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domingo, 28 de agosto de 2022

EL VIAJERO.

Ella lo vio salir con una maleta. Se había puesto su abrigo y su viejo sombrero de ala ancha.

-¿ A donde vas?

-Voy  "Allá".

-¿ " Allá"  donde?

-" Allá", donde está la Vida.  Aquí me siento prisionero. Me ahogan estas paredes.

Ella se quedó en silencio. No entendió lo que él quería decir, pero no se extrañó de su partida. Siempre supo que terminaría por abandonarla.

De a poco se habían ido rompiendo los lazos que los ataban. Ahora solo los mantenía unidos la costumbre, como una frazada gris que los envolvía sofocándolos.

Hacía tiempo que lo notaba ausente, sumergido en su introspección y no había podido atravesar el muro que se fue levantando entre ellos.

 Lo miró partir sin un gesto. La puerta se cerró sin ruido a sus espaldas. El la había sostenido hasta el último momento, para que no se golpeara contra el marco.  Tal vez pensó que esa partida silenciosa le haría menos daño a ella.

Pero, su precaución fue inútil, porque un ancho hueco de ausencia se abrió donde antes había estado su cuerpo. La vida de ella se volvió una laguna oscura a la que  iba arrojando las horas, como guijarros que se hundían sin dejar huella.

El partió libre y esperanzado. Caminó durante largo tiempo sin detenerse. Atravesó pueblos grises, envueltos en una niebla de humo o de melancolía. Ninguno de ellos era su meta.

Por fin, divisó a lo lejos la mole de una gran ciudad. Un alto muro la rodeaba y junto a la puerta vio parado un hombre.

-¿ Es esto " Allá" ?- le preguntó ilusionado.

-¡ Oh, no!  -le respondió el hombre, con un dejo de burla en su voz- " Allá " es mucho más lejos. No has recorrido ni un tercio del camino todavía.

-Y esta ciudad ¿ qué es?

-Esto es " Mientras".  Puedes descansar aquí, antes de continuar tu viaje.

A medida que se internaba en la masa gris de edificios, vio a mucha gente caminando delante de él. En sus caras brillaba débilmente la esperanza, como una brasa que crepita antes de extinguirse. 

Al día siguiente salió de la ciudad y siguió caminando sin descanso. Su espalda se fue encorvando y su pelo se volvió gris.  La incertidumbre lo agobiaba pero siguió andando sin alcanzar nunca la meta. Cuando creía distinguir a lo lejos la silueta de una ciudad, al acercarse comprobaba que era un espejismo. Los que marchaban junto a él se iban quedando atrás o se perdían en un recodo del camino.

Un anochecer, cuando creyó que ya no le quedaban fuerzas, entró por fin a una ciudad.

Las calles se veían oscuras y las puertas cerradas, pero vio brillar una luz tras el cristal de una ventana.

Golpeó la puerta y le abrió una mujer de ojos apagados.

-¿ He llegado por fin?  ¿ Es esto ""Allá" ?

No- suspiró ella- Este es el mismo lugar de donde partiste.

La miró sobresaltado y solo entonces reconoció a su mujer. En las arrugas de su cara, vio escrita una historia de soledad y abandono.

Se dejó caer a sus pies y hundiendo la cara en los pliegues de su falda, lloró largamente.





domingo, 21 de agosto de 2022

FUERZA MENTAL.

 Como era de esperar, el reloj despertador cumplió su cometido con despiadada puntualidad y lo arrojó de la cama, de cabeza a la lobreguez del día Lunes

Jorge se sintió cansado de antemano, al solo pensar en lo que le esperaba. Odiaba su trabajo y por sobre todo, odiaba a la gente con la que le tocaba trabajar. Empezando por Olguita, la secretaria, que cada mañana lo saludaba con una sonrisa:  ¡ Buenos días, Don Jorge!  ¿ Como amaneció?

A él, ese saludo le sonaba a pura hipocresía y le daban ganas de contestarle:  ¿ Y a usted, qué le importa?

A continuación, se enfrentaba con el corrillo de vendedores en torno a la máquina de café, fanfarroneando y felicitándose unos a otros, por los éxitos de la semana.  Se demoraban ahí por lo menos media hora, hasta que consideraban que ya era tiempo de honrar a algún cliente con su visita.  El resto del día, el ruido continuaba ensordecedor:  Los teléfonos, los cotilleos de las secretarias, la voz del jefe tronando desde su cubículo acristalado...A Jorge

se le antojaba estar metido en un avispero, cuyo zumbido le impedía concentrase en el trabajo. A media mañana, ya estaba de un humor de perros...

Hubo un momento en que dejó su escritorio y en el pasillo chocó con un auxiliar, que llevaba una taza de café. El muchacho tropezó y le vació parte del café en los zapatos. Jorge lanzó un rugido y con gusto le hubiera dado una cachetada. 

El auxiliar, afligido corrió a buscar una toalla de papel e hizo amago de limpiarle los zapatos, pero lo apartó de un empujón y se alejó rezongando. 

En la tarde, el mismo auxiliar entró tímidamente con un paquete. - Don Jorge, vinieron del club de lectores y le trajeron esto...¡ Ojalá sea interesante!

Se notaba que quería hacerse perdonar la torpeza de la mañana. Jorge desenvolvió el libro y vio que el título era " El poder de la Fuerza Mental".

-¡ Oh! Un amigo mío lo leyó- exclamó el auxiliar, asomándose por sobre su hombro- Me contó cosas asombrosas. Parece que si uno se concentra y pone toda la fuerza de su mente en algo, puede conseguir cualquier cosa que se proponga...

-¡Puras tonterías! -pensó Jorge, pero en el Metro se fue leyendo el libro y lo absorbió tanto que se pasó dos estaciones. ¡ Era increíble!  Daba ejemplo de personas que concentrándose, lograban que otras se plegaran a sus deseos. O fijando su atención en un solo objetivo y pensando en ello sin descanso, lo hacían realidad...¡ Era cosa de Fuerza mental y Concentración! 

Ya en su cama, con la luz apagada pensó:  Me voy a concentrar en una sola cosa: En hacer desaparecer de la oficina a todos los idiotas que ahí trabajan. ¡ No quiero tener que ver más sus caras ni oír sus risas de hienas!  Es lo único que deseo y en eso me voy a concentrar...

Y se durmió con la idea deliciosa de una oficina vacía, como un oasis de paz para él

solo. 

Cuando se levantó al otro día, ya no se acordaba y por eso fue que, al bajar del ascensor lo sobrecogió el silencio que reinaba en el pasillo.  En la oficina no había nadie.

Se quedó atónito y por unos segundos, no entendió lo que pasaba. Después se acordó de que se había dormido haciendo fuerza mental para que todos desaparecieran. ¡ Y lo había logrado!.

-¡ Qué maravillosa paz!  ¡ Qué silencio bienhechor!   Los escritorios vacíos...La oficina entera para mí ... 

En una hora despachó todo el trabajo acumulado. Después, no se le ocurrió qué más hacer. Se puso a pensar en la increíble proeza de su mente. ¡ Haber logrado borrarlos a todos solo con la fuerza de su voluntad !  Ya no tendría que escuchar más la cháchara de los vendedores, ni los gritos del jefe...Y sobre todo, se había librado de la cantinela dulzona de Olguita: ¿ Buenos días, Don Jorge!  ¿ Como amaneció?

En la tarde empezó a sentirse extraño. El silencio lo oprimía. El reloj de la pared desgranaba su mazorca de minutos con su tic tac estridente.  A veces le parecía escuchar un ruido...Pero no, en la oficina no había nadie...¿ Y no habría nadie nunca más?

Se fue a su casa dubitativo. Se sentía abrumado por lo que había hecho. Después de todo, sus compañeros de trabajo eran lo único que tenía en su vida solitaria...

Se durmió apesadumbrado. 

Al otro día, al bajar del ascensor, lo sorprendió el bullicio de siempre. Las voces estridentes, las risas, los teléfonos. Desde el pasillo escuchó el monólogo de Domínguez, el vendedor estrella, jactándose de sus logros... ¡ Qué alivio!

Olguita, la secretaria, apartó la vista del teclado y le dijo con sincero pesar:

- ¡ Lo echamos mucho de menos, ayer, Don Jorge!  ¿ Por qué no asistió al paseo de la oficina?



domingo, 14 de agosto de 2022

FALLAS HUMANAS.

La nave tocó suavemente la superficie de la tierra y el rayo impulsor se desvaneció con un siseo apenas audible.  XT supo que había llegado a destino. Tenía varios conocimientos sobre el planeta y los seres que lo habitaban. Sabía que se llamaban a sí mismos "  Seres Humanos" , pero la información que manejaba sobre ellos le hacía dudar de que ese nombre les quedara bien...

Pensó que debía abrir la escotilla y salir a explorar el terreno. Lo recibió la bóveda del cielo desplegada sobre la nave como un manto resplandeciente de estrellas. Un rápido chequeo le permitió localizar aquella de la cual procedía y eso lo tranquilizó.

XT no tenía cuerpo sólido, era solo una mente que se desplazaba emitiendo un suave fulgor. Si alguien lo hubiera mirado de lejos, habría creído que era una luciérnaga.

Percibió un campo de contornos irregulares y en la distancia, la mole de una ciudad iluminada. Era allá a donde tenía que dirigirse.  Pero, antes, tenía que adquirir forma humana.

Volvió a la nave y examinó un catálogo con apariencias para elegir y se introdujo en la cabina de concreción molecular. Al cabo de unos minutos, salió de ahí premunido de un cuerpo bastante hermoso. Pero, como nunca había tenido uno, se sentía pesado e incómodo. Otro inconveniente era que ahora poseía olfato y se dio cuenta de que había aterrizado en un basural. El hedor era horrible. A lo lejos, unas criaturas peludas se disputaban restos de comida. 

-¡ Perros!- exclamó XT, orgulloso de sus conocimientos. En las pruebas siempre había sacado notas sobresalientes . También en el examen de Biología Humana. Sabía que los hombres pensaban constantemente, pero eran sus emociones las que tendían a dirigir su conducta. Y le daban especial importancia a dos conceptos: Dinero y Poder.

Había otra  palabra que repetían a menudo, Amor. Pero su significado no parecía muy concreto y al parecer solo se trataba de un devaneo superficial.

Ahora debía interactuar con ellos, tomar notas mentales de su conducta y entregar un reporte a su regreso. Otros como él habían venido antes y su trabajo solo sería de un chequeo de rutina.

Cuando entró a la ciudad, se veía como un joven más y las sombras de la noche ayudaban a disimular la belleza de su cara.   Pasó frente a un bar en cuya puerta había un grupo de hombres.

-¿ Tienes sed?- le preguntó uno, tendiéndole una lata de cerveza.

XT sentía los labios secos y se acercó confiado. Pero otro lo tomó violentamente por detrás y le clavó una punta metálica en la espalda.

-¡ Entrega la plata y el celular, si no quieres que te mate!

-No tengo celular ni dinero- respondió XT- No tengo nada.

Lo arrojaron al suelo y varias manos tantearon sus bolsillos. Se escuchó a lo lejos una sirena policial y huyeron en todas direcciones. Varios transeúntes habían presenciado la escena pero ninguno hizo amago de ayudarlo. 

Siguió caminando y llegó a una casa iluminada. Del interior brotaba música. A XT le parecían sonidos cacofónicos, pero se dejó llevar por el ritmo y entró en la casa. Una mujer le salió al encuentro:

-¡ Hola, guapo!- le dijo, abrazándolo- Ven conmigo y yo te haré el amor...

Sus labios oprimieron los suyos, pero de pronto se apartó y lo miró con sospecha:

-Trajiste dinero, me imagino...

-No, no tengo dinero.

-¿ Y qué haces aquí entonces? ¿ Crees que por tu linda cara te va a salir gratis?  Ándate y déjame trabajar.

Lo sacó a empujones hasta la vereda. XT se alejó confundido. Al escuchar la palabra Amor se había sentido expectante. ¡ Por fin iba a conocer su significado!  Pero, para eso había que tener dinero...

Dos veces, en esa noche, le habían pedido dinero. Una, amenazándolo con quitarle la vida y la otra, ofreciéndole amor. No había duda que era muy importante para los humanos...

Cansado, se sentó en un banco de madera que había junto a una cabaña. 

-¡ No sé por qué, se me ocurre que tienes hambre!  ¿ Quieres entrar y compartir mi cena?  Era un anciano el que le hablaba.

-Pero, no tengo dinero- suspiró XT.

-Bien triste debe ser tu vida, si crees que tienes que comprarlo todo.

Lo llevó al interior de la cabaña, donde sobre una mesa humeaba una olla con sopa.  XT comió con avidez. Tenía sed y hambre, pero por sobre todo, tenía deseos de llorar. Un cúmulo de emociones lo agobiaba. Deseó librarse de ese cuerpo y volver a ser una mente, ingrávida y pura, porque los sentimientos humanos lo hacían sufrir.

Se despidió del anciano y volvió a la nave. Esa noche había conocido a muchos seres humanos, pero solo uno le pareció merecedor de ese nombre. Ahora solo quería regresar a su hogar en las estrellas y no volver a la Tierra nunca más.




domingo, 7 de agosto de 2022

EL VIAJE.

La Vida es como ir viajando en un bus. Generalmente, uno se resigna a hacer todo el recorrido, le guste o no.  Es cierto que hay algunos que se bajan sobre andando, antes de llegar al terminal, pero son los menos.

Se viaja colgado de la barra, mirando como desfila el Mundo a través del vidrio, ajeno e inaccesible. Uno va siempre rodeado de caras anónimas, que lo miran sin verlo. Gente de la cual no se puede esperar nada, excepto una mala cara o un empujón, si uno invade su espacio sin querer.

Los pobres vamos siempre de pie. Los ricos, sentados. Me imagino que el conductor estableció esa regla y no tenemos el valor de oponernos a ella. Tampoco sacaríamos nada, creo yo.

Nunca supe como llegué aquí. Me encontré viajando, sencillamente. Sin entender gran cosa, como si me hubiera subido por equivocación, en un paradero que quedó borrado por la niebla.

Al principio iba con mis padres, mudos los tres, con esa resignación que tenemos los pobres. Sufriendo los pisotones y las malas palabras, sin despegar los labios. Y pidiendo nosotros perdón, cuando son otros los que nos empujan.

Ellos se bajaron antes.  Primero fue mi viejo, tan chiquito y encorvado que casi no ocupaba espacio. Parecía que una máquina trituradora lo hubiera estado carcomiendo por dentro. Apenas quedaba de él un pellejito arrugado, cuando se despidió con un gesto y se bajó en una esquina.

Después le tocó el turno a mi madre. Me apretó la mano sin decir palabra y la vi bajarse en un barrio gris, mojado por la lluvia. Se perdió por una calle larga, a la que no se le veía el final ni tampoco el nombre, pero yo sabía bien como se llamaba.

Y seguí vajando solo, buscando a mi alrededor una mirada tibia, algún gesto amistoso, entre tanta cara impávida...

Sin saber como, me fijé en una muchacha de pelo oscuro que iba a mi lado. La masa de gente la había empujado hacia mí y ella se acomodó en el refugio de mi brazo, apretando contra su pecho una carterita humilde. Me miró y vi que tenía los ojos tristes, como si se le hubiera quedado atrapado en ellos algún invierno de su niñez.

Sentí en el corazón una tibieza nueva y me embargó la convicción de que ya no iba viajando solo. Y así seguimos los dos, hombro con hombro, viendo pasar el mundo a través de los cristales. No nos mirábamos, pero sé que nos sentíamos, porque ella llevaba en los labios una sonrisa secreta, que solo yo podía ver.

Luego divisé a un hombre al otro lado del pasillo. Vestía muy elegante y se veía satisfecho, como todos los que tienen el privilegio de viajar sentados.

La miraba a ella, fijamente, y al cabo de un rato, se levantó y le ofreció el asiento. Ella me miró, como dudando y luego aceptó, entre avergonzada y contenta. 

Esa fue la última mirada que me dio. 

Esquivando los pisotones, fui retrocediendo por el pasillo. ¿ Qué podía hacer si no tenía nada que ofrecerle?  Los que viajamos de pie, siempre somos los perdedores.





domingo, 31 de julio de 2022

UN PUÑADO DE POLVO.

 La noche de Halloween, Patricio y Fernando querían hacer algo realmente aterrador y decidieron pasar la noche en el cementerio. Tenían la esperanza de divisar algún espectro o al menos escuchar gemidos de ultratumba que les erizaran el pelo en la nuca.  Estaban aburridos de ir a bailar disfrazados de zombis o acompañar al hermano chico a pedir dulces puerta a puerta.

Se metieron a escondidas al cementerio e iban caminando por una avenida entre las tumbas, cuando Fernando recordó algo:

-¡ Oye!  Hace tiempo escuché una cosa:  Dicen que si te llevas tierra de una sepultura, el espíritu del difunto se va contigo.

-¿ Y para qué va a querer uno llevarse a la casa un alma en pena?  ¿ Para que en la noche no te deje dormir con sus lamentos?

-¡ No, hombre!  El asunto es que el difunto se siente tan feliz de que lo devuelvas al mundo de los vivos, que te ayuda en todo y las cosas te empiezan a salir bien.

-¡Ay!  ¡ Qué estupendo sería tener un espíritu como socio!-suspiró Patricio-  Con lo que yo necesito que me vaya bien en la pega...¡ Y en el amor! Mejor ni te digo...

-Bueno ¿ y qué esperas entonces?  Mira esa tumba, no tiene ni lápida...Se nota que al muerto lo enterraron recién.

Patricio escarbó con las manos y se llenó los bolsillos de tierra suelta.  En ese mismo instante, escucharon una voz quejumbrosa que pedía: 

-¡ Suéltame!  ¡ Suéltame!  ¡ No me quiero ir de aquí!

Fernando salió corriendo despavorido y no paró hasta la puerta del cementerio. Patricio, en cambio, se quedó paralizado de espanto.  Pero, luego reaccionó y todavía tembloroso, devolvió a la tumba toda la tierra que había sacado.

Ya en su casa, al colgar la chaqueta, vio que aún quedaba polvo en el fondo de los bolsillos y otro puñado en el interior de sus zapatos.  Ya pasado el susto, decidió guardarlo en una cajita.  Por si acaso era cierta la leyenda que le contara su amigo... Y se acostó esperanzado.

Al amanecer, lo despertaron unos suspiros:

-   ¡Ay!  ¡ Ay! ¡ Quiero volver a mi tumba !- gemía una voz quejumbrosa.

-¡ Así que te traje para acá, después de todo! - le respondió Patricio, envalentonado porque se hallaba en su propio ambiente- ¡ No te aflijas!  Te prometo que si me ayudas, te devuelvo al cementerio.

Se preguntaba qué razones tendría el difunto para querer seguir muerto. A menos de que se tratara de un suicida...

Al día siguiente, creyó notar la ayuda que estaba recibiendo. En la Empresa donde trabajaba corrió el rumor de que habría una vacante en la Sección Cobranza y pensaban promover a uno de los jóvenes de Mensajería.  Con más trabajo pero mejor sueldo.  Era un ascenso y el nombre de Patricio sonaba como carta segura.

Para rematar su buena suerte, esa noche conoció en la Discoteca a una chica sensacional. Bailaron toda la noche y al despedirse, ella consintió en darle el número de su celular.

Se sentía tan feliz que ya ni se acordaba de la promesa que le había hecho al difunto. Entre sueños, escuchaba los suspiros que venían de la cajita, pero se daba una vuelta en la cama y seguía durmiendo. Que se esperara un poco más, pensaba. Podría surgir otra oportunidad en la cual necesitara su ayuda....

Pero días después, empezó a circular un nuevo rumor en la Empresa. El sobrino del gerente de Ventas estaba también postulando al puesto en Cobranzas y el nombre de Patricio había dejado de sonar... Para colmo, el número de celular que le había dado la chica, resultó ser el de una Clínica de mascotas...

¿ Qué había pasado de pronto para que se revirtiera su suerte?  Se acordó de la cajita con polvo del sepulcro y en la pobre alma a la que había traicionado. 

Pensó que tenía merecido lo que le pasaba y esa noche se prometió que al día siguiente sin falta iría al cementerio.

Tuvo que buscar la tumba durante más de una hora. Al final halló el ciprés que la cobijaba y vió que ya le habían puesto la lápida. Emeterio Pantoja se llamaba el propietario.

Vació la tierra con cuidado a un costado de la losa.

-¡ Ya, Emeterio !  Aquí te dejo...¡Perdona todas las molestias y descansa en paz!

Se había alejado un corto trecho, cuando escuchó un suspiro de alivio, como el de alguien que después de un viaje agitado, regresa al hogar.

-Por lo menos, esta noche voy a dormir tranquilo-  se conformó Patricio-¡ Y el difunto también, estoy seguro !





domingo, 24 de julio de 2022

TÉ DE YERBAS.

-¡ Isabel !

No quería despertarla, pero el grito brotó de sus labios, incontenible.

Había tenido una pesadilla.

Soñaba que había matado a alguien y trataba de enterrar el cadáver en el patio trasero.  Por más que le  echaba tierra encima, seguí viendo su cara gris bajo la luz de la luna. Luego llegaba gente y empezaba a gritar, señalando al muerto y luego a él, acusadores. Lo llevaban a un tribunal y un juez lo condenaba a muerte.

Despertó sudoroso y aterrado. Sintió alivio al encontrarse en su lecho de enfermo, pero luego pensó que parte del sueño era cierto, que él estaba condenado a morir, que el médico mentía, que todos se habían puesto de acuerdo para ocultarle la verdad.

Se abrió la puerta suavemente y entró su mujer.

-¿ Qué tienes, mi amor?  ¿ Te duele algo?

-No, solo estaba soñando. Grité sin querer, lamento haberte despertado.

Isabel sonrió con dulzura y se inclinó a acomodarle las almohadas. Su largo cabello rubio le rozó la frente y le pareció que lo acariciaba, como el ala de un pájaro.

Notando que las sábanas estaban húmedas de sudor, fue a buscar otras para cambiárselas.

-¿ Por qué eres tan buena conmigo, Isabel?

-Porque te quiero, pues tontito. ¿ Por qué más iba a ser?

-Estoy haciendo de tu vida un martirio...Quizás la esperanza de que todo acaba pronto te ayuda a aguantar...

-¡ Por Dios, Jorge, no digas eso!

-¿ Crees en Dios, Isabel?

-Tú sabes muy bien que sí.

-Yo ya no sé si creer...Cuando era niño, mi mamá me señalaba el cielo y decía que El vivía ahí y me protegía de todo mal. En mi adolescencia, me dio por decir que era ateo y me sentía orgulloso, como si fuera una hazaña...Cuando te conocí, Isabel, a través de mi amor por ti creí volver a encontrarlo. Pero, ahora, de nuevo me siento perdido. Pienso que tal vez voy a hallar a Dios en la muerte.

-¡ Jorge! ¡ Eres tan joven!  No puedes estar pensando en morir. Quedaste bien de la operación y eso lo sabes bien.

- Sí, pero,  el médico se extraña de que no recupere las fuerzas. La última vez que vino, estuvo examinando los remedios como si pensara cambiarlos...Cada día estoy más débil y decaído.  En lugar de avanzar, retrocedo. Siento que voy cayendo hacia atrás, hacia un precipicio que terminará por tragarme.

Isabel terminó de cambiar las sábanas y le secó la frente con su pañuelo.

-¡ Ya, mi amor!  ¡ Tranquilo ! Creo que de tanto sudar estás deshidratado. Te traeré una taza de ese té de yerbas que te he estado dando. ¡ Verás como te calmas y vuelves a dormir!

Se dirigió a la cocina dejando tras de sí el delicado perfume que emanaba su camisa de dormir. Jorge quiso levantarse y seguirla, para demostrarse a sí mismo que estaba más fuerte. Pero un repentino vértigo lo derrumbó sobre la almohada.

Isabel puso a hervir agua y sacó una bolsita azul del interior de un frasco. Se la había dado su nana cuando se casó.

-Tome, mi niña. Estas yerbas son mi regalo de bodas. No se las muestre a nadie, es un secreto, pero quizás algún día le puedan servir...Sí su marido la hace desgraciada, si las cosas no salen como usted quería...¡ Ya sabe! El efecto es lento pero seguro. Solo hay que tener paciencia...¡ Y lo mejor de todo es que no deja huella!

Isable puso tres cucharadas de la yerba en una taza y vertió encima el agua hirviendo. Un olor acre pero no desagradable subió hasta su nariz. Con dos cucharadas de azúcar se disimula lo amargo, pensó y volvió a ocultar la bolsita en el fondo del frasco.

Entró a la pieza llevando la infusión humeante y con suavidad pasó su brazo por la espalda de Jorge, ayudándolo a incorporarse.

-¡ Ya, mi amor!  Tome su té de yerbas. Usted sabe que lo natural es lo más sano. Cada día se irá sintiendo mejor, ya verá...Es lento pero seguro. ¡ Solo hay que tener paciencia!





domingo, 17 de julio de 2022

GENOVEVA.

Todas las mañanas, mientras se peinaba, Genoveva conversaba con el espejo. Lo que no era raro, porque el resto del día, en la oficina, se lo pasaba en silencio. Contestaba con monosílabos si alguien le dirigía la palabra y como su malhumor era permanente, su compañeras evitaba hablarle.

El espejo era su interlocutor favorito, porque nunca la contradecía.

-¡ Qué día tan feo amaneció hoy!- rezongaba Genoveva- Recién empieza el otoño y ya está lloviendo ¡ Qué se espera para más adelante!

-Tienes razón- respondía el espejo- Antes de llegar a la estación del Metro tendrás los zapatos empapados y fijo es que te pescas un catarro...

Siempre Genoveva y su reflejo llegaban a la misma conclusión: La vida era un asco y más valdría quedarse en cama y no levantarse más.

Una mañana de tantas, Genoveva comentó:

-¡ De solo pensar en el trabajo atrasado que tengo, ya me duele la cabeza!  No cabe duda de que hoy será un día miserable...

Pero esa vez, el espejo, tal vez cansado ya de encontrarle la razón en todo, amaneció con ánimo de contradecirla:

-¡ Te equivocas!  ¡ Este será un día maravilloso! ¡ Encontrarás la Felicidad y el Amor!  Así es que más vale que te esmeres en tu arreglo.

Genoveva se quedó muda, con los ojos redondos de sorpresa. La invadió una leve esperanza...¿Sería verdad que todo iba a cambiar?

Se quitó el pinche que sujetaba su pelo y una cascada de rizos castaños se esparcieron sobre sus hombros. Luego pensó que hacía ya varios días que llevaba el mismo sweter gris y la acostumbrada falda oscura. Abrió el closet y algo rojo parpadeó y le hizo guiños desde un colgador. Era la blusa que le había regalado su mamá para su cumpleaños.

Se la puso y salió a la calle con otro estado de ánimo.

Levantó la vista y contempló por primera vez el esplendor del otoño. El follaje de los árboles se había vuelto rojo y dorado y atravesado por el sol de la mañana, parecía arder. ¿ Como no se había fijado antes?

En la oficina, se sentó ante su escritorio y se apresuró en terminar el trabajo atrasado. Así le sobraría tiempo para esperar el Amor y la Felicidad que ya debían venir en camino.

Una de sus compañeras, que acababa de sufrir el reproche de un jefe iracundo, exclamó al pasar por su lado:

-¡ Este será un día muy desagradable!

-¡ Te equivocas!-  la contradijo Genoveva-  ¡ Este será un día especial en el que pasarán muchas cosas buenas!

Sus compañeras la miraron sorprendidas. Nunca la habían escuchado decir nada simpático... Y para colmo ¡ sonreía!  ¡ Esa sí que era novedad !  A la hora de la colación, la invitaron a comer una hamburguesa al Mall. Genoveva siempre las había considerado tontas y presumidas, pero decidió ir y para su sorpresa, lo pasó muy bien y se rio como nunca.

Le sobró toda la tarde para esperar los acontecimientos felices que le había anticipado el espejo y mientras llegaban, le ayudó a otra chica a sacar su trabajo atrasado. Esta le dijo:  Genoveva, no sabía que eras tan buena compañera. Se nota que no te conocía bien...

El día llegó a su fin sin que nada especial hubiera ocurrido y volvió a su casa decepcionada. Se paró frente al espejo y le reprochó:

-¡ Me dijiste que llegaría la Felicidad y no la he visto por ninguna parte!

-¿ Cómo que no?   ¿ Acaso no te sentiste feliz esta mañana, cuando miraste la belleza del otoño? ¿ Y no disfrutaste con tus compañeras y te pusiste contenta al descubrir lo amables que son?

-¿ Y eso es todo?

-¡ Por supuesto!  La Felicidad está en las pequeñas cosas de cada día. ¿ O tú creías que iba llegar precedida de truenos y relámpagos?  A veces es así, pero resulta efímera. Es mejor la que se construye con estados del alma y brota desde nuestro interior.

-Pero ¿ y el Amor que me prometiste?

-Bueno. Ese necesita más trabajo. Pero, sigue sonriendo, continúa mirando a la gente con ojos confiados...Hoy plantaste la semilla. ¡ Mañana llegará el jardinero a cultivar la flor!