
Graciela pensó que se la dejaba simplemente porque la hallaba fea.
Representaba un paisaje marino. Un promontorio de rocas se adentraba en el mar y en la cima había un faro. Algunas gaviotas revoloteaban en un cielo gris.
A Graciela le gustaba y lo colgó en la pared. Después de todo, era lo único que le quedaba de Marcos...
Una mañana, notó un charco de agua en la alfombra, bajo el cuadro. Pensó que había sido su gato y lo amonestó severamente. El la miró herido y le hizo un mohín de desprecio, castigándola con su indiferencia.
Al otro día, el charco era más grande y esta vez comprobó que el agua había fluido desde el borde del cuadro, como si el mar se estuviera rebalsando.
Tenía tantas preocupaciones sobre su trabajo y su vida en general, que lo pasó de largo. No tenía tiempo para reflexionar sobre el misterio.
Esa noche se desveló.  Pasadas las doce, escuchó un batir de olas y vio claramente a una gaviota salirse de la pintura y revolotear por su habitación.
- ¡Bah, qué raro!- exclamó Graciela- Después de todo estoy durmiendo...
Sin embargo, al otro día encontró  una pluma blanca caída sobre la alfombra.
A la noche siguiente, decidió no dormirse por ningún motivo. Se sentó muy derecha en la cama después de haber consumido medio litro de café.
Le pesaban los párpados y ya empezaba a cabecear, cuando le llegó nítido el rumor del mar y una bocanada de aire frío terminó de despertarla.
Se levantó y se paró frente a la pintura. Vio que en lo alto del faro había un hombre que le hacía señas.
Adelantó un pie desnudo y se encontró pisando sobre arena. De un salto se puso a trepar por las rocas del promontorio. No tenía miedo. La magia de esa hora la había atrapado y todo le parecía natural.
Con curiosidad, miró hacia atrás y se observó a sí misma en la cama, durmiendo plácidamente.
Siguió trepando por las rocas y llegó al faro. La puerta estaba abierta y una escalera de caracol conducía a la cúspide.  En lo alto vio al hombre que sonreía y le tendía la mano, para ayudarla a subir.
-¡ Ven!- la urgió- ¡ Desde arriba se ve un paisaje estupendo!
Era cierto. Una preciosa playa de arena blanco se extendía hasta perderse de vista y en la línea del horizonte, en la que un barco pesquero permanecía inmóvil.
-¡ Mira tú hacia allá!- le dijo Mariela- ¿ Ves mi cama y a mí misma durmiendo?  Se nota que todo esto no es más que un sueño.
-Te equivocas- le respondió él- Soy tan real como tú. Solo que mi mundo es paralelo al tuyo y para entrar en él sólo debes soltarte y dejarte ir, como si flotaras sobre las olas.
Mariela lo miró y vio que sus ojos eran verdes como el mar y que su pelo estaba descolorido por el sol. El le sonrió en silencio y le señaló una bandada de gaviotas que se había posado sobre el agua.
Desde lejos les llegó el sonido de una campanilla.
 -¡ Es mi despertador! exclamó Mariela, pesarosa  -  Me tengo que ir   ¡Pero tú, por favor no te vayas... ¡ ¡Volveré apenas pueda!
- Mi mundo es éste- contestó él sonriendo-¿ A donde más podría ir?
Esa tarde, al volver de su trabajo, la detuvo el conserje.
-Señorita Mariela, vio su amigo Marcos a buscar un cuadro que se le había quedado. Le dejó las llaves y un mensaje.
Mariela leyó las breves líneas, consternada : " Me llevo el cuadro porque lo necesito para completar mi exposición. Después te lo devuelvo".
Días después de la inauguración, se decidió a ir a ver  la muestra que se exhibía  en una conocida galería.
Vio que había bastante gente y comprendió que Marcos había tenido éxito. 
En un lugar destacado estaba el cuadro con el faro. Lucía un cartel que decía " vendido".
-¡ Perdona, Mariela!- le dijo Marcos, que se paseaba envanecido entre sus admiradores- ¡ No creí que se vendiera!  Pero, te pintaré otro igual, no te preocupes...

Por supuesto, jamás lo hizo...Y Mariela terminó por olvidar el breve sueño que le había brindado la magia de aquel cuadro.


domingo, 8 de julio de 2018

DUDAS.

Rubén se había subido a ese bus, sin un propósito determinado, viajando hacia ninguna parte.
Llevaba unos audífonos puestos y en la radio, Fito Paéz cantaba:  " A donde va mi vida, a dónde va mi amor"
Rubén no sabía a donde iría su vida, pero su amor se había ido hacía tiempo. Al olvido, a la nada misma.
Se sentía deprimido, incapaz de mirar a su alrededor. Viajaba con la cabeza baja, absorto en su melancolía,  como  lanzando guijarros al agua estancada de su corazón.
Hacía un mes que Natalia había terminado con él.
-¡ No soporto más tus indecisiones y tu abulia!- le había dicho con desprecio.
Una semana después de la ruptura, lo despidieron del trabajo.  Mejor dicho, no le renovaron el contrato.
-Lo tendremos en cuenta si la situación cambia- le dijeron.
¡ Ojalá Natalia le hubiera dicho eso también !  " Te tendré en cuenta si la situación cambia..." Pero no. Lo había mirado con frialdad y le había asegurado que esa vez era la definitiva.
Y así estaba su vida: sin trabajo y sin amor.
Mataba las horas arriba de un bus y viajaba hasta el terminal, donde tomaba otro de vuelta.
Por un momento hizo contacto con la realidad y notó que al bus  había subido una niña.
Era delgada y llevaba una melena oscura que ondeaba sobre sus hombros, mientras caminaba por el pasillo.
Al mirarla, a Rubén se le ocurrió pensar:  Si pudiera olvidar a Natalia, sería por alguien como esta chica.
La vio sentarse cerca de la puerta y apartó los ojos, cohibido. Pero siguió consciente de su presencia.
  Cerró los ojos y se puso a fantasear con acercarse a hablarle.
Se le ocurrieron varias frases ingeniosas y las respuestas que ella le daba lo hacían sonreír.  ¡Qué simpática !  ¡ Qué ocurrente!
Eran almas gemelas, no cabía duda...
Pero su sueño pareció hacerse trizas cuando lo asaltó un temor:
-¿ Y si le hablo y no me contesta?  ¿ Si me mira con desprecio y se hace la desentendida?
- ¿O me contesta y me da esperanzas para luego destrozarme el corazón?
En sus audífonos seguía cantando Fito Paéz, pero esta vez decía: Fuimos juntos, solos en la ciudad.
-¡ Basta de vacilaciones!- exclamó, recordando que Natalia lo había llamado indeciso y abúlico- Tengo que arriesgarme...Quizás al otro lado del pasillo va viajando mi destino.
De un manotón se arrancó los auriculares y abrió los ojos, levantándose del asiento con determinación.

Pero la niña ya se había bajado. Casi no quedaban pasajeros y el bus iba entrando al terminal.