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domingo, 25 de septiembre de 2022

EL POEMA QUINCE.

( Inspirado en el poema de Pablo Neruda)


" Y me oyes desde lejos y mi voz no te toca."

Hace dos semanas que estás como perdida en un mundo tuyo en el que no puedo entrar. Partiste en un barco, vas navegando en no sé qué mares y me dejaste en la orilla, mirando como te alejas.

El médico no me da esperanzas. Dice que prefiere no engañarme.

-Ud. no querrá- me dijo- que ella despierte en el estado en que se encuentra su cerebro.

Y me ha explicado todo lo del aneurisma y el daño neuronal, severo e irreversible. No quiero saber más. Solo quiero quedarme a tu lado, mirando como tu pecho se expande suavemente al ritmo de esa respiración inútil que no significa que estés viva.

Contemplo tu cara inexpresiva, tan hermosa aún. Eres tú y eres otra, porque llevas puesta la máscara de tu ausencia, que es como un velo que trasparenta apenas tus rasgos desvanecidos.

" Mariposa de sueño, te pareces a mi alma

y te pareces a la palabra melancolía."


Me quedo horas junto a ti, apoyando mi frente en tu mano que ya no me acaricia. Me dejan quedarme contigo cuanto quiera.  Te hablo de nuestros recuerdos, de tantas cosas que vivimos juntos...

" Y me oyes desde lejos y mi voz no te alcanza".

¿ Como pudo pasar esto, si te veías tan bien?  En un rincón de tu cerebro había un malhechor, agazapado quizás desde cuándo, esperando el momento para atacarte.  Ni un aviso, ni un síntoma. 

Esa tarde llegamos a la casa de Nina, a celebrar su cumpleaños. Te veías preciosa, con el vestido azul y el collar de lapislázuli, que yo te había comprado, haciendo juego.  Alcanzaste a entrar, te adelantaste hacia Nina, sonriendo. De pronto tu rostro se torció en forma  extraña. Sin un gemido, caíste al suelo, inconsciente.

" Déjame que te hable también con tu silencio.

Estás como distante, mariposa en arrullo."

Le avisé a tus  hermanas y a tu madre, pero llegaron cuando ya estabas perdida en esa marea púrpura de tu sangre, que llegó para borrarlo todo, para borrarte a ti. ¡ Fue tan corta nuestra historia de amor!   Yo te recitaba los poemas de Pablo Neruda y a ti te gustaba tanto el poema quince...

" Me gustas cuando callas, porque estás como ausente"

Y ahora grito que no quiero que calles, que quiero que me hables y me digas que aún estás conmigo.

" Eres como la noche, callada y constelada"

¡ No, la noche no, por Dios!   El día...y que tus ojos se abran para mirarme una vez más.

Vuelvo a nuestra casa vacía y la recorro como un sonámbulo. En cada habitación hay imágenes tuyas congeladas en el recuerdo. Miro el jardín y te vuelves

hacia mí, sosteniendo una rosa. Tus rosas, que no sé por qué se obstinan en seguir floreciendo en este octubre en que tú ya no volverás.

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Hoy me llamaron a la oficina con urgencia. En el ascensor alguien me preguntó por ti. Me escuché diciendo:  Ahora voy a la clínica. Y terminé gimiendo como un loco: No sé, no sé... Pero sabía.

Cuando llegué, ya te habías ido. Me acerqué a tu cama y vi tu rostro pálido y apacible, libre ya de los tubos y las máquinas. Tu barco había llegado a ese muelle ignoto donde te esperaba un ángel.

" Parece que los ojos se te hubieran volado

y parece que un beso te cerrara la boca".





lunes, 19 de septiembre de 2022

TARDES EN EL HOSPITAL.

Llevaba más de una semana en el hospital. Me sentía bastante mal y pensé que me quedaban pocos días de vida, cuando gente extraña empezó a venir a verme, fuera de las horas de visita.  Noté que las enfermeras pasaban de largo sin notar su presencia y era evidente que la única que las veía era yo.

La primera que vino fue una señora gorda vestida de gris. Llevaba uno de esos sombreros con velo que se usaban en los años treinta. Llegó un poco sofocada y se dejó caer en la silla que había al lado de mi cama.

-¡ Ay!- suspiró, abanicándose con el pañuelo- No le extrañe mi falta de aire. Morí del corazón y en mis últimos días, no podía andar ni media cuadra sin perder el aliento. Por eso, algunos dijeron: Por fin descansó la pobre. Pero, sigo igual, aunque ahora camine por la otra vereda. Ud. me entiende...

La miré aturdida, dudando de  si me encontraba despierta. En ese momento vino una enfermera a darme un sedante e hizo caso omiso de la gordita. Ella ni se inmutó por el desaire. Se notaba que se había acostumbrado a pasar desapercibida. 

Pensé que era la Muerte que venía a buscarme y me alcanzó a dar un escalofrío, pero ella me tranquilizó en seguida:

-Mire, pasé un ratito no más, porque tengo que hacer otras visitas. Resulta que este mes soy yo la encargada de repartir el  " Manual de Convivencia en el Otro  Mundo."

La miré extrañada y ella me explicó con paciencia:

-Lo que pasa es que la gente llega allá sin preparación ninguna. No aceptan la realidad y se lo pasan buscando alguna puerta para volver para acá. Alborotan con sus quejas, dicen que se murieron por error y se empecinan en hacer apariciones extoplasmáticas que dejan a los vivos erizados de espanto. En general, muestran una falta de criterio y de urbanidad que es necesario corregir con estas normas.

Me entregó un librito de tapas grises y acomodándose el sobrero, se paró de la silla y se alejó. En realidad, no supe si se había ido o  se había desvanecido.  Metí el librito debajo de la almohada, para leerlo después y amodorrada por el sedante, me dormí sin haberme recuperado todavía de la sorpresa.

A la mañana siguiente, no encontré el manual y aliviada, decidí que todo había sido un sueño. Pero, bien poco me duró la tranquilidad, porque dos días después, recibí otra visita fuera de horario.  Esta vez era un hombre flaco, de terno y corbata.  Tan flaco, que los huesos de la cara pugnaban por asomársele por la piel.

Al notar que yo lo miraba alarmada, sonrió con tristeza y me dijo:

-No se preocupe, solo vine a acompañarla un rato, para que no se le haga tan larga la tarde.

Miró hacia la ventana y se quedó absorto contemplando caer la lluvia.

-Allá también llueve- observó melancólico- No es tan distinto de acá. Se va a acostumbrar, se lo aseguro. Hay más gente con quién conversar. Aquí andan todos apurados por llegar a alguna parte. Allá no tenemos ninguna parte a la cual llegar. El tiempo no existe y si existe, a nadie le importa ya.

El dudoso pronóstico de que me iba a acostumbrar muy  luego me había dejado sin habla. Al notar mi silencio,  se acomodó en la silla y continuó hablando.

- Me morí solo en una pieza de pensión. Me encontraron a los tres días, cuando la dueña  fue a cobrarme la mensualidad. En cambio, ahora tengo harta gente dispuesta a conversar conmigo. Todos los días llega un bus con nuevos habitantes. Es cosa de ir al paradero y acompañarlos a recorrer el barrio...

Me miró con simpatía y me dio unos golpecitos en la mano.

La retiré bruscamente y le contesté con rabia:

-  Yo no tengo ganas de irme todavía.

-No se preocupe, ya las tendrá. La Muerte no anda a tirones con la gente. Llega suavecito y lo mejor es que se parece a la mamá de uno.  Es tan sabia que toma la apariencia de la madre de cada uno. Así, nadie vacila en seguirla...¿ Quién no querría volver a su regazo?

Se paró de repente y me dijo: 

 -Ahora me voy, porque hace  demasiado rato que ando por aquí. Pero estaré en el paradero de buses, cuando usted llegue. ¡ La estaré esperando!

Me sentí muy poco inclinada a agradecerle su gentileza y esa noche me costó más quedarme dormida. A la mañana siguiente, al abrir los ojos vi a una mujer idéntica a mi madre parada al lado de mi cama.  Acordándome de las palabras del flaco, imaginé que era la Muerte.

-¡ Ay! ¡ No me quiero ir todavía!  ¡ No me lleve, por favor!

Mi mamá me miró consternada:

-¡ Qué te pasa!  ¿ Te volviste loca?  Los médicos te dieron el alta y te vine a buscar para llevarte a la casa.




domingo, 11 de septiembre de 2022

COSAS DEL DESTINO.

Las opiniones de las personas diferían bastante sobre el tema. Algunos decían que el Destino manda en nuestras vidas, que nada es casualidad y que siempre las cosas pasan por algo. Otros, más fríos y cerebrales, afirmaban que el Destino no existe y que tenemos libre albedrío para elegir.

Los que más se reían de esa imaginaria libertad eran unos hombres vestidos de oscuro que trabajaban en una gran oficina, en el centro de la metrópoli. Se nombraban a sí mismos  "Los Agentes del Destino" . Algunas personas creían en ellos, pero los llamaban " Ángeles de la guarda". Y en cierta forma, tenían razón. Eran ángeles sin alas, pero su ocupación no era proteger a la gente, sino vigilar que cada uno cumpliera estrictamente el destino que tenía trazado de antemano.

Jaime estaba en el grupo de los que se creen predestinados y decía siempre que " las cosas pasan por algo".  Por eso, una tarde, cuando empezó a llover y se refugió en un café, al ver ahí a Elisa, pensó que era cosa del Destino.

A esas alturas de su vida, estaba bastante decepcionado del amor en general y de las mujeres en particular. Eso, porque una chica llamada Paula, le había destrozado el corazón.

Por culpa de ella, se había vuelto cínico y de ahí en adelante, se había propuesto no volver a enamorarse jamás. Pero, la lluvia lo empujó a ese café y al encuentro con Elisa y sus propósitos se derrumbaron como un castillo de naipes.

Ella estaba sola en una mesa, leyendo una novela. A su lado humeaba una taza de café. Al escuchar el ruido de la puerta, levantó los ojos con ansiedad, como si esperara a alguien. Al ver a Jaime, una sombra de decepción opacó sus facciones.

Ella ignoraba que, unos minutos antes, un Agente del Destino montado en una bicicleta, se había subido a la vereda  y había mandado al Hospital  con un esguince de tobillo al joven que ella esperaba. La razón era evitar a toda costa que se encontraran, porque ese día Elisa debía conocer a Jaime.

La orden venía de " arriba", del Director máximo a quién nadie conocía pero cuyas órdenes eran imposibles de cuestionar.

Cuando Jaime notó que ella lo miraba con disgusto, no se amilanó. Decidió esperar en una mesa cercana para ver si llegaba el acompañante de la chica. 

- Si no llega- pensó- estaré seguro de que este encuentro es cosa del Destino.  Pero, en ese momento, la vio cerrar su novela y hacer amago de marcharse.

-¡ Por favor! ¡ No te vayas!  Acompáñame con un café hasta que termine de llover. Estoy seguro de que el Destino me trajo hasta aquí, para que pudiera conocerte.

-¡ Tonterías!- rebatió ella, en son de burla-  Sencillamente entraste al café porque andabas sin paraguas. El Destino no existe. 

En la mesa contigua, un hombre de traje oscuro que leía un diario, soltó la risa y disimuló tosiendo.  -Ya verás, niña! - exclamó en voz baja- Yo te voy a enseñar si el Destino existe o no.

Y así fue como Jaime y Elisa se enamoraron.

  Si estaban predestinados o fue simple casualidad, eso es lo de menos. El Amor no es un filósofo ni se rige por ninguna ley. Todo lo contrario, es un cabeza hueca que anda por ahí, trastornando al Mundo.  




domingo, 4 de septiembre de 2022

LA SONRISA DE HERIBERTO.

Lily había quedado cesante. La pequeña tienda de hilos y lanas donde era dependiente, cerró sus puertas.  Estaba claro que en la actualidad, las mujeres ya no cosían ni tejían como antaño. Ni siquiera  las abuelas se preocupaban ya de tejer el ajuar del nieto que venía en camino. Preferían pasar las horas chateando o buscando en Facebook la amistad de algún viudo interesante.

Lily debía un mes de pensión y no quería llegar a la casa y enfrentarse con la cara hosca de la dueña. Necesitaba pensar.

  Paladeando su incertidumbre como si chupara un limón agrio, se fue caminando sin rumbo por las calles y no supo como se encontró en el cementerio. Recorrió las avenidas sombreadas de cipreses y vio como los últimos rayos del sol se perdían entre las ramas oscuras. Cuando quiso salir, comprobó que habían cerrado las puertas del cementerio.

No tuvo miedo. Más le temía a los vivos que a los muertos, así es que de a poco se fue tranquilizando y terminó por sentarse en una tumba. Los pájaros nocturnos se llamaban suavemente entre los árboles y no tardó en asomar la luna como un botón dorado que abrochara el manto de la noche.

Era verano y aún a esa hora, hacía calor. Lily sin saber como, se quedó dormida.

Despertó con las primeras luces del día. Se lavó en un grifo y se peinó, antes de que apareciera el jardinero. Esta vez pudo leer las señas del difunto sobre cuya lápida había estado acurrucada. Se llamaba Heriberto y había muerto hacía poco, cuando apenas tenía veinticuatro años. En la cabecera de la tumba habían puesto su fotografía enmarcada en metal. Lily lo encontró muy atractivo y viendo sus ojos oscuros y pensativos, se imaginó que había sido un poeta. 

-¡ Quizás ni siquiera había alcanzado a amar!- suspiró, condolida.

Notó que la tumba no tenía flores y decidió remediar esa negligencia. Sin ningún remordimiento, sacó unos claveles de la tumba vecina. Pero no olvidó dar disculpas a su ocupante:

-¡ Perdone, señor! Pero usted tiene muchas flores. Se nota que lo querían mucho....En cambio, Heriberto era un joven poeta que no había alcanzado a amar...

Apareció el jardinero y le prestó una escoba. Con ella barrió el polvo de la lápida y arrancó la maleza que había crecido alrededor. Finalmente, con el puño de su blusa frotó el vidrio de la foto,  hasta dejarlo reluciente. 

Al salir, miró por última vez a Heriberto y estaba casi, casi segura de que él le había sonreído...

No demoró ni un día en hallar otro empleo.  Esta vez en un restorán, para que ayudara a servir las mesas. Siempre estaba lleno de gente. La mayoría le sacaba fotos con su celular a la comida que tenía en su plato, seguramente para subirla al Facebook e informar a los demás lo bien que lo estaba pasando...

Pero Lily pensaba siempre en Heriberto. Recordaba la noche en que sentada sobre su tumba, había lamentado su desgracia a media voz y cómo él había callado comprensivo, brindándole su apoyo incondicional.  Se sentía incluso un poco enamorada. ¡ Somos tan unidos!- pensaba- Si hasta pasamos la noche juntos...

Así es que, dos tardes a la semana, al concluir su turno en el restorán, se encaminaba al cementerio. Ahora disponía de dinero para comprar flores y siempre llegaba con un ramito.

Hasta que una tarde de otoño, cuando una bruma dorada envolvía los cipreses, lo vio parado al lado de su tumba, como si la estuviera esperando.

Cuando pudo articular palabra, le preguntó en un susurro:

-¿ Como saliste?

-Bueno, pedí permiso para salir.

-Y ¿ se puede hacer eso?

- En mi oficina sí. Les dije que quería visitar la tumba de mi hermano gemelo, que hacía tiempo que tenía abandonada...

Se volvió a mirar con cariño la foto de Heriberto y notó el ramo de violetas que había en el florero.

-¿ Has sido tú quién ha cuidado de la tumba todo este tiempo? No sabes cuanto te agradezco...

Lily asintió sin hablar. ¿ Para qué iba a contarle que había conocido a Heriberto después de muerto? 

Mientras hablaban, el cielo otoñal se fue cubriendo de nubes y repentinamente empezó a llover.

- ¡ Vamos!- invitó él- Cerca de aquí hay una cafetería. Nos vendría bien tomar algo caliente.

Al alejarse, Lily miró la foto de Heriberto y esta vez estuvo segura, absolutamente segura de que él le había sonreído. 




domingo, 28 de agosto de 2022

EL VIAJERO.

Ella lo vio salir con una maleta. Se había puesto su abrigo y su viejo sombrero de ala ancha.

-¿ A donde vas?

-Voy  "Allá".

-¿ " Allá"  donde?

-" Allá", donde está la Vida.  Aquí me siento prisionero. Me ahogan estas paredes.

Ella se quedó en silencio. No entendió lo que él quería decir, pero no se extrañó de su partida. Siempre supo que terminaría por abandonarla.

De a poco se habían ido rompiendo los lazos que los ataban. Ahora solo los mantenía unidos la costumbre, como una frazada gris que los envolvía sofocándolos.

Hacía tiempo que lo notaba ausente, sumergido en su introspección y no había podido atravesar el muro que se fue levantando entre ellos.

 Lo miró partir sin un gesto. La puerta se cerró sin ruido a sus espaldas. El la había sostenido hasta el último momento, para que no se golpeara contra el marco.  Tal vez pensó que esa partida silenciosa le haría menos daño a ella.

Pero, su precaución fue inútil, porque un ancho hueco de ausencia se abrió donde antes había estado su cuerpo. La vida de ella se volvió una laguna oscura a la que  iba arrojando las horas, como guijarros que se hundían sin dejar huella.

El partió libre y esperanzado. Caminó durante largo tiempo sin detenerse. Atravesó pueblos grises, envueltos en una niebla de humo o de melancolía. Ninguno de ellos era su meta.

Por fin, divisó a lo lejos la mole de una gran ciudad. Un alto muro la rodeaba y junto a la puerta vio parado un hombre.

-¿ Es esto " Allá" ?- le preguntó ilusionado.

-¡ Oh, no!  -le respondió el hombre, con un dejo de burla en su voz- " Allá " es mucho más lejos. No has recorrido ni un tercio del camino todavía.

-Y esta ciudad ¿ qué es?

-Esto es " Mientras".  Puedes descansar aquí, antes de continuar tu viaje.

A medida que se internaba en la masa gris de edificios, vio a mucha gente caminando delante de él. En sus caras brillaba débilmente la esperanza, como una brasa que crepita antes de extinguirse. 

Al día siguiente salió de la ciudad y siguió caminando sin descanso. Su espalda se fue encorvando y su pelo se volvió gris.  La incertidumbre lo agobiaba pero siguió andando sin alcanzar nunca la meta. Cuando creía distinguir a lo lejos la silueta de una ciudad, al acercarse comprobaba que era un espejismo. Los que marchaban junto a él se iban quedando atrás o se perdían en un recodo del camino.

Un anochecer, cuando creyó que ya no le quedaban fuerzas, entró por fin a una ciudad.

Las calles se veían oscuras y las puertas cerradas, pero vio brillar una luz tras el cristal de una ventana.

Golpeó la puerta y le abrió una mujer de ojos apagados.

-¿ He llegado por fin?  ¿ Es esto ""Allá" ?

No- suspiró ella- Este es el mismo lugar de donde partiste.

La miró sobresaltado y solo entonces reconoció a su mujer. En las arrugas de su cara, vio escrita una historia de soledad y abandono.

Se dejó caer a sus pies y hundiendo la cara en los pliegues de su falda, lloró largamente.





domingo, 21 de agosto de 2022

FUERZA MENTAL.

 Como era de esperar, el reloj despertador cumplió su cometido con despiadada puntualidad y lo arrojó de la cama, de cabeza a la lobreguez del día Lunes

Jorge se sintió cansado de antemano, al solo pensar en lo que le esperaba. Odiaba su trabajo y por sobre todo, odiaba a la gente con la que le tocaba trabajar. Empezando por Olguita, la secretaria, que cada mañana lo saludaba con una sonrisa:  ¡ Buenos días, Don Jorge!  ¿ Como amaneció?

A él, ese saludo le sonaba a pura hipocresía y le daban ganas de contestarle:  ¿ Y a usted, qué le importa?

A continuación, se enfrentaba con el corrillo de vendedores en torno a la máquina de café, fanfarroneando y felicitándose unos a otros, por los éxitos de la semana.  Se demoraban ahí por lo menos media hora, hasta que consideraban que ya era tiempo de honrar a algún cliente con su visita.  El resto del día, el ruido continuaba ensordecedor:  Los teléfonos, los cotilleos de las secretarias, la voz del jefe tronando desde su cubículo acristalado...A Jorge

se le antojaba estar metido en un avispero, cuyo zumbido le impedía concentrase en el trabajo. A media mañana, ya estaba de un humor de perros...

Hubo un momento en que dejó su escritorio y en el pasillo chocó con un auxiliar, que llevaba una taza de café. El muchacho tropezó y le vació parte del café en los zapatos. Jorge lanzó un rugido y con gusto le hubiera dado una cachetada. 

El auxiliar, afligido corrió a buscar una toalla de papel e hizo amago de limpiarle los zapatos, pero lo apartó de un empujón y se alejó rezongando. 

En la tarde, el mismo auxiliar entró tímidamente con un paquete. - Don Jorge, vinieron del club de lectores y le trajeron esto...¡ Ojalá sea interesante!

Se notaba que quería hacerse perdonar la torpeza de la mañana. Jorge desenvolvió el libro y vio que el título era " El poder de la Fuerza Mental".

-¡ Oh! Un amigo mío lo leyó- exclamó el auxiliar, asomándose por sobre su hombro- Me contó cosas asombrosas. Parece que si uno se concentra y pone toda la fuerza de su mente en algo, puede conseguir cualquier cosa que se proponga...

-¡Puras tonterías! -pensó Jorge, pero en el Metro se fue leyendo el libro y lo absorbió tanto que se pasó dos estaciones. ¡ Era increíble!  Daba ejemplo de personas que concentrándose, lograban que otras se plegaran a sus deseos. O fijando su atención en un solo objetivo y pensando en ello sin descanso, lo hacían realidad...¡ Era cosa de Fuerza mental y Concentración! 

Ya en su cama, con la luz apagada pensó:  Me voy a concentrar en una sola cosa: En hacer desaparecer de la oficina a todos los idiotas que ahí trabajan. ¡ No quiero tener que ver más sus caras ni oír sus risas de hienas!  Es lo único que deseo y en eso me voy a concentrar...

Y se durmió con la idea deliciosa de una oficina vacía, como un oasis de paz para él

solo. 

Cuando se levantó al otro día, ya no se acordaba y por eso fue que, al bajar del ascensor lo sobrecogió el silencio que reinaba en el pasillo.  En la oficina no había nadie.

Se quedó atónito y por unos segundos, no entendió lo que pasaba. Después se acordó de que se había dormido haciendo fuerza mental para que todos desaparecieran. ¡ Y lo había logrado!.

-¡ Qué maravillosa paz!  ¡ Qué silencio bienhechor!   Los escritorios vacíos...La oficina entera para mí ... 

En una hora despachó todo el trabajo acumulado. Después, no se le ocurrió qué más hacer. Se puso a pensar en la increíble proeza de su mente. ¡ Haber logrado borrarlos a todos solo con la fuerza de su voluntad !  Ya no tendría que escuchar más la cháchara de los vendedores, ni los gritos del jefe...Y sobre todo, se había librado de la cantinela dulzona de Olguita: ¿ Buenos días, Don Jorge!  ¿ Como amaneció?

En la tarde empezó a sentirse extraño. El silencio lo oprimía. El reloj de la pared desgranaba su mazorca de minutos con su tic tac estridente.  A veces le parecía escuchar un ruido...Pero no, en la oficina no había nadie...¿ Y no habría nadie nunca más?

Se fue a su casa dubitativo. Se sentía abrumado por lo que había hecho. Después de todo, sus compañeros de trabajo eran lo único que tenía en su vida solitaria...

Se durmió apesadumbrado. 

Al otro día, al bajar del ascensor, lo sorprendió el bullicio de siempre. Las voces estridentes, las risas, los teléfonos. Desde el pasillo escuchó el monólogo de Domínguez, el vendedor estrella, jactándose de sus logros... ¡ Qué alivio!

Olguita, la secretaria, apartó la vista del teclado y le dijo con sincero pesar:

- ¡ Lo echamos mucho de menos, ayer, Don Jorge!  ¿ Por qué no asistió al paseo de la oficina?



domingo, 14 de agosto de 2022

FALLAS HUMANAS.

La nave tocó suavemente la superficie de la tierra y el rayo impulsor se desvaneció con un siseo apenas audible.  XT supo que había llegado a destino. Tenía varios conocimientos sobre el planeta y los seres que lo habitaban. Sabía que se llamaban a sí mismos "  Seres Humanos" , pero la información que manejaba sobre ellos le hacía dudar de que ese nombre les quedara bien...

Pensó que debía abrir la escotilla y salir a explorar el terreno. Lo recibió la bóveda del cielo desplegada sobre la nave como un manto resplandeciente de estrellas. Un rápido chequeo le permitió localizar aquella de la cual procedía y eso lo tranquilizó.

XT no tenía cuerpo sólido, era solo una mente que se desplazaba emitiendo un suave fulgor. Si alguien lo hubiera mirado de lejos, habría creído que era una luciérnaga.

Percibió un campo de contornos irregulares y en la distancia, la mole de una ciudad iluminada. Era allá a donde tenía que dirigirse.  Pero, antes, tenía que adquirir forma humana.

Volvió a la nave y examinó un catálogo con apariencias para elegir y se introdujo en la cabina de concreción molecular. Al cabo de unos minutos, salió de ahí premunido de un cuerpo bastante hermoso. Pero, como nunca había tenido uno, se sentía pesado e incómodo. Otro inconveniente era que ahora poseía olfato y se dio cuenta de que había aterrizado en un basural. El hedor era horrible. A lo lejos, unas criaturas peludas se disputaban restos de comida. 

-¡ Perros!- exclamó XT, orgulloso de sus conocimientos. En las pruebas siempre había sacado notas sobresalientes . También en el examen de Biología Humana. Sabía que los hombres pensaban constantemente, pero eran sus emociones las que tendían a dirigir su conducta. Y le daban especial importancia a dos conceptos: Dinero y Poder.

Había otra  palabra que repetían a menudo, Amor. Pero su significado no parecía muy concreto y al parecer solo se trataba de un devaneo superficial.

Ahora debía interactuar con ellos, tomar notas mentales de su conducta y entregar un reporte a su regreso. Otros como él habían venido antes y su trabajo solo sería de un chequeo de rutina.

Cuando entró a la ciudad, se veía como un joven más y las sombras de la noche ayudaban a disimular la belleza de su cara.   Pasó frente a un bar en cuya puerta había un grupo de hombres.

-¿ Tienes sed?- le preguntó uno, tendiéndole una lata de cerveza.

XT sentía los labios secos y se acercó confiado. Pero otro lo tomó violentamente por detrás y le clavó una punta metálica en la espalda.

-¡ Entrega la plata y el celular, si no quieres que te mate!

-No tengo celular ni dinero- respondió XT- No tengo nada.

Lo arrojaron al suelo y varias manos tantearon sus bolsillos. Se escuchó a lo lejos una sirena policial y huyeron en todas direcciones. Varios transeúntes habían presenciado la escena pero ninguno hizo amago de ayudarlo. 

Siguió caminando y llegó a una casa iluminada. Del interior brotaba música. A XT le parecían sonidos cacofónicos, pero se dejó llevar por el ritmo y entró en la casa. Una mujer le salió al encuentro:

-¡ Hola, guapo!- le dijo, abrazándolo- Ven conmigo y yo te haré el amor...

Sus labios oprimieron los suyos, pero de pronto se apartó y lo miró con sospecha:

-Trajiste dinero, me imagino...

-No, no tengo dinero.

-¿ Y qué haces aquí entonces? ¿ Crees que por tu linda cara te va a salir gratis?  Ándate y déjame trabajar.

Lo sacó a empujones hasta la vereda. XT se alejó confundido. Al escuchar la palabra Amor se había sentido expectante. ¡ Por fin iba a conocer su significado!  Pero, para eso había que tener dinero...

Dos veces, en esa noche, le habían pedido dinero. Una, amenazándolo con quitarle la vida y la otra, ofreciéndole amor. No había duda que era muy importante para los humanos...

Cansado, se sentó en un banco de madera que había junto a una cabaña. 

-¡ No sé por qué, se me ocurre que tienes hambre!  ¿ Quieres entrar y compartir mi cena?  Era un anciano el que le hablaba.

-Pero, no tengo dinero- suspiró XT.

-Bien triste debe ser tu vida, si crees que tienes que comprarlo todo.

Lo llevó al interior de la cabaña, donde sobre una mesa humeaba una olla con sopa.  XT comió con avidez. Tenía sed y hambre, pero por sobre todo, tenía deseos de llorar. Un cúmulo de emociones lo agobiaba. Deseó librarse de ese cuerpo y volver a ser una mente, ingrávida y pura, porque los sentimientos humanos lo hacían sufrir.

Se despidió del anciano y volvió a la nave. Esa noche había conocido a muchos seres humanos, pero solo uno le pareció merecedor de ese nombre. Ahora solo quería regresar a su hogar en las estrellas y no volver a la Tierra nunca más.