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domingo, 17 de octubre de 2021

LOS CISNES.

Ruth amaba a los cisnes que poblaban la laguna.  Cada tarde, al salir del Liceo, atravesaba corriendo el bosque y se acercaba a la ribera.  Ahí estaba la bandada, reposando quietamente sobre el agua. Parecían copos de nieve o flores blancas que alguien hubiera esparcido sobre las ondas.

Al verla llegar, la saludaban con un suave rumor de alas. Ruth sabía que los cisnes son mudos y  se dice que solo cantan antes de morir.

Había uno en especial, que se apartaba de la bandada para salir a su encuentro. La blancura de su plumaje contrastaba con el color de su cuello, negro como el azabache. Nadaba hacia ella majestuosamente y apoyaba su cabeza sobre el hombro de Ruth.

Sus ojos brillaban, como queriendo decirle algo y ella se imaginaba que era una forma de 

declararle su amor.

-¡ Soy la novia de un cisne!- pensaba - Un día me convertiré en cisne también y volaré con ellos, lejos de aquí.

Pero una Industria se había instalado en las cercanías y pronto se vio que estaba contaminando las aguas de la laguna. Se extinguieron las algas de las cuales se alimentaban los cisnes y algunos empezaron a morir.

La niña lloró desconsolada cuando una tarde divisó dos cuerpos blancos inertes sobre la arena de la ribera.

El cisne que era su amigo,  salió a su encuentro nadando lentamente y apoyó la cabeza en su hombro. Ruth comprendió que le decía adios. Después de un momento de muda comunión, se apartó de ella y se unió a la bandada. Ruth los vio enmprender el vuelo para no volver.

La niña regresó a su casa muy triste y al cabo de una semana, empezó a decaer. Sentía dolores en los huesos y en su espalda, una rigidez extraña que no la dejaba dormir.

La llevaron a una clinica, donde la examinaron varios médicos que ordenaron una multitud de exámenes.

Al ver los resultados, movieron la cabeza con desaliento.

A Ruth la tranquilizaron diciéndole que no estaba enferma, que eran los dolores propios del crecimiento. Pero, a sus padres les dijeron la verdad sin tapujos:

- Su hija  tiene una enfermedad a los huesos, muy extendida ya. A estas alturas, solo podemos indicar cuidados paliativos.

Tres veces al día su mamá le daba unas pastillas con un vaso de leche. Los dolores se calmaron, pero un bulto en su espalda parecía crecer.

Una noche, Ruth se quitó el piyama y  palpó su espalda, intrigada.  De pronto, creyó tener  la respuesta al enigma: ¡ le estaban creciendo alas!

-¡ Me estoy convirtiendo en un cisne! - exclamó maravillada- Debo guardar el secreto y no volver a quejarme más.

-Creen que estoy enferma- reflexionó- Pero, es solo el prodigio de mi transformación. ¡  Pronto podré volar para  reunirme con mis amigos !

Pasó el tiempo y Ruth, sobrecogida ante el milagro que se avecinaba, no notaba como se iba debilitando y como su cuerpo adelgazaba ostenciblemente.

Sus padres la miraban abatidos y su madre lloraba a escondidas. Ambos se sentían impotentes ante el avance de la enfermedad.

Una noche, Ruth sintió más que nunca la presión en su espalda. Escondida en su dormitorio, se quitó la blusa y vio que dos alas blancas  prendidas a sus hombros se extendían con un sueve rumor.  Resplandecieron en la penumbra, como si la luz de una estrella hubiera entrado a la habitación.

Al mismo tiempo, escuchó uno golpecitos leves en el vidrio de la ventana. La abrió y con júbilo vio que el cisne había venido a buscarla.

El la miraba en silencio, pero sus ojos brillantes parecían decirle:

-LLegó la hora. ¡ Por fin eres uno de los nuestros!

Ruth extendió sus alas y juntos emprendieron el vuelo.  La noche caía sobre la tierra y miles de estrellas los envolvieron en su suave fulgor.

A la mañana siguiente, los padres de Ruth la encontraron inerte en su cama. 

 Cogidos de la mano lloraron sin consuelo. Pero, luego, al advertir que una sonrisa había quedado impresa en sus labios, se consolaron pensando que había volado a un mundo mejor.




domingo, 10 de octubre de 2021

VENGANDO A CELINA.

( Un cuento feminista)


Arrojaba los días por sobre mi hombro, como un puñado de arena.

Sentada en la orilla de la vida, veía pasar los barcos a lo lejos y vigilaba el agua, por si veía venir alguna botella con mensaje. Quizás en otra playa, al otro lado del mundo, alguien miraba el agua como yo. Pero, no podía saberlo.

Hasta que, de golpe, la Casualidad me hizo la más extraordinaria de las ofertas: Vivir una vida que no era la mía.

¿ Como rechazar aquella aventura, que llegaba sin que la buscara, porque yo nunca había tenido el valor de romper por mí misma la monotonía de mi existencia?

Todo empezó una tarde, arriba de un bus que se iba quedando vacío mientras nos acercábamos al terminal.

Yo iba sentada junto a la ventanilla, mirando los colores del atardecer:  violeta, rosado, verde limón..., mientras se iban encendiendo los faroles de las calles.

 Era la hora que más me gustaba, porque señalaba el final del día. La angustia se iba apaciguando y el corazón parecía flotar en un agua mansa, que lo mecía con un vaivén de sosiego.

Muchas tardes tomaba el bus y viajaba hasta el terminal. Luego volvía. Rodeada de tantas caras anónimas, me sentía menos sola.Y el paseo era lo suficientemente largo para dejarme en la esquina de mi casa, cuando ya era de noche.

Esa tarde, iba mirando por la ventanilla, como les contaba, cuando sentí que algo me tiraba desde atrás. Era como una fuerza que me obligaba a mirar al interior del bus. 

Dos asientos más allá, un hombre me miraba fijamente.  Tenía una expresión rara, como alguien que ve a un fantasma y no sabe si salir huyendo, presa de pánico o acercarse y entrar en contacto con el ser querido vuelto desde el Más Allá.

Su lucha pareció cesar de pronto y se levantó del asiento, presa de un violento temblor.

-¡ Celina! -exclamó  emocionado- ¡ Celina!  ¿ Es posible que seas tú?

No, no es posible, pensé para mis adentros, porque me llamo Marta y es la primera vez que te veo.

Pero guardé silencio y lo miré, expectante.

El se sentó a mi lado y tomó mis manos, mirando con devoción cada dedo, cada trozo de piel.

Quise retirarlas, humillada, porque estaba consciente de que se veían ajadas y  ya habían perdido la tersura de la juventud. Pero, él me lo impidió y las apretó contra su pecho, como quién recupera un tesoro perdido hacía mucho tiempo en las profundidades del mar.

-¡ Celina!- repitió- ¡ No sabes cuantos años llevo buscándote!  ¡ A cuanta gente le he preguntado por tí!  Fui varias veces a tu pueblo y siempre recibía la misma respuesta, que te habías ido y nadie sabía a donde...

Mi cerebro trabajaba intensamente, pero no me decidía a sacarlo de su error.  Algo  en sus ojos me retenía y por otra parte, lo insólito de la situación me cautivaba. 

-¿ Como me reconociste después de tanto tiempo?- le pregunté para sonsacarle algo más.

-Pero ¡ si no has cambiado tanto! - suspiró-  ¡Tus ojos son los mismos!  Y ya ves, yo también estoy más viejo...

Guardé silencio, en espera de lo que venía y tal vez asaltada por el recuerdo de un viejo desengaño, solté dos lágrimas que lo dejaron consternado.

-¡ Mi amor!- trató de abrazarme y me resistí con furia- ¡ Ya sé que es difícil que puedas perdonarme!   Actué como un cobarde. Te dejé sola cuando más me  necesitabas. Pero lo he pagado con el dolor de todos estos años y la impotencia de no poder encontrarte para pedirte  perdón...  

Lo dejé hablar porque al escucharlo, se me iba aclarando la situación.  Y la triste historia de Celina empezaba a tomar cuerpo en mi mente.

¡ Así es que la había abandonado y ahora suplicaba que  lo perdonara!

 ¡  Cínico, más que cínico !  -pensé-  El daño que le hiciste a ella me lo hiciste también a mí, porque ahora yo soy Celina y te lo voy a hacer pagar...

-¡ Años me lo pasé llorando, sin poder aceptar tu abandono!- le solté de repente, sorprendida de mí misma- Mientras tú te solazabas junto a la otra, yo estaba sola, prisionera de tu amor. Incapáz de pensar en otro que no fueras tú. Perdí mi juventud añorándote y ahora el espejo me devuelve la imagen de una mujer marchita...

Y largué un sollozo desgarrador que lo dejó consternado.

Con rabia arranqué mis manos de la suyas e hice amago de pararme del asiento, pero él me retuvo.

-¡ Celina!  ¡ No me dejes ahora que te he encontrado!  Estoy tan solo....Mi pasión por esa mujer fue efímera...Y luego, pasé todos estos años buscándote.  ¡ Aún es posible rehacer nuestras vidas!

Volví a sentarme y me quedé en silencio, maquinando el desquite.   

El me miró esperanzado, seguramente vislumbrando la posibilidad de que lo perdonara. Lo dejé que se engañara.

Alcé la cara y le sonreí debilmente, entre mis lágrimas.

Emocionado, volvió a tomarme las manos y suspiró:

-¡ Gracias, querida!  ¡ Gracias por ser tan generosa!

Nos bajamos del bus y llamó a un taxi, para ir a dejarme a mi casa.

Le dí una dirección falsa en ese barrio para mí desconocido. Lo dejé que me acompañara hasta una puerta cualquiera.

-¡ Déjame hasta aquí!  - le pedí en un susurro- No quiero darle que hablar a los vecinos...

-¿ Puedo venir a buscarte mañana? 

- ¡ Sí!  Ven a las seis. Te estaré esperando.

 Me aseguré de que se hubiera alejado lo suficiente y me encaminé al paradero de buses, para volver a mi casa.

Ese noche dormí sin necesidad de somníferos.  Y al cerrar los ojos en la oscuridad, le sonreí a Celina.

¡ Sentí que juntas nos habíamos desquitado!





domingo, 3 de octubre de 2021

UN CUENTO DE FANTASMAS.

Eran las tres de la tarde y hacía mucho calor. Rosa se daba vueltas en su cama, apretando los párpados, en un vano intento de dormir. Las cortinas de dormitorio se mecían apenas, con una brisa misericordiosa que soplaba de vez en cuando.

Necesitaba una siesta, para reponerse de la injusta trasnochada del Sábado anterior. Había estado despierta hasta la madrugada, escuchando los ruidos de una fiesta en la casa vecina. 

- ¡ Si al menos me hubieran invitado!- pensó con rabia- ¡ Así valdría la pena esta jaqueca!

¡ Hasta con fuegos artificiales había sido la cosa!  Los acogían con risas y gritos, mientras los perros aullaban despavoridos.

¡ Tanto que celebran!- pensó Rosa- Con lo traidora que es la vida, más les valdría llorar...

De pronto, sintió un rumor, como de una tela que se arrastra y abriendo los ojos, vio a un fantasma parado a los pies de su cama.

-¿ Qué haces aquí, en pleno día?  -le espetó Rosa- ¿ Que no es de noche que se aparecen los fantasmas?

-Perdona si te he molestado...Lo que pasa es que a mí me da miedo la oscuridad y en la noche me escondo.

-Ja ja ¡ No creo que  vayas a tener  mucho éxito en tu profesión !

El fantasma se encogió un poco, como tocado en su amor propio, pero no hizo amago de irse.

-En esta casa viví cuando era joven- suspiró- Es el único lugar en que he sido feliz...

-Lo siento mucho, pero ahora soy yo quién vive aquí y tengo más derechos que tú, porque pago las contribuciones.  Así es que ándate y déjame dormir la siesta tranquila.

El fantasma palideció y pareció que iba a desvanecerse. 

Rosa se hundió más en la almohada y cerró los ojos. Aliviada, creyó que había logrado ahuyentar al intruso, pero percibió un peso casi ingrávido y vió que se había sentado a los pies de la cama. Desde ahí la miraba con tristeza. Tenía la cara larga y un pelo oscuro que le caía sobre los hombros. Era una mujer, sin duda.

Una insoslayable solidaridad de género hizo que Rosa dulcificara el tono:

-¿ Hay algo que pueda hacer por tí?

Había oído hablar de las almas en pena y sospechó que alguna atadura con este mundo impedía que el fantasma descansara en paz.

-¡ Necesito que ne leas la carta que él me dejó!

-¿ Quién es él y de qué carta me hablas?

-Era mi novio...Vivíamos juntos aquí...Nos amábamos.  Pero, un día discutimos y me fui.  Quise volver...Estába lloviendo y un autobus se precipitó sobre mí, atropellándome...Cuando conseguí regresar, lo hice como el fantasma que ves,  un girón de humo sin fuerzas para nada...

-¿ Y él?- preguntó Rosa, impresionada.

-Se había ido, pero vi que me había dejado una carta en la repisa de la chimenea...Llevo años sufriendo, sin poder saber lo que me dice.

-Pero ¡ yo no encontré ninguna carta cuando vine a vivir aquí!

-Es que con el tiempo, el empapelado de la pared se despegó y cuando lo pegaron de nuevo, la carta quedó detrás, sin que nadie se fijara.

Rosa se acercó a la chimenea que había en el salón y, metida entre el papel mural y la pared, encontró una carta. Iba dirigida a una tal Griselda.

-¡ Léemela, por favor!  ¡ Estoy segura de que me decía que me perdonaba!  ¡ Que me amaba, como yo a él!

Rosa razgó el sobre que el fantasma, con sus manos incorpóreas no había podido abrir. Vio que adentro había un trozo de papel con un mensaje escueto:   " Me aburrí de esperarte.  No vales la pena. En el mundo hay miles de mujeres mejores que tú "

Rosa no supo qué hacer. El pobre fantasma de Griselda la miraba expectante, ansioso de oir las palabras de amor que estaba segura que él le había escrito...

Compadecida, fingió leer:

-Mi amor, no puedo vivir sin tí!  Salgo a buscarte y no volveré aquí si no te encuentro. Te amo demasiado.  Julio.

-¡ Gracias!  ¡ Era lo que necesitaba!- exclamó el fantasma y con un suspiro de alivio, se desvaneció.

Rosa pensó que había matado dos pájaros de un tiro. Con su mentira piadosa había aliviado el sufimiento de un alma en pena y de paso, se había ganado el derecho a dormir una buena siesta en paz. 




domingo, 26 de septiembre de 2021

UNA VISITA INCOMODA.

Era pasada la medianoche y Jaime aún se devanaba los sesos frente al computador.  Al final del primer capítulo de su novela, su mente había quedado en blanco y no se le ocurría ninguna idea para seguir.

De repente, vio a alguien parado a su lado. Se quedó atónito, porque estaba seguro de que no le había abierto la puerta a nadie. Se trataba de una figura incorpórea, de contornos indefinidos y alcanzó a sospechar  que se trataba de un fantasma. Pero el presunto espíritu echó por tierra sus suposiciones, al saludarlo con jovial desparpajo:

-¡ Hola, Jaime!  Soy La Muerte y he venido a buscarte.

A Jaime se le erizaron los pelos de la nuca y gritó aterrorizado:

-¡ No, por favor!  ¡ Soy tan joven !  ¡ No puedes llevarme todavía!

-De poder, puedo- le respondió La Muerte con frialdad- Debes saber que yo no tomo en cuenta la edad de la gente para hacer mi trabajo.

-Pero ¡ Soy telentoso!  ¡ Estoy escribiendo una novela que me publicarán a fines de año...!

-No estés tan seguro. Ayer me llevé a tu editor. Fue un infarto fulminante. Así es que su promesa de publicarte pasó con él a mejor vida jaja.

Y La Muerte emitió una risita sarcástica. Se había sentado en un sillón, frente al escritorio y extrajo de entre sus ropas una cajetilla de cigarrillos.

-¡ Por favor!  ¡  Dame una oportunidad!- suplicó Jaime y creyendo tener una idea genial, le propuso- ¡ juguemos una partida de naipes!  Si gano, te vas y me dejas tranquilo.

-Para ser un escritor talentoso, como dices, eres bien poco original- le respondió La Muerte, con desdén- Si de desafíos se trata, te propongo otro en tu propio terreno:  Si quieres salvarte, tienes que escribir un cuento...

-¡ Fácil!- exclamó Jaime y se arrellanó en la silla, aliviado.

-¡ No tan fácil, amigo!  El cuento debe ser de una sola línea y contener dramatismo y misterio.

-Pero ¡ es imposible!  ¿ Como esperas que pueda desarrollar en una sola línea un argumento como el que pides?

-¿ Y no dices que tienes talento?  ¡ Pruébamelo!  Volveré mañana a esta misma hora y si me gusta tu cuento, te prometo que te dejaré en paz.

Jaime no pegó un ojo en todo el resto de la noche y al otro día, vagó por la ciudad, desesperado. Sentía su cerebro embotado, como si en lugar de sesos tuviera un montón de estopa mojada.

A la media noche en punto, apareció La Muerte. Venía segura de sí misma, fumando un cigarrillo con displisencia.

-Aquí está mi cuento- le mostró Jaime.

 En una página en blanco había una sola frase: Nació y murió.

-¿ Qué te parece?

-¡ Bah!- exclamó La Muerte, desdeñosa - ¿ Donde está el misterio ahí?

-¡ Chis! ¿ Te parece poco? Ignoramos  donde estábamos antes de nacer y a donde iremos después de morir...¿ Qué mayor misterio que ese?

  -¿ Y el dramatismo?

-Somos lanzados a este mundo contra nuestra voluntad.  Vivimos luchando contra eso que llamamos Destino y nunca llegamos a entender qué sentido tiene la vida...¿ No te parece dramático?

La Muerte  guardó silencio, sin saber qué decir.  Desconcertada, no se dió cuenta de que se le había consumido el cigarrillo entre los dedos y se quemó. Dando un salto, lo lanzó lejos con furia.

Jaime lo aplastó con el pie y fue a buscar una pala para recoger las cenizas.

Al volver, no le extrañó  hallarse solo en la habitación.

Se sentía estimulado. Nuevas ideas se atropellaban en su mente.  Abrió la ventana para que se discipara el olor a tabaco y se puso a escribir, hasta que amaneció.





domingo, 19 de septiembre de 2021

UNA TAZA DE CAFE.

Casi todos los días, Marcos se cruzaba con Joel, los dos apurados, rumbo a sus ocupaciones.

Marcos, concertando citas de negocios en su celular y Joel, flaquito y esmirriado, siempre cargado con su portafolios de cobrador.

-Y ¿ cuando nos juntamos a tomar un café, Marcos?

-Un día de estos, Joel...¡ Yo te llamo!

Y ese día no llegaba nunca. Marcos no había aprendido todavía que el muro de la soledad está construído con cientos de ladrillos en los cuales está escrito " Yo te llamo".

-¿ Y cuando ese cafecito, Marcos?

-Un día de estos, Joel, me hago un huequito...

Nunca se hizo ese huequito y a Joel le hicieron uno en el cementerio.

- Un cáncer fulminante-  le informó un amigo común, bajando la voz, por si la Muerte andaba rondando por ahí, todavía.

Marcos quedó anonadado. ¿ Como no le habían avisado?

Fue todo muy rápido. El pobre flaco andaba con dolor de espalda hace tiempo y lo atribuía al estrés...Cuando fue al médico, ya era muy tarde. Solo le dieron morfina para paliar el dolor...

A Marcos lo inundó la tristeza como una marea y de sus ojos cayeron gotas saladas.

Creyó ver a Joel, encorvado, caminando siempre con la cabeza gacha. Tal vez con la esperanza de encontrar una billetera perdida, que lo ayudara a llegar a fin de mes.

Como si presintiera la presencia de su amigo, justo antes de cruzarse con Marcos, levantaba la vista y una sonrisa agridulce le iluminaba la cara.

Ya no lo vería más. La Muerte, de un manotazo lo había arrojado fuera de la vereda soleada, para lanzarlo a la oscuridad de la tumba.

Un feroz remordimiento lo invadió.  ¡ Cuantas veces Joel le había hablado de esa taza de café que se tomarían juntos!  Si al menos Marcos hubiera tenido el valor heroico de desconectar su celular durante una hora. De apagar su computador para decirle:

-¿ Qué te parece si nos juntamos esta tarde en el café de la esquina?

Pasó varias semanas deprimido, dándose cuenta, por primera vez de como la tiranía de los negocios lo apartaban del contacto humano.

Averiguó la ubicación de la tumba de Joel y una tarde se dirigió al cementerio llevando dos tazas y un termos con café.

Se sentó en la lápida y sobre ella sirvió las dos tazas.

-¡ Aquí estoy, amigo, para que nos tomemos ese café que te estaba debiendo!  ¡ Sírvete, por favor!

Cogiendo su taza, fue bebiendo lentamente, mientras caía la tarde sobre el Campo Santo. A lo lejos, una campana desgranaba sus sones, como una triste pregunta sin respuesta.




domingo, 12 de septiembre de 2021

LA BECA.

Formábamos un trío, solo que yo era la tercera en discordia o  el mal necesario, por decirlo así.  Me buscaba porque era la que aportaba los mejores apuntes, la que resolvía justo los problemas que después aparecían en la Prueba.

Nos juntábamos a estudiar en mi casa.  Felix y Nancy, la pareja más atractiva del Campus y yo, la " matea del curso".  Nadie sospechaba que también amaba a Felix y que los celos me corroían el corazón, como un ácido. 

  Sobre todo, me humillaba que Nancy me tratara con la condescendencia de la beldad hacia el " cerebrito".  Aunque yo sabía que me envidiaba y me necesitaba. Es cierto que su belleza iba abriéndole puertas como un talismán, pero necesitaba mis conocimientos, porque tenía ambiciones y sabía que su esplendor no le iba a durar toda la vida.

Su sueño, confiado solo a mí, era conseguir una beca e ir a doctorarse al extranjero.  No se lo había mencionado a Felix, porque sabía que él, lo único que anhelaba era titularse para casarse con ella.  Y estaba seguro de que ella pensaba igual.

Felix me lo dijo una tarde en la cafetería, mientras la esperábamos:

-Estoy enamorado, Lucy. Casi me da miedo la intensidad de mi amor...

Escucharlo era una tortura para mí, pero me había convertido en la maestra del disimulo.

Cuando Nancy apareció, rodeada de esa aura dorada que parecía emanar de sus cabellos y de su piel, ambos sonreímos al unísono. Pero yo sentía que tragaba algo salobre, la sangre que me subía a la garganta, desde mi corazón.

Corrió la voz de que venía a Chile un profesor desde una Universidad norteamericana, a ofrecer dos becas para obtener el doctorado.  Había que rendir un exámen muy difícil, en inglés, pero Nancy, que dominaba ese idioma, quiso postular.  Me pidió que la ayudara a prepararse en secreto, sin decirle nada a Felix.

Venía a mi casa en la noche y nos amanecíamos resolviendo ejercicios.  Alojaba conmigo y al otro día casi nos caíamos de sueño y andábamos en la Universidad como zombies.

Ningún sacrificio me parecía excesivo con tal de separarla de Felix y que se fuera de Chile, de una vez...

Ella me abrazaba emocionada. -  ¡Nunca creía que fueras tan buena compañera!  - decía  y sus ojos azules se humedecían de lágrimas.

Pasó la prueba y consiguió la beca. Semanas después partió a Estados Unidos.

 Para Felix fue un golpe.

Andaba como sonámbulo y se aferró a mí, porque conmigo podría hablar de ella sin descanso. No había forma de cambiarle el tema.  Se las arreglaba para introducir el nombre de Nancy en todas las conversaciones y volvía a su letanía de amor y resentimiento.

Si alguna vez tuve la esperanza de que la olvidara y se volviera hacia mí, la fui perdiendo de a poco. Y empecé a incubar una rabia y un rencor que terminaron con mi amor y me dejaron vacía.

Decidí  acabar  con su obsesión y asestarle un golpe que terminara de una vez con esa pasión enfermiza.

Un día en la cafetería, le dije de pronto, como sin meditarlo: 

-¡ No sabes como lamenté lo del niño! Para tí debe haber sido duro...

-¿ De qué niño me hablas?

-Del niño que perdió Nancy, para irse con la beca...¡ Oh, pensé que había sido de común acuerdo!

Estaba pálido como un muerto. Escondió la cara entre las manos y gimió, en un ronco sollozo:

- ¡ Mi hijo! ¿ Como pudo hacerlo?

De pronto, se levantó de un salto y me cogió por los hombros:

-¡ Y tú lo sabías!  Y no fuiste capáz de advertirme....

Me miró con repulsión. De golpe me había transformado en su enemiga.

Se alejó de mí como si verme le resultara insoportable. No me importó. De todos modos, nunca iba a lograr que me quisiera.

Y haber conseguido que la odiara a ella, era suficiente para mí. 




domingo, 5 de septiembre de 2021

UNA CHARLA EN LA ESTACION.

Me gustaba ir en las tardes a la Estación Central, a mirar los trenes.  Veía algo de tristeza mezclada con alegría, en ese llegar y partir. Más tristeza que otra cosa, porque el rechinar de las ruedas parecía hablar de lo efímero de la estadía y de lo largo de la ausencia.

Una tarde en que estaba sentada allí, ví aproximarse a tres personas muy dispares.

Primero venía un niño, corriendo y saltando. Lo seguía un hombre joven, envuelto en un abrigo gris. Llevaba un sombrero de ala ancha que le ensombrecía la cara, pero pude notar que miraba con una sonrisa algo triste las piruetas del niño.

El grupo lo completaba un viejo muy encorvado, que arrastraba un pesado equipaje que parecía consumir todas sus fuerzas.  Se sentaron los tres en el banco contiguo al mío. El niño corría a su alrededor, sin hacerles ningún caso.

Con un estruendo de fierros entró un tren a la estación.  El niño se acercó a él  corriendo y saltó a la pisadera. Desapareció al interior de un vagón, sin siquiera despedirse de los dos adultos.

Al mismo tiempo, y en sentido contrario, se acercaba una locomotora vieja que rechinaba, entre nubes de vapor. El anciano subió  trabajosamente y su acompañante  le ayudó a cargar su pesado equipaje. No intercambiaron palabras, pero el viejo se despidió con un gesto, antes de que el tren se perdiera en la distancia.

Yo sentía una gran curiosidad por esos personajes y viendo que el hombre de gris se sentaba a mi lado, me atreví a dirigirle la palabra.

-Perdone si lo incomodo, pero hace rato que trato de adivinar la identidad de ustedes...¿ Le parece muy impertinente que le pregunte quienes son?

-Bueno, el viejo que acabas de ver partir no es otro que El Pasado.

-¡ Pobre anciano! ¡ Que cargado va! ¿ Qué lleva en esa maleta?

-Los recuerdos que la gente acumula a lo largo de su vida y que no quieren soltar.

-Pero, los recuerdos son parte de nosotros mismos ... ¿ Como renunciar a ellos?

- Tienes razón, pero, no se puede vivir inmerso en la nostalgia de lo que ya pasó.  Los que lo hacen, no  tienen fuerzas para enfrentar el porvenir. La nostalgia debilita y engaña. ¡ Es tan fácil inventar recuerdos lindos de cosas que nunca sucedieron!

-  Es cierto- reconocí  avergonzada, porque yo me incluyo en la categoría de los nostálgicos- Y ese niño ¿ me dice que es....?  

-¡ El Futuro, por supuesto!  Ya viste cuan imprudente y ansioso por partir estaba...Sin pensar en las penas y los desengaños que podría encontrar.

-¿ Y usted?   Adivino que usted es El Presente y que su existencia es efímera.

-Tienes razón. El Presente no dura más que un momento. ¡ Con qué rapidez me transformaré en Pasado!

A medida que hablaba, vi como su pelo empezaba a encanecer y algunas arrugas se formaban en su frente.

-Debes vivir con plenitud ¡ ahora! -  me aconcejó -El Pasado son solo sombras y El Futuro, nada más que incertidumbre.

Se levantó del banco y se alejó con aire melancólico. Pero, se volvió a mirarme por última vez y me dijo:

-Mañana seré el anciano que hoy viste partir con su carga de nostalgia. ¡ No contribuyas tú a hacérmela más pesada todavía!