Bienvenidos a Mi Blog

Les doy la bienvenida a mi blog y les solicito encarecidamente que me dejen sus comentarios a mis entradas, pues su opinión es de gran valor para mí.



domingo, 21 de octubre de 2018

SUEÑOS Y AÑORANZAS.

A Felipe le parecía que vivir era como ir manejando un automóvil por una carretera árida. Y que el Futuro era un destino incierto al que temía llegar.
Solo el Pasado lo matenía a salvo de la incertidumbre y sus recuerdos lo llenaban de añoranza, quitándole fuerzas para enfrentar el porvenir.
Tal vez esa actitud pusilánime ante la Vida, lo llevó a tener un extraño sueño.
Una noche se vio conduciendo un auto por un camino solitario. A lo lejos vio una ancha reja de hierro que le cerraba el paso.  Distinguió en ella una puerta en cuyo dintel se leían la palabra  "Pasado".
Al llegar a ella, la puerta se abrió sin un rumor.
Felipe sintió una gran alegría. ¡ Volver atrás!  ¡ Revivir su infancia!  Todo lo bueno que la vida  le había arrebatado, arrójandolo a la tierra árida de la adultez...
Le imprimió velocidad a su automóvil y atravesó la puerta.  Pero, tras ella encontró una ciudad en ruinas.   Cuadrillas de obreros la estaban demoliendo, entre nubes de polvo. Solo unas pocas murallas quedaban en pie.
-¿ Qué hacen?- les gritó Felipe, angustiado- ¿ Por qué demuelen el Pasado que tanto añoro?
-Porque no puedes seguir viviendo en él -le contestó el capataz- ¡ Hay que hacer polvo estas ruinas y sobre ellas construir el Porvenir!
-¡No! ¡ No quiero!- gritó Felipe en su sueño, y subiendo a su auto dio marcha atrás y deshizo el camino.
Al borde de la carretera vio una niñita con uniforme escolar, que le hacía señas para que la llevara.
- ¿ A donde vas?- le preguntó Felipe.
-¡ Al Futuro! -dijo ella con energía- ¡ Quiero ir al Futuro cuanto antes y ser grande de una vez!
- ¡No sabes lo que dices!-  lamentó él -La vida es muy dura, ya lo verás...
Siguió manejando sin mirarla, pero al cabo de un rato la oyó suspirar y comprobó que estaba dormida.
Sus trenzas se habían deshecho y le pareció que se veía mayor.
Lo cierto era que a medida que se alejaban del Pasado, la niña había ido creciendo.
  Pocos kilómetros más allá, ya representaba dieciocho años y Felipe la miraba entusiasmado.
-¿ Falta mucho para que lleguemos?- preguntó ella, despertando.
En la caseta del peaje, en lugar de un recibo de dieron una rosa roja y se volvió hacia la muchacha para ofrecérsela.
Unos estridentes bocinazos lo sobresaltaron...Pero no era una bocina, era la campanilla de su despertador.
Se encontró en su cama, aturdido y al principio, le costó entender que había estado soñando.
Pero la hora corría y se metió a la ducha rápidamente, confiando en que el agua fría terminaría de despertarlo.
Al entrar a su sección en el Banco, notó un movimiento inusitado. Varios de sus compañeros se levantaron de su escritorio para darle la bienvenida a una nueva funcionaria.
Alguien llamó a Felipe para presentársela.
Comprobó, estupefacto, que era la jovencita de su sueño. Ella lo miró sonriendo y le hizo un guiño, como si  se conocieran de antes...
En ese momento, el presente ya  no le pareció árido y el Futuro se le presentó lleno de expectativas.

En cuanto al Pasado, dicen que lo enterró definitivamente y sobre su tumba puso una rosa roja.   


domingo, 14 de octubre de 2018

DON JUAN ENAMORADO.

En la Empresa, Mauricio tenía fama de galán.
No solo era simpático y buenmozo, sino que un conquistador innato. Siempre se lo veía acompañado de las mujeres más estupendas  y eso lo hacía ser respetado y envidiado por el resto de sus compañeros.
El no presumía de sus conquistas. Se mostraba más bien modesto al respecto, pero le gustaba imponer su criterio frente a la belleza femenina. Le halagaba la atención que los más jóvenes que él,  prestaban a sus opiniones. Y le encantaba modificar a su antojo el criterio de los demás. Era un juego que ensayaba a menudo, burlándose en secreto de la ingenuidad de sus seguidores.
A la Empresa llegó una pelirroja sin duda atractiva, pero, después de mirarla un rato,  Mauricio dijo con tono de conocedor:
-Dicen que las pelirrojas son de temperamento ardiente, pero eso no es más que un mito. Y a esta chica, basta darle una segunda mirada para notar que tiene angostas las caderas y carece de chispa al conversar. En realidad, lo único llamativo que tiene es el pelo.
Sus palabras tuvieron efecto inmediato y  la pelirroja dejó de ser considerada una belleza irresistible. Con eso quedó demostrado que le creían más a los ojos de Mauricio que a los suyos propios.
Por otra parte, había en la Empresa una chica llamada Tamara que no llamaba la atención de nadie. Era pálida hasta ser descolorida y esbelta hasta ser flaca.  Las miradas resbalaban sobre ella o la atravesaban como si fuera de vidrio.
Hasta que un día Mauricio se quedó mirándola y comentó:    
-Hay mujeres que resultan atractivas a primera vista, pero otras tiene una belleza oculta que solo un conocedor es capaz de notar. Por ejemplo, Tamara ¿ han visto qué piernas tan largas tiene? ¿ Y ese cuello tan fino que parece el de un cisne?  Su palidez resulta muy seductora...Me recuerda a las magnolias...¡ Y qué afortunado el que la haga sonrojar!
Varios pares de ojos se volvieron hacia Tamara con un nuevo interés y esa tarde, muy sorprendida, recibió dos invitaciones para salir.
Pero, mientras Mauricio había caído en su propia trampa de Don Juan.
Conoció a una joven  a quien encontraba todos los días en el Estación del Metro y que lo tenía enamorado. Y él, tan atrevido y conquistador, no se atrevía a hablarle.
Era menudita, graciosa, pero muy seria y parecía dispuesta a mantener a raya a cualquiera que se atreviera a acercarse con alguna intención.
Una tarde, Antonio, uno de sus compañeros más jóvenes y que seguía sus opiniones como si fueran La Biblia, se acercó a Mauricio, a la hora del café:
-Amigo, me gustaría que esta tarde te dieras una vuelta por el bar de la esquina. ¡ Te invito a un trago!  Voy a estar ahí a las siete y quiero presentarte a mi novia.
Mauricio adivinó de inmediato que quería pedirle su parecer sobre la niña en cuestión y aceptó halagado. También se rió por lo bajo al sospechar la inseguridad de Antonio sobre su propio criterio.
Esa tarde, al entrar al local, se quedó mudo al comprobar que la novia de Antonio era la chica de la Estación del Metro. ¡ Y estaba ahí con ese tonto  que, según parecía, no era capaz de apreciarla !
 Tragándose su frustración, avanzó hacia ellos con su paso atlético y su sonrisa irresistible.
A otro día, en la oficina, Antonio lo encaró:
-Bueno y dime ¿ qué te pareció?
Mauricio pareció dudar.
-Sí, ya sé que no es linda- reconoció Antonio, inseguro.
Mauricio guardaba silencio.
-Y tal vez las pecas le afean el cutis- agregó el otro, ya por completo mortificado.
-Bueno, linda, linda no es - habló Mauricio, por fin -Pero es cuestión de gustos, no tienes para qué guiarte por mi opinión.
Semanas después, cuando estuvo seguro que sus palabras habían surtido efecto, se acercó a la joven en la estación del Metro.
-¡ Hola!  ¿ Te acuerdas de mí ?
Ella lo miró dudosa.
- Nos presentó Antonio en el bar, hace unos días...
-¡Ah! Antonio- dijo ella y un velo de reserva cubrió sus rasgos- Hace tiempo que no lo veo.
Mauricio contempló sus adorables pecas y emocionado, renunciando a la arrogancia de otros tiempos, le pidió humildemente:

-Ahora que ya no estás saliendo con Antonio ¿ irías a tomar conmigo una taza de café?


domingo, 7 de octubre de 2018

BETTY HACE DEPORTES.

No será mi belleza precisamente la que me pondrá en apuros en este mundo...
Ese fue el pensamiento nada de alentador que tuvo Betty al mirarse en el espejo esa mañana.
Nunca había sido muy linda, pero ahora, un nuevo enemigo la atacaba a traición.  Era el sobrepeso que había permanecido oculto bajo los sweters gruesos que había usado durante el invierno.
-¡Estoy gorda!- gimió, tironeando su blusa hacia abajo, sin compasión. Pero, no había forma de disimular los almohadones que se le habían formado en las caderas...
Tanto chocolate saboreado impunemente, mirando películas románticas o llorando desengaños de amor. La ropa gruesa es una buena aliada de la gula... Como una amiga traicionera que te conforta, pero en secreto te desea lo peor.
Nora la encontró haciendo ascos a una taza de café con sacarina.
-¡ No te amargues, Betty!  Ya no se usan las anoréxicas. Ahora las prendas de talla mediana son las primeras en agotarse en las liquidaciones.  Las mujeres como nosotras no tenemos nada que envidiarle a " Las tres Gracias" de Rubens.
-¡ A las tres grasas, querrás decir!- exclamó Betty, malhumorada- Rubens era un viejujo caduco al que le gustaban las gordas. Modigianni en cambio pintaba puras mujeres flacas, y él era mucho más moderno, si me permites hacértelo notar..
-Bueno, no te enojes. Creo que lo mejor es que vayamos a trotar al San Cristóbal. Mucha gente linda se junta a transpirar ahí las mañanas de Sábado...Y en una de esas, conocemos a un par de gorditos sexis...
-¡ Claro!  Tal como estamos, solo podemos aspirar a un par de gordos adiposos.
-¡ Pero, Betty!  ¡Con el trote van a bajar de peso y  quedarán esbeltos y regios!
-Y entonces nos dejarán por dos flacas.
-Betty, estás intratable- suspiró Nora. Pero no cejó hasta arrancarle la promesa de que irían a trotar el Sábado.
Se levantaron muy temprano y partieron al cerro. Había mucha gente luciendo atuendos glamorosos, pero Nora se desanimó al notar que en su mayoría eran parejas.  Aunque había uno que otro tipo solitario sudando bajo el sol primaveral.
Al Sábado siguiente conocieron a Raúl y Carlos.
Nunca las había visto, comentó Raúl. ¡ Me acordaría! aseguró Carlos, mirando a Betty con ojos apreciativos.
Pero, dos semanas después, Carlos apareció acompañado de una rubia tonificada.
-¡ Hola, gorditas!- las saludó la pérfida, mirándolas en forma despectiva- ¡ No pierdan la esperanza!
Nora renunció humillada y dando por perdido a  Carlos,  al Sábado siguiente, no quiso ir a trotar.
-Total, ya logré perder un kilo y era el único que me sobraba- comentó con total desparpajo.
Betty se guardó el comentario sarcástico y reconoció que también había perdido la ilusión.  Llevaba meses almorzando una hoja de lechuga y no notaba ningún cambio.  Lo único nuevo eran los calambres en las pantorrillas, que no la dejaban dormir.
Total, decidieron quedarse en cama hasta tarde y no sacrificarse más.
Dos semanas después,  al anochecer, sonó el timbre del departamento de Betty.
Pensando que era Nora, salió a abrir en pantuflas y con el pelo erizado.
En el umbral estaba Carlos. Casi no lo reconoció. Llevaba un pantalón pitillo y una camisa abierta que le sentaba muy bien. Betty lo notó más delgado.
-Como no has ido a trotar,  vine a ver si estabas enferma...
-¡ Estoy muy bien!- mintió Betty- He cambiado el trote por la natación.
Fue al refrigerador a buscar un pote de helado de chocolate y se sentaron en el balcón, a saborearlo sin remordimientos.
-¡ Qué linda noche!- suspiró Betty.
-¡Preciosa!- respondió él, pero no miraba el paisaje sino a Betty, demostrando que le gustaba de veras, aún con su pelo erizado y sus kilos de más.

¡No hay como ser una misma !- pensó Betty relajada- Es lo más cercano a la belleza que se puede lograr...    


domingo, 30 de septiembre de 2018

HUMO EN TUS OJOS.

Cuando sonó el timbre de la puerta, Javier fue abrir y vio en el umbral a un gordo vestido de traje y corbata.
-Vengo de la Funeraria  "La Quita Penas".  Nos llamaron para organizar el sepelio de don Javier Arismendi.
-¡ Pero, si todavía no estoy muerto!- gritó Javier, consternado.
-Todos dicen lo mismo- suspiró el gordo, resignado pero un poco sarcástico.
Por si acaso, Javier se miró en el espejo del vestíbulo.  Y para su espanto, no se encontró.
En lugar de su imagen vio un delgado hilo de humo que flotaba en el espacio.
-¡ Debe ser mi espíritu!- comprendió de repente- Entonces, es verdad que estoy muerto...
 Ya sin argumentos, dejó entrar al gordo, que se notaba impaciente. Tras de él. entraron dos hombres portando un ataúd.
Rápidamente, pusieron en él los restos de Javier y lo llevaron hasta un carro mortuorio.
- Mi sentido pésame- murmuró el gordo y salió con ellos, sin mirar atrás.
Después del sobresalto inicial, Javier se sintió de pronto liviano como una pluma. Todos los pesares de este mundo lo habían abandonado y decidió gozar de su nueva libertad.
Lo primero que se le ocurrió fue ir a casa de su novia, Laurita.  Quería ver cuanto lo lloraba y si era posible, reconfortarla con alguna señal...
Al llegar a su casa, consideró innecesario tocar el timbre y se deslizó por el ojo de la cerradura.
En el salón estaba ella, vestida de negro, con la frente apoyada en el vidrio de la ventana. Hondos suspiros henchían su pecho...Aquel pecho turgente que había hecho desvelarse a Javier en noches de ensoñación erótica.
Cuando se preparaba a acercarse a Laurita, sonó el timbre de la puerta y ella se dirigió a abrir.
En el umbral  estaba parado el pelmazo de Seferino Almarza, perfumado y peinado con gel, como si viniera a una cita.
Javier se estremeció de rabia. ¿ Qué hacía allí su encarnizado rival?
-Vengo a darte el pésame por Javier. Sé que lo querías mucho- murmuró el pesado, con cara de circunstancia.
-Sí, es cierto- suspiró Laurita y cuando Javier ya se esponjaba emocionado, agregó dudosa- En realidad, lo quería sobre todo porque él me quería a mí. Creo que soy como la luna, que no tiene luz propia y solo refleja la luz del sol. Así soy yo...Únicamente puedo amar cuando me aman.
Seferino cayó re rodillas, presa de un frenesí apasionado y le tomó una mano, cubriéndola de besos.
- ¿ Y crees que podrías reflejar la luz de mi amor?  Sabes que te he amado con locura y solo por respeto a Javier no me atrevía a confesártelo...
Ella se puso pálida y por un momento su cara se pareció a la luna. Pero poco a poco se fue iluminando de un tenue resplandor rosado y abandonó su mano en la manaza de él.  ¡ Ya había encontrado otro sol que le prestara sus rayos!
Javier se retiró colérico. ¡ Qué poco le había durado la pena por su muerte!  Las mujeres son volubles y traicioneras, murmuró. ¡ Los amigos sí que saben ser fieles!
Y decidió ir al bar donde cada tarde se reunía con sus compinches.
Ahí estaban los cuatro, concentrados jugando poker, frente a sus respectivos vasos de cerveza.
-¡ Ya, pues, Pepe, te toca!
-¡No lo pienses tanto, animal!
Se acercó el mozo con un trapo sucio, enrollado en el brazo.
-¡ Chiss!  Yo creía que siquiera iban a guardar un minuto de silencio por su amigo que se murió ayer...
- Justamente, fue ayer. Hoy es otro día y la vida hay que seguir viviéndola.  Que descanse en paz, que yo quiero cansarme otro ratito...
De repente, el mozo vio un hilo de humo que flotaba sobre la mesa.
-¿ Quién estuvo fumando aquí?  Ya saben que está prohibido...
Se sacó el trapo del brazo y empezó a dar golpes en el aire, tratando de dispersar la humareda.
Javier escapó de un salto y se encontró de nuevo en la calle. Sintió que el viento lo arrastraba livianamente sobre los techos.
-¿ A  donde voy? - se preguntó desanimado- ¿ Qué hago ahora con mi  vida...quiero decir, con mi muerte?

 Pero poco duró su inquietud. Sin darse cuenta,  se fue incorporando suavemente al esmog que flotaba sobre la ciudad  y una lluvia otoñal lo diluyó.


domingo, 23 de septiembre de 2018

EL COLLAR DE PERLAS.

Paulina tenía nueve años cuando llegó Guacolda. La mandaron de una Agencia de empleos para que ayudara en los quehaceres de la casa. Venía del Sur y se peinaba con unas trenzas largas amarradas en la espalda con un cordón. 
Paulina no supo por qué, pero casi desde el principio, le tomó odio.  Tal vez fueron celos, porque su mamá le insistió mucho en que la tratara bien.  Además, aprovechando que podía dejarla con ella, salía  todas las tardes.  Cuando Paulina llegaba del colegio, encontraba  a Guacolda sola sentada en la cocina. De su mamá,  quedaba un vaho de perfume francés flotando en el dormitorio...
A Guacolda le encantaba escuchar la radio, sobre todo los programas de tangos.
Paulina llegaba en silencio y le desenchufaba el aparato, sin que se diera cuenta. La muchacha se quedaba como aturdida y empezaba a mover las perillas o a probar los interruptores creyendo que se había cortado la luz. Con una carcajada,Paulina corría a su dormitorio, para poder reírse más a gusto tirada sobre su cama...   
También se divertía en volver a ensuciar lo que Guacolda limpiaba. A penas la veía salir del baño, entraba con las manos sucias y las frotaba en el lavatorio y en la toalla recién cambiada.
Guacolda se daba cuenta de todo y la miraba con ojos tristes, pero nunca la acusaba. Callada, entraba al baño y limpiaba otra vez, con un aire de perro apaleado que a Paulina le daba más rabia todavía.
Su mamá  casi no paraba en la casa.  Ahora llegaba un auto azul y se estacionaba frente a la puerta, esperándola.
Su papá vivía en un departamento del centro y de vez en cuando,  llamaba por teléfono a Paulina para llevarla a comprarse ropa o a ver una película.
Ella le mentía diciendo que su mamá lo echaba mucho de menos, que no salía a ninguna parte y que lloraba todo el día.  - Papito, por favor vuelve a la casa- le rogaba, pero  él se quedaba callado y  se ponía a mirar el suelo, como si se le hubiera perdido algo.
Su mamá tenía un nuevo collar de perlas, que de seguro se lo había regalado el hombre del auto azul.
Se sentaba frente al espejo y acariciaba las perlas, una por una. Paulina la miraba y pensaba que nunca a ella le hacía cariño así.
Así es que decidió matar dos pájaros de un tiro. Dejar a su mamá sin el collar y lograr que despidiera a Guacolda.
Planeó esconder el collar en un lugar donde nadie pudiera encontrarlo, ni siquiera la policía.
Lo tenía en las manos cuando su mamá entró al dormitorio y sin saber qué hacer, lo tiró dentro de un florero.
La mamá llamó a Guacolda para que entrara a hacer la cama y botara las flores que ya estaban marchitas.
Paulina la vio salir del dormitorio con el jarrón, botar el agua en el fregadero y echar el resto en el cubo de la basura. Por supuesto, no se fijó que entre los tallos y las hojas podridas iba enredado el collar.
Como era de esperar, su mamá acusó a Guacolda de robo y estuvo largo rato interrogándola para saber qué había hecho con las perlas.
-¿ A quién se las entregaste, malvada?  ¿ Se las diste a alguien para que las vendiera?
Guacolda lloraba tanto que se ahogaba y al final,  por lástima o por ahorrarse el mal rato, su patrona no llamó a la policía.
-¡ Ándate mejor, mal agradecida!-  le gritó con rabia.
Paulina vio salir a Guacolda con su maleta vieja amarrada con un cordel. Llevaba los ojos rojos e hinchados y largos suspiros le estremecían el cuerpo.
Por un momento, Paulina pensó decir la verdad y rescatar el collar desde la basura. Pero, en ese momento llegó una niña del barrio  y la invitó a ir a jugar a su casa.
A la mamá la estaba esperando el auto azul estacionado a mitad de cuadra , así es que le dio permiso sin poner inconvenientes y las dos pasaron una tarde feliz.




domingo, 16 de septiembre de 2018

EL POZO DEL TIEMPO.

Carlos se sentía viejo y desencantado. Nadie en la Empresa en que trabajaba parecía tomar en cuenta sus sugerencias.  Quizás porque estaba rodeado de jóvenes que se sentían dueños del mundo  y que parecían venir de vuelta cuando él  recién empezaba a andar.
Le aterraba jubilarse y quedarse en un banco del parque alimentando a los pájaros. Pensaba que todavía podía ser útil y aportar ideas nuevas.
Un domingo se fue a pasear por el campo, masticando su melancolía. Iba tan distraído, que no miró donde pisaba y resbaló al interior de un pozo.
Estaba seco, pero era bastante  profundo y comprendió que no podría salir por sus propios medios.
Estuvo gritando un rato, pero solo le respondía el mugido de alguna vaca.
Alguien tendrá que pasar por aquí, pensó Carlos y decidió gritar cada cierto tiempo, por si acaso...Sentado en la tierra húmeda, veía pasar en lo alto unas nubes redondas y blancas, como pintadas en un decorado.  Cuando la luz empezó a disminuir y comprendió que anochecía, perdió la esperanza de que lo rescataran. Pero  gritó una vez más, pidiendo socorro.
Entonces, por el borde del pozo  se asomó un chiquillo pecoso llevando un sombrero de paja.
Era el vaquero que había ido a buscar su vaca, para llevarla al establo.
-¡ Tírame una soga! - gritó Carlos.
El niño lo miró un rato, como si le costara entender la situación, pero al fin le aseguró que iría a buscar ayuda.
Angustiado, Carlos lo vio desaparecer del  brocal. 
Pasó el tiempo y no vino nadie.  Agotado de tanto gritar, cerró los ojos y terminó por adormecerse.
Lo despertó el resplandor de la luna llena que, al iluminar las paredes del pozo, le mostró la entrada de un túnel.
¡ Qué raro!  se dijo Carlos. ¿ Como no lo había notado antes?  ¿  Y a donde irá a dar este pasaje?
Se echó a andar y le pareció que no salía nunca del estrecho conducto, en el que apenas cabía semi encorvado.  Pero, al final, el túnel se abrió y se trasformó en una llanura de pasto crecido. A lo lejos humeaba un volcán.
Asombrado, divisó en la distancia a un grupo de hombres peludos, vestidos con cueros de animales. Arrastraban penosamente por una colina, un bloque de piedra.
-¡ Pobres!- pensó Carlos- ¡ Todavía no han inventado la rueda!
Vio en el suelo un tronco delgado y con una piedra afilada cortó de él  dos rodajas. Se demoró mucho rato, pero cuando terminó de plasmar su idea, los cavernícolas seguían arrastrando el bloque colina arriba.
A gritos los llamó, mostrándoles las improvisadas ruedas que había fabricado.
Les mostró para qué servían, empujándolas por la tierra. Al principio no parecían entenderle, pero luego se avalanzaron sobre él y lo lanzaron por los aires, dando gritos de júbilo.
Esa noche se sentó con ellos junto al fuego. Observó que comían la carne cruda y adivinó que aún no se les había ocurrido cocinarla sobre las brasas.
Arrojó un trozo a las llamas y de inmediato un delicioso olor se expandió por el aire. Carlos lo retiró del fuego y con chasquidos de lengua y gruñidos, lo saboreó.
Esta vez, los cavernícolas entendieron al vuelo la sugerencia y al poco rato, todos masticaban con deleite.
Luego, lo lanzaron de nuevo por los aires y lo vitorearon a gritos.
Carlos recordó las miradas desdeñosas y las sonrisas escépticas de sus compañeros de oficina.
¡ Qué distinto era el respeto reverente que le manifestaban estos hombres comparado con la actitud de los vanidosos "milenials"  que creían saberlo todo!
Poco a poco les iré  transmitiendo mis conocimientos a estos melenudos -suspiró con satisfacción y se envolvió en una piel de mamut para pasar la noche junto a la hoguera.
Pero, lo sobresaltaron unos gritos.
-¡ Caballero!  ¡ Caballero!  ¡Despierte, que lo venimos a sacar! 
En el borde del pozo estaba el vaquero, acompañado de dos hombres que portaban una escalera.
-¡ Mejor me quedo aquí!-  alcanzó a gritar Carlos, pero luego miró las paredes del pozo y notó que no había ningún túnel.
Había tenido un sueño muy grato y ahora le  correspondía volver a la prosaica realidad.



domingo, 9 de septiembre de 2018

MEJOR NO VOLVER.

Mucha gente, después de morir, no se sentía feliz al llegar al cielo.
La verdad era que no se resignaban a haber muerto. Sentían que habían dejado cosas sin hacer, palabras sin pronunciar...¡ No era tiempo aún para dejar la tierra!
Les parecía que sus vidas habían sido demasiado cortas y querían volver para vivir otro poquito.
Así es que a un costado de la puerta celestial se habilitó una oficina para atender las quejas.
Era un ángel quien llenaba las fichas de los disconformes. Por supuesto, todos aducían motivos generosos para querer volver a la tierra. Cuidar a los padres ancianos, decir : te quiero a alguien a quién no se había sabido amar, hacer testamento a favor de algún pariente empobrecido... Ninguno habría reconocido que quería volver para vengarse de quién lo había ofendido o matar al que le había destrozado la vida.
Alina pidió regresar a la tierra porque amaba a su marido y no había alcanzado a vivir para amarlo lo suficiente. Solo tres años había alcanzado a estar a su lado y su amor había quedado a medio vaciar, como un pote de miel que amenaza con desbordarse.
-¡ Déjame volver!- le suplicó al ángel-Yo sé que el me amaba también y que me necesita.
El ángel sonrió conmovido y estampó su firma en el salvoconducto.
Segundos después, Alina se encontró en la estación del Metro. En medio de la multitud divisó a varios de los que habían estado en el cielo, pidiendo regresar. Un delicado resplandor azul que flotaba sobre sus cabezas los hacía reconocibles para quién compartía su secreto.  Era polvo del cielo, que se les había pegado en el pelo, sin que se dieran cuenta.
Alina corrió hasta su casa, empujada por la fuerza de su amor. Pero ¡ ay! por la ventana vio a su amado, acompañado por otra mujer. ¿ Tan luego la había reemplazado?
Con paso lento se volvió a la estación, sin saber a donde ir ni qué hacer ya con su vida recuperada.
En un banco vio a un hombre que se cubría la cara con las manos. Un tenue resplandor azul se filtraba por entre sus dedos.
-¿ Qué te pasó?- le preguntó Alina.
-Volví a mi casa- dijo el hombre- Quería ser otro, no el alcohólico que fui en mi vida anterior. Pensé que podría resarcir a mi mujer por tantos años de sufrimiento. Pero la vi cantando, mientras ponía la mesa, libre de esa mueca de miedo que tenía cuando me veía llegar. Los niños jugaban tranquilos, sin temor a los golpes...Comprendí que están mejor sin mí y que los haría desgraciados si volviera.
Mientras se contaban sus penas, vieron acercarse a un viejo que arrastraba los pies, desanimado. Su pelo resplandecía con un destello azul.
-¿ A ti también te fue mal? - le preguntaron.
-Llegué a mi casa. Iba feliz de volver a vivir un tiempo más junto a mis hijos- suspiró el anciano- Pero los ví en torno a la mesa, disputándose la herencia.  Mi hijo, el más joven, a quién yo adoraba, gritó con rabia:
-¡ Soportamos su avaricia tantos años!  ¡ Ahora nos llegó el tiempo de disfrutar!
Los tres se miraron en silencio, agobiados por su fracaso.
- ¿ Creen que el ángel nos recibirá de vuelta?- preguntó Alina.
- ¡Claro que sí!- le respondieron los otros-  Con solo mirarnos lo comprenderá todo...
Se encaminaron hacia el río. Rugía el agua turbia que arrastraba los deshechos de la ciudad hacia el mar.
Se cogieron de las manos y se internaron en la corriente.  Las olas los atraparon en sus brazos fríos y los sumergieron con rapidez.
Por unos instantes, sobre el agua flotó un tenue resplandor azul, pero se disipó en el aire sin que nadie alcanzara a notarlo.