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Les doy la bienvenida a mi blog y les solicito encarecidamente que me dejen sus comentarios a mis entradas, pues su opinión es de gran valor para mí.



domingo, 19 de septiembre de 2021

UNA TAZA DE CAFE.

Casi todos los días, Marcos se cruzaba con Joel, los dos apurados, rumbo a sus ocupaciones.

Marcos, concertando citas de negocios en su celular y Joel, flaquito y esmirriado, siempre cargado con su portafolios de cobrador.

-Y ¿ cuando nos juntamos a tomar un café, Marcos?

-Un día de estos, Joel...¡ Yo te llamo!

Y ese día no llegaba nunca. Marcos no había aprendido todavía que el muro de la soledad está construído con cientos de ladrillos en los cuales está escrito " Yo te llamo".

-¿ Y cuando ese cafecito, Marcos?

-Un día de estos, Joel, me hago un huequito...

Nunca se hizo ese huequito y a Joel le hicieron uno en el cementerio.

- Un cáncer fulminante-  le informó un amigo común, bajando la voz, por si la Muerte andaba rondando por ahí, todavía.

Marcos quedó anonadado. ¿ Como no le habían avisado?

Fue todo muy rápido. El pobre flaco andaba con dolor de espalda hace tiempo y lo atribuía al estrés...Cuando fue al médico, ya era muy tarde. Solo le dieron morfina para paliar el dolor...

A Marcos lo inundó la tristeza como una marea y de sus ojos cayeron gotas saladas.

Creyó ver a Joel, encorvado, caminando siempre con la cabeza gacha. Tal vez con la esperanza de encontrar una billetera perdida, que lo ayudara a llegar a fin de mes.

Como si presintiera la presencia de su amigo, justo antes de cruzarse con Marcos, levantaba la vista y una sonrisa agridulce le iluminaba la cara.

Ya no lo vería más. La Muerte, de un manotazo lo había arrojado fuera de la vereda soleada, para lanzarlo a la oscuridad de la tumba.

Un feroz remordimiento lo invadió.  ¡ Cuantas veces Joel le había hablado de esa taza de café que se tomarían juntos!  Si al menos Marcos hubiera tenido el valor heroico de desconectar su celular durante una hora. De apagar su computador para decirle:

-¿ Qué te parece si nos juntamos esta tarde en el café de la esquina?

Pasó varias semanas deprimido, dándose cuenta, por primera vez de como la tiranía de los negocios lo apartaban del contacto humano.

Averiguó la ubicación de la tumba de Joel y una tarde se dirigió al cementerio llevando dos tazas y un termos con café.

Se sentó en la lápida y sobre ella sirvió las dos tazas.

-¡ Aquí estoy, amigo, para que nos tomemos ese café que te estaba debiendo!  ¡ Sírvete, por favor!

Cogiendo su taza, fue bebiendo lentamente, mientras caía la tarde sobre el Campo Santo. A lo lejos, una campana desgranaba sus sones, como una triste pregunta sin respuesta.




domingo, 12 de septiembre de 2021

LA BECA.

Formábamos un trío, solo que yo era la tercera en discordia o  el mal necesario, por decirlo así.  Me buscaba porque era la que aportaba los mejores apuntes, la que resolvía justo los problemas que después aparecían en la Prueba.

Nos juntábamos a estudiar en mi casa.  Felix y Nancy, la pareja más atractiva del Campus y yo, la " matea del curso".  Nadie sospechaba que también amaba a Felix y que los celos me corroían el corazón, como un ácido. 

  Sobre todo, me humillaba que Nancy me tratara con la condescendencia de la beldad hacia el " cerebrito".  Aunque yo sabía que me envidiaba y me necesitaba. Es cierto que su belleza iba abriéndole puertas como un talismán, pero necesitaba mis conocimientos, porque tenía ambiciones y sabía que su esplendor no le iba a durar toda la vida.

Su sueño, confiado solo a mí, era conseguir una beca e ir a doctorarse al extranjero.  No se lo había mencionado a Felix, porque sabía que él, lo único que anhelaba era titularse para casarse con ella.  Y estaba seguro de que ella pensaba igual.

Felix me lo dijo una tarde en la cafetería, mientras la esperábamos:

-Estoy enamorado, Lucy. Casi me da miedo la intensidad de mi amor...

Escucharlo era una tortura para mí, pero me había convertido en la maestra del disimulo.

Cuando Nancy apareció, rodeada de esa aura dorada que parecía emanar de sus cabellos y de su piel, ambos sonreímos al unísono. Pero yo sentía que tragaba algo salobre, la sangre que me subía a la garganta, desde mi corazón.

Corrió la voz de que venía a Chile un profesor desde una Universidad norteamericana, a ofrecer dos becas para obtener el doctorado.  Había que rendir un exámen muy difícil, en inglés, pero Nancy, que dominaba ese idioma, quiso postular.  Me pidió que la ayudara a prepararse en secreto, sin decirle nada a Felix.

Venía a mi casa en la noche y nos amanecíamos resolviendo ejercicios.  Alojaba conmigo y al otro día casi nos caíamos de sueño y andábamos en la Universidad como zombies.

Ningún sacrificio me parecía excesivo con tal de separarla de Felix y que se fuera de Chile, de una vez...

Ella me abrazaba emocionada. -  ¡Nunca creía que fueras tan buena compañera!  - decía  y sus ojos azules se humedecían de lágrimas.

Pasó la prueba y consiguió la beca. Semanas después partió a Estados Unidos.

 Para Felix fue un golpe.

Andaba como sonámbulo y se aferró a mí, porque conmigo podría hablar de ella sin descanso. No había forma de cambiarle el tema.  Se las arreglaba para introducir el nombre de Nancy en todas las conversaciones y volvía a su letanía de amor y resentimiento.

Si alguna vez tuve la esperanza de que la olvidara y se volviera hacia mí, la fui perdiendo de a poco. Y empecé a incubar una rabia y un rencor que terminaron con mi amor y me dejaron vacía.

Decidí  acabar  con su obsesión y asestarle un golpe que terminara de una vez con esa pasión enfermiza.

Un día en la cafetería, le dije de pronto, como sin meditarlo: 

-¡ No sabes como lamenté lo del niño! Para tí debe haber sido duro...

-¿ De qué niño me hablas?

-Del niño que perdió Nancy, para irse con la beca...¡ Oh, pensé que había sido de común acuerdo!

Estaba pálido como un muerto. Escondió la cara entre las manos y gimió, en un ronco sollozo:

- ¡ Mi hijo! ¿ Como pudo hacerlo?

De pronto, se levantó de un salto y me cogió por los hombros:

-¡ Y tú lo sabías!  Y no fuiste capáz de advertirme....

Me miró con repulsión. De golpe me había transformado en su enemiga.

Se alejó de mí como si verme le resultara insoportable. No me importó. De todos modos, nunca iba a lograr que me quisiera.

Y haber conseguido que la odiara a ella, era suficiente para mí. 




domingo, 5 de septiembre de 2021

UNA CHARLA EN LA ESTACION.

Me gustaba ir en las tardes a la Estación Central, a mirar los trenes.  Veía algo de tristeza mezclada con alegría, en ese llegar y partir. Más tristeza que otra cosa, porque el rechinar de las ruedas parecía hablar de lo efímero de la estadía y de lo largo de la ausencia.

Una tarde en que estaba sentada allí, ví aproximarse a tres personas muy dispares.

Primero venía un niño, corriendo y saltando. Lo seguía un hombre joven, envuelto en un abrigo gris. Llevaba un sombrero de ala ancha que le ensombrecía la cara, pero pude notar que miraba con una sonrisa algo triste las piruetas del niño.

El grupo lo completaba un viejo muy encorvado, que arrastraba un pesado equipaje que parecía consumir todas sus fuerzas.  Se sentaron los tres en el banco contiguo al mío. El niño corría a su alrededor, sin hacerles ningún caso.

Con un estruendo de fierros entró un tren a la estación.  El niño se acercó a él  corriendo y saltó a la pisadera. Desapareció al interior de un vagón, sin siquiera despedirse de los dos adultos.

Al mismo tiempo, y en sentido contrario, se acercaba una locomotora vieja que rechinaba, entre nubes de vapor. El anciano subió  trabajosamente y su acompañante  le ayudó a cargar su pesado equipaje. No intercambiaron palabras, pero el viejo se despidió con un gesto, antes de que el tren se perdiera en la distancia.

Yo sentía una gran curiosidad por esos personajes y viendo que el hombre de gris se sentaba a mi lado, me atreví a dirigirle la palabra.

-Perdone si lo incomodo, pero hace rato que trato de adivinar la identidad de ustedes...¿ Le parece muy impertinente que le pregunte quienes son?

-Bueno, el viejo que acabas de ver partir no es otro que El Pasado.

-¡ Pobre anciano! ¡ Que cargado va! ¿ Qué lleva en esa maleta?

-Los recuerdos que la gente acumula a lo largo de su vida y que no quieren soltar.

-Pero, los recuerdos son parte de nosotros mismos ... ¿ Como renunciar a ellos?

- Tienes razón, pero, no se puede vivir inmerso en la nostalgia de lo que ya pasó.  Los que lo hacen, no  tienen fuerzas para enfrentar el porvenir. La nostalgia debilita y engaña. ¡ Es tan fácil inventar recuerdos lindos de cosas que nunca sucedieron!

-  Es cierto- reconocí  avergonzada, porque yo me incluyo en la categoría de los nostálgicos- Y ese niño ¿ me dice que es....?  

-¡ El Futuro, por supuesto!  Ya viste cuan imprudente y ansioso por partir estaba...Sin pensar en las penas y los desengaños que podría encontrar.

-¿ Y usted?   Adivino que usted es El Presente y que su existencia es efímera.

-Tienes razón. El Presente no dura más que un momento. ¡ Con qué rapidez me transformaré en Pasado!

A medida que hablaba, vi como su pelo empezaba a encanecer y algunas arrugas se formaban en su frente.

-Debes vivir con plenitud ¡ ahora! -  me aconcejó -El Pasado son solo sombras y El Futuro, nada más que incertidumbre.

Se levantó del banco y se alejó con aire melancólico. Pero, se volvió a mirarme por última vez y me dijo:

-Mañana seré el anciano que hoy viste partir con su carga de nostalgia. ¡ No contribuyas tú a hacérmela más pesada todavía!





domingo, 29 de agosto de 2021

HABLAME DE LETIZIA.

-  Quieres que te hable de Letizia...¿ Y qué podría decirte?  Creo que llegué a conocerla tan poco como tú.

- Pero ¿ como?  Si fue tu esposa por más de tres años...

-Sí, amigo. Pero, siempre fue un enigma para mí. Tenía una sonrisa extraña, indescifrable. Si los gatos sonrieran, lo harían como Letizia...

- Te refieres a ella como si no la hubieras querido.

-Te equivocas. La quise locamente, pero nunca logré llegar a ella.  Mi amor parecía estrellarse siempre contra un  muro.

- ¿ Crees que ella no podía olvidar a ese novio que tenía,  a Lorenzo?

-Pienso que esa fue la razón por la que  se aisló de todos. Cuando él murió en ese absurdo accidente de motocicleta, ella pareció derrumbarse.

-Me acuerdo de la misa fúnebre. La sacaron casi desmayada, cuando  se abrazó  al ataúd sin querer soltarse...

-  Sí, fue una escena tremenda.   Y después desapareció durante siete u ocho meses. Salió fuera de Santiago y nadie sabía donde estaba.  Yo seguía enamorado de ella e iba siempre a rondar su casa...

-Y ¿ qué hiciste cuando volvió a Santiago?

-  Empecé de a poco  a frecuentarla. Fui acercándome a ella, siempre tratando de no tocar el tema, respetando sus sentimientos...Tenía la esperanza de que fuera olvidando  o  que al menos se calmara el dolor de su duelo.  Al cabo de un tiempo, le pedí matrimonio. 

-¿ Y qué pasó?

-Al principio, me dijo que no. Pero, seguí insistiendo con paciencia y al final logré que cambiara de idea.

-Acuérdate que yo fui a la fiesta.... A ella la vi serena, se notaba contenta...Y tú ¡ no he visto a un tipo más feliz en toda mi vida!

-Sí, yo tenía ilusiones. ¡ Estaba tan ciego!  A pesar de que notaba que mi amor parecía chocar contra una pared de reserva, de reticencia fría...Cuando volvía del trabajo, nunca estaba en la casa.  - Me fui a caminar un rato- decía- A tomar aire. Y no la sacaba de ahí.

-  ¿Empezaste a dudar de ella ?

-No, no era eso. Pero sentía que en su vida había un misterio que la distanciaba de mí.  Para que las cosas mejoraran, le pedí que tuviéramos un hijo.

-¿ Y qué te respondió?

-Se puso pálida y me apartó con un gesto de rechazo. Dijo que no, que no quería tener hijos.

Entonces, empecé a seguirla, a espiarla cuando salía de su oficina.  Noté que siempre tomaba un bus que la llevaba a un barrio periférico...

-¿ Y qué descubriste?

-La seguí de lejos hasta que llegó a una casa. Sacó una llave, pero la puerta se abrió antes.

Salió una mujer con delantal blanco, precedida de un niño de unos cinco  años.

-  ¡Mamita! ¡ Viniste  !- gritó y hundió la cara en los pliegues de su vestido.

-¡ Lorenzo! Mi amor- exclamó ella y abrazados entraron a la casa.





domingo, 22 de agosto de 2021

MONICA APRENDE A COCINAR.

Mónica siempre se acordaba de lo que le decía su mamá :   " A los hombres se los conquista por el estómago"

Su solitario corazón ansiaba encontrar el amor.  Los años pasaban, sus amigas se casaban o a al menos encontraban " pareja" y ella continuaba soltera.

Se proclamaba independiente, repetía a quién quisiera escucharla que no quería a su lado a nadie que pudiera coartar su libertad...Pero en su interior sentía el peso abrumador de su independencia y hubiera preferido ser menos libre, a cambio de sentir unos brazos en torno a su cintura.

En el diario mural de la Empresa donde trabajaba, apareció un aviso:

" Clases de cocina con Carlo, el famoso chef de la televisión".

Mónica se entusiasmó de inmediato. Se vio a sí misma sirviéndole manjares exquisitos a un hombre que la miraba arrobado.  ¡ Te amo, Mónica! -le decía- ¡ Quiero saborear tus guisos hasta que la muerte nos separe!

Así fue como se matriculó en el curso de cocina de Carlo, los martes y jueves, a las 19 hrs.

Los miércoles y viernes iba al supermercado a comprar los ingredientes necesarios y ensayaba en su casa lo aprendido el día anterior.

Una tarde de martes en que no hubo clases, Mónica fue a pasear por el centro y entró a una exposición de pintura.

Era una muestra colectiva de artistas emergentes y  de inmediato, se sintió cautivada por un paisaje otoñal.  Junto a la mesa donde se exhibían los catálogos, vio sentado a un joven que fumaba una pipa.

-Perdone ¿ a quién debo preguntarle por el precio de un cuadro?

Un chispazo de expectación pasó por los ojos del hombre.

-¿ Cual le interesa especialmente?

-Ese paisaje de otoño, allí, en el rincón...

-¡ Ah!  Ese...- la chispa desapareció de sus ojos y un mohín de desdén curvó sus labios.

Mónica adivinó que él era uno de los expositores y le preguntó, solícita:

-¿ Hay también algún cuadro suyo en esta muestra?

-Sí, pero no le interesaría.

Mónica se sintió tocada en su amor propio e insistió. El joven consintió en guiarla hasta el retrato de un anciano,  algo sombrío pero conmovedor.  

Mónica quedó impresionada por el evidente talento que mostraba la pintura y por supuesto, la compró.

El precio le pareció exorbitante, pero se dijo que valía la pena. Aunque no sabía si se refería al cuadro o al pintor, cuyo rostro desdeñoso la había subyugado.

Cuando se cerró la exposición y Mónica fue a retirar su cuadro, el joven la recibió con cordialidad. 

- ¡ Me da gusto volver a verla!- exclamó y a ella le pareció que era casi una declaración de amor.

Entonces de atrevió a proponerle algo que había estado planeando hacía días.

-¿Sería mucho pedirle que me ayudara a ubicar el cuadro en mi departamento? Usted entiende más de la luz que le conviene recibir, para que se destaque...Y podría quedarse a cenar...

El joven aceptó la invitación y luego de colgar la pintura en un lugar privilegiado, se sentaron a la mesa.  Mónica notó que él comía ávidamente, casi sin respirar y comprendió que no solo era pobre sino que estaba hambriento.  Una ola de ternura inundó su corazón.

Después del postre, suspiró satisfecho y en un gesto de supremo bienestar, sacó la pipa y se la puso entre los dientes.

-¿ Le molesta que fume?

No, a ella no le molestaba. Y si quería ahogarla con el humo o provocarle un enfisema pulmonar, tampoco le importaría en lo absoluto..

Lo invitó a cenar también el viernes, cuando ensayaría otro de los guisos  aprendidos con Carlo. 

 El pintor empezó a ir a comer dos veces por semana. Ella notó con deleite que sus mejillas empezaban a llenarse y que su ajada chaqueta ya no le colgaba en su cuerpo como en una percha de alambre. Llegaba siempre puntual, dándole a entender que se sentía ansioso de verla, pero era evidente que era el vacío de su estómago y no el ansia de su corazón lo que lo empujaba a su lado.

A Mónica no le importaba. Era feliz viéndolo devorar los manjares que le preparaba, aunque al terminar siempre partiera apurado, pretextando alguna diligencia urgente

Ella se quedaba lavando los platos, perdida en sus ensueños y cualquier gesto de él, medianamente amable, la hacía creer que había empezado a  amarla...

Una tarde, al salir del trabajo, se encontró con Carol. Habían sido amigas en su época de estudiantes, y aunque su relación había sido más bien superficial, se abrazaron encantadas.

Carol estaba radiante y como siempre, iba a compañada de un hombre. Lo presentó como un amigo, pero era evidente que era otra la relación que los unía. Mónica se acordó de que había sido siempre la reina indiscutida de las fiestas , mientras ella  " planchaba" en un rincón...

Pensó que ahora también tenía a alguien a quién mostrarle. Pensó en deslumbrarla presentándole a " su artista".  Imaginó la admiración que sentiría al conocerlo y la envidia que experimentaría al comprender que ninguna de sus opacas conquistas estaba a la altura de él.

La invitó a cenar el viernes.

-¡ Yo también quiero presentarte a alguien!- le susurró misteriosa.  Y por primera vez, se sintió superior a Carol.

Cuando su amiga llegó, esa noche, el pintor estaba sentado en un sillón, fumando su pipa con aire distrído. Mónica vigilaba el horno, del cual escapaban aromas exóticos...

Al ver entrar a Carol, el joven se paró del sillón y se quedó mudo, contemplándola. Ella le tendió la mano con languidez y la dejó reposar en la suya, como si le entregara la mano, el brazo y todo lo demás...

En el silencio que siguió, Mónica creyó escuchar la pala del sepulturero, cavando la tumba de su corazón.

La cena solo fue la prolongación de su suplicio. Ninguno de los dos parecía notar su presencia. Y cuando Carol se levantó para marcharse, él se ofreció galante a acompañarla.

Mónica escuchó sus risas cómplices, mientras esperaban que llegara el ascensor.

Se puso a recoger los platos y de pronto estalló en sollozos. Y se quedó sentada frente a las sobras de su cena y de su vida. Durante un largo rato, sus lágrimas continuaron cayendo sobre los restos del bavarois...  




domingo, 15 de agosto de 2021

LA HISTORIA DE FAUSTO.

( Inspirada en la obra de Goethe)


Fausto amaba a Margarita.

Ella había pasado un día a su lado, en medio de la multitud, y su cuerpo joven lo había rozado, haciéndolo estremecer. Sintió frío y luego pareció que una llamarada lo envolvía, consumiéndolo.

Desde entonces, no tuvo paz.

Se sentía viejo y hacía tiempo ya que había decidido renunciar al amor. Temía ser humillado. Lo avergonzaban las arrugas en su cara y su cuerpo enjuto, que se iba encorvando de a poco, como si buscara el reposo de la tierra.

Pero, entonces había conocido a Margarita y la pasión lo afiebraba día y noche, sin darle tregua.

Un día, en el bar, conoció a un hombre. Se sentó frente a él en la mesa que ocupaba, con un vaso en la mano y le preguntó si podía acompañarlo. No era viejo ni joven, no era feo ni hermoso, pero su rostro alargado y pálido, no parecía terrenal. Tenía el pelo negro y un bigote, muy negro también, se curvaba sobre sus labios.

Luego de paladear unos sorbos de vino, el hombre lo miró fijamente:

-Sé cual es tu problema, Fausto, y yo podría ayudarte.

-¿ Qué dice?  ¿ Qué sabe usted?- gritó Fausto ofuscado.

-Te digo que lo sé todo y que Margarita podría amarte, si yo interviniera...

Fausto comprendió quién era el desconocido y tuvo miedo. Se alzó en su silla para irse, pero lo inusitado de la situación lo retuvo y sintió que necesitaba ir hasta el fin.

-¿ Qué quiere a cambio?- murumuró, aterrado de su propia osadía.

-Yo nunca he engañado a nadie. A todos les digo que deben pagarme al cabo de un año...

-¡ Le pregunto que cual es el precio!

-Tu alma, por supuesto- se rió el hombre y alzando su vaso, agregó: ¡ salud!

Fauto entendió que el pacto estaba sellado.

Esa noche no durmió, pero al otro día, al mirarse en el espejo, se vio rejuvenecido. Las arrugas de su frente se habían alisado y en sus ojos brillaba la misma luz que habían tenido en sus años mozos.

Se dirigió a casa de Margarita y vio que ella lo estaba esperando, asomada a la reja del jardín.  ¡ Cuantas veces había rondado su calle y se había aferrado a los barrotes de esa reja, desfalleciendo de amor!

Cogió sus manos y le confesó que la había querido desde siempre, desde antes de conocerla, cuando solo la soñaba.

Ella lo invitó a entrar, y ya en el interior, se entregó a sus brazos.

Fueron felices durante unos meses, pero un día Fausto despertó aterrado. Había soñado que en el fondo de una cueva en tinieblas, lo miraban  dos ojos ardientes como brasas...

-¡ Tenemos que irnos lejos, Margarita!  ¡ A donde nadie pueda encontrarnos!

Subieron a un tren que los llevó a través de muchas ciudades y se bajaron en la última estación, que estaba a orillas del mar.

Margarita quiso quedarse, pero Fausto sentía que todavía no estaban lo suficientemente lejos de su acreedor. Así es que tomaron pasajes en un barco que surcó el océano y los depositó en un puerto cuyo nombre no habían escuchado jamás.  

¡ Aquí seremos felices! -  aseguró Margarita.

Vivieron durante unos meses en una aldea de pescadores. Pero Fausto estaba consciente de que el tiempo pasaba, que se acercaba el día en que debería entregar su alma y con ella, su vida. Creía ver a su torturador  en cada transeúnte con quién se cruzaban en la calle y de noche no dormía, sintiendo que el miedo le clavaba las zarpas en el pecho, como un animal feroz.

Un día, en el mercado, escucharon comentar que un desconocido había llegado a la aldea. La gente aseguraba que nadie lo había visto antes y que parecía que buscaba a alguien, pero nadie sabía a quién.

-Margarita ¡ es preciso que nos vayamos de aquí!  

Ese día había nevado y más allá de los bosques que circundaban el poblado, había una planicie blanca que parecía no tener fin.

Contrataron a un hombre que conducía un trineo, para que los llevara lo más lejos posible. Después de dos horas de marcha, el hombre les dijo que no podía llegar más allá.

-Estamos cerca del polo Sur. Detrás de esa montaña no hay nada más, solo nieve y hielo.

Fausto pensó que precisamente ese día se  cumplía un año desde su encuentro con el hombre en el bar. ¿ Estarían lo suficientemente lejos para que no pudiera alcanzarlos?

Se bajaron del trineo y siguieron caminando por la planicie sin fin. El cielo y el suelo eran igualmente blancos y se confundían como si ya no hubiera vida  en la tierra.  Los rodeaba una Nada, que remedaba  a la Muerte.

-¡ Tengo frío!- se quejó Margarita, tiritando.

-No te preocupes, mi amor- respondió Fausto, abrazándola- Allá veo a un leñador que está parado junto a una fogata. ¡Vamos allá, para que entremos en calor!

Cuando lo vieron de cerca, quisieron retroceder, pero era inútil. 

No era un leñador. Era un hombre pálido, con el pelo negro como el azabache.  Y no era una fogata la que ardía a sus pies, sino el hielo mismo que se quemaba sin derretirse, formando un círculo de llamas a su alrededor.

-¡ Te estaba esperando, Fausto! -exclamó sonriendo-  ¡ Te felicito por ser tan puntual!  





domingo, 8 de agosto de 2021

VIAJAR EN TREN.

Mario se había enamorado de una chica que había conocido  en el Norte, durante sus vacaciones de verano.

¡ Como se arrepentía de no haberle confesado su amor cuando se despidieron!  Ahora, ella no contestaba sus correos y no sabía qué hacer para volver a verla.

Se convenció que su única opción era  viajar al pueblo donde la había conocido. Se dirigió a la Estación  Mapocho, para tomar el primer tren que lo llevara al Norte. Olvidó que hacía años que esa estación ya no funcionaba como tal y estaba convertida en un recinto para eventos culturales.

Al llegar, vio que en esos momentos se desarrollaba ahí la Feria Internacional del Libro.

Pero, como era terco, se sentó en un banco y se puso a esperar que pasara el tren.

Mientras, observaba la Feria y notaba que lo que menos se vendía era libros.  La gente se agolpaba en los puestos de comics y los favoritos eran los de vampiros.

Mientras, los libros permanecían arrinconados, pálidos de aburrimiento.  Poco a poco, las palabras impresas iban resbalando de sus páginas y dejándolas en blanco.  Caían al suelo y ya se había formado una gruesa alfombra de letras, que la gente pisaba sin fijarse.

Las palabras más agresivas, les mordían los tobillos y las más sentimentales, les humedecían los zapatos con sus lágrimas.

-Nuestro destino es la muerte lenta- escuchó Mario que vaticinaba el segundo tomo de una novela rusa. -¡ Ya nadie lee poesía!- suspiraba un pequeño libro encuadernado en azul.

Pero Mario no les prestaba  la mayor atención. El esperaba que sonara el pito que anunciaría la llegada del tren.

Al rato, se le acercó una niña y le preguntó:

-¿ Esperas a alguien?

-No, estoy esperando el tren para ir al Norte a ver a una amiga...

Iba a decir " a mi novia", pero al notar lo linda que era su interlocutora, se calló a tiempo.

-Pero ¿ como?- le rabatió ella- ¡ Si por aquí no pasa ningún tren!

En ese preciso instante, sonó un pito y envuelta en una nube de vapor, ingresó a la estación una locomotora, que bufaba y resoplaba como el dragón de San Jorge.

-¡ No te subas!- le advirtió la niña- ¡ Ese tren no existe! ¡ Es cosa de tu imaginación!

Mario no le hizo caso y saltó a la pisadera del primer vagón.  No alcanzó a viajar ni diez segundos y la locomotora chocó contra un muro y se desintegró. Mario se encontró sentado en el pavimento, frente a un quiosco de libros de Autoayuda.

-¡ Te dije que ese tren no existía!

La niña le tendió la mano para ayudarlo a levantarse. Le sacudió el polvo de la ropa y terminó por abrazarlo y darle un beso.

-¡ No estés triste!- le dijo con ternura- ¡ vamos mejor a comprar un libro!

-¡ No!- respondió Mario- ¡ Los libros me aburren!  Compremos mejor  un comic.