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domingo, 3 de octubre de 2021

UN CUENTO DE FANTASMAS.

Eran las tres de la tarde y hacía mucho calor. Rosa se daba vueltas en su cama, apretando los párpados, en un vano intento de dormir. Las cortinas de dormitorio se mecían apenas, con una brisa misericordiosa que soplaba de vez en cuando.

Necesitaba una siesta, para reponerse de la injusta trasnochada del Sábado anterior. Había estado despierta hasta la madrugada, escuchando los ruidos de una fiesta en la casa vecina. 

- ¡ Si al menos me hubieran invitado!- pensó con rabia- ¡ Así valdría la pena esta jaqueca!

¡ Hasta con fuegos artificiales había sido la cosa!  Los acogían con risas y gritos, mientras los perros aullaban despavoridos.

¡ Tanto que celebran!- pensó Rosa- Con lo traidora que es la vida, más les valdría llorar...

De pronto, sintió un rumor, como de una tela que se arrastra y abriendo los ojos, vio a un fantasma parado a los pies de su cama.

-¿ Qué haces aquí, en pleno día?  -le espetó Rosa- ¿ Que no es de noche que se aparecen los fantasmas?

-Perdona si te he molestado...Lo que pasa es que a mí me da miedo la oscuridad y en la noche me escondo.

-Ja ja ¡ No creo que  vayas a tener  mucho éxito en tu profesión !

El fantasma se encogió un poco, como tocado en su amor propio, pero no hizo amago de irse.

-En esta casa viví cuando era joven- suspiró- Es el único lugar en que he sido feliz...

-Lo siento mucho, pero ahora soy yo quién vive aquí y tengo más derechos que tú, porque pago las contribuciones.  Así es que ándate y déjame dormir la siesta tranquila.

El fantasma palideció y pareció que iba a desvanecerse. 

Rosa se hundió más en la almohada y cerró los ojos. Aliviada, creyó que había logrado ahuyentar al intruso, pero percibió un peso casi ingrávido y vió que se había sentado a los pies de la cama. Desde ahí la miraba con tristeza. Tenía la cara larga y un pelo oscuro que le caía sobre los hombros. Era una mujer, sin duda.

Una insoslayable solidaridad de género hizo que Rosa dulcificara el tono:

-¿ Hay algo que pueda hacer por tí?

Había oído hablar de las almas en pena y sospechó que alguna atadura con este mundo impedía que el fantasma descansara en paz.

-¡ Necesito que ne leas la carta que él me dejó!

-¿ Quién es él y de qué carta me hablas?

-Era mi novio...Vivíamos juntos aquí...Nos amábamos.  Pero, un día discutimos y me fui.  Quise volver...Estába lloviendo y un autobus se precipitó sobre mí, atropellándome...Cuando conseguí regresar, lo hice como el fantasma que ves,  un girón de humo sin fuerzas para nada...

-¿ Y él?- preguntó Rosa, impresionada.

-Se había ido, pero vi que me había dejado una carta en la repisa de la chimenea...Llevo años sufriendo, sin poder saber lo que me dice.

-Pero ¡ yo no encontré ninguna carta cuando vine a vivir aquí!

-Es que con el tiempo, el empapelado de la pared se despegó y cuando lo pegaron de nuevo, la carta quedó detrás, sin que nadie se fijara.

Rosa se acercó a la chimenea que había en el salón y, metida entre el papel mural y la pared, encontró una carta. Iba dirigida a una tal Griselda.

-¡ Léemela, por favor!  ¡ Estoy segura de que me decía que me perdonaba!  ¡ Que me amaba, como yo a él!

Rosa razgó el sobre que el fantasma, con sus manos incorpóreas no había podido abrir. Vio que adentro había un trozo de papel con un mensaje escueto:   " Me aburrí de esperarte.  No vales la pena. En el mundo hay miles de mujeres mejores que tú "

Rosa no supo qué hacer. El pobre fantasma de Griselda la miraba expectante, ansioso de oir las palabras de amor que estaba segura que él le había escrito...

Compadecida, fingió leer:

-Mi amor, no puedo vivir sin tí!  Salgo a buscarte y no volveré aquí si no te encuentro. Te amo demasiado.  Julio.

-¡ Gracias!  ¡ Era lo que necesitaba!- exclamó el fantasma y con un suspiro de alivio, se desvaneció.

Rosa pensó que había matado dos pájaros de un tiro. Con su mentira piadosa había aliviado el sufimiento de un alma en pena y de paso, se había ganado el derecho a dormir una buena siesta en paz. 




domingo, 26 de septiembre de 2021

UNA VISITA INCOMODA.

Era pasada la medianoche y Jaime aún se devanaba los sesos frente al computador.  Al final del primer capítulo de su novela, su mente había quedado en blanco y no se le ocurría ninguna idea para seguir.

De repente, vio a alguien parado a su lado. Se quedó atónito, porque estaba seguro de que no le había abierto la puerta a nadie. Se trataba de una figura incorpórea, de contornos indefinidos y alcanzó a sospechar  que se trataba de un fantasma. Pero el presunto espíritu echó por tierra sus suposiciones, al saludarlo con jovial desparpajo:

-¡ Hola, Jaime!  Soy La Muerte y he venido a buscarte.

A Jaime se le erizaron los pelos de la nuca y gritó aterrorizado:

-¡ No, por favor!  ¡ Soy tan joven !  ¡ No puedes llevarme todavía!

-De poder, puedo- le respondió La Muerte con frialdad- Debes saber que yo no tomo en cuenta la edad de la gente para hacer mi trabajo.

-Pero ¡ Soy telentoso!  ¡ Estoy escribiendo una novela que me publicarán a fines de año...!

-No estés tan seguro. Ayer me llevé a tu editor. Fue un infarto fulminante. Así es que su promesa de publicarte pasó con él a mejor vida jaja.

Y La Muerte emitió una risita sarcástica. Se había sentado en un sillón, frente al escritorio y extrajo de entre sus ropas una cajetilla de cigarrillos.

-¡ Por favor!  ¡  Dame una oportunidad!- suplicó Jaime y creyendo tener una idea genial, le propuso- ¡ juguemos una partida de naipes!  Si gano, te vas y me dejas tranquilo.

-Para ser un escritor talentoso, como dices, eres bien poco original- le respondió La Muerte, con desdén- Si de desafíos se trata, te propongo otro en tu propio terreno:  Si quieres salvarte, tienes que escribir un cuento...

-¡ Fácil!- exclamó Jaime y se arrellanó en la silla, aliviado.

-¡ No tan fácil, amigo!  El cuento debe ser de una sola línea y contener dramatismo y misterio.

-Pero ¡ es imposible!  ¿ Como esperas que pueda desarrollar en una sola línea un argumento como el que pides?

-¿ Y no dices que tienes talento?  ¡ Pruébamelo!  Volveré mañana a esta misma hora y si me gusta tu cuento, te prometo que te dejaré en paz.

Jaime no pegó un ojo en todo el resto de la noche y al otro día, vagó por la ciudad, desesperado. Sentía su cerebro embotado, como si en lugar de sesos tuviera un montón de estopa mojada.

A la media noche en punto, apareció La Muerte. Venía segura de sí misma, fumando un cigarrillo con displisencia.

-Aquí está mi cuento- le mostró Jaime.

 En una página en blanco había una sola frase: Nació y murió.

-¿ Qué te parece?

-¡ Bah!- exclamó La Muerte, desdeñosa - ¿ Donde está el misterio ahí?

-¡ Chis! ¿ Te parece poco? Ignoramos  donde estábamos antes de nacer y a donde iremos después de morir...¿ Qué mayor misterio que ese?

  -¿ Y el dramatismo?

-Somos lanzados a este mundo contra nuestra voluntad.  Vivimos luchando contra eso que llamamos Destino y nunca llegamos a entender qué sentido tiene la vida...¿ No te parece dramático?

La Muerte  guardó silencio, sin saber qué decir.  Desconcertada, no se dió cuenta de que se le había consumido el cigarrillo entre los dedos y se quemó. Dando un salto, lo lanzó lejos con furia.

Jaime lo aplastó con el pie y fue a buscar una pala para recoger las cenizas.

Al volver, no le extrañó  hallarse solo en la habitación.

Se sentía estimulado. Nuevas ideas se atropellaban en su mente.  Abrió la ventana para que se discipara el olor a tabaco y se puso a escribir, hasta que amaneció.





domingo, 19 de septiembre de 2021

UNA TAZA DE CAFE.

Casi todos los días, Marcos se cruzaba con Joel, los dos apurados, rumbo a sus ocupaciones.

Marcos, concertando citas de negocios en su celular y Joel, flaquito y esmirriado, siempre cargado con su portafolios de cobrador.

-Y ¿ cuando nos juntamos a tomar un café, Marcos?

-Un día de estos, Joel...¡ Yo te llamo!

Y ese día no llegaba nunca. Marcos no había aprendido todavía que el muro de la soledad está construído con cientos de ladrillos en los cuales está escrito " Yo te llamo".

-¿ Y cuando ese cafecito, Marcos?

-Un día de estos, Joel, me hago un huequito...

Nunca se hizo ese huequito y a Joel le hicieron uno en el cementerio.

- Un cáncer fulminante-  le informó un amigo común, bajando la voz, por si la Muerte andaba rondando por ahí, todavía.

Marcos quedó anonadado. ¿ Como no le habían avisado?

Fue todo muy rápido. El pobre flaco andaba con dolor de espalda hace tiempo y lo atribuía al estrés...Cuando fue al médico, ya era muy tarde. Solo le dieron morfina para paliar el dolor...

A Marcos lo inundó la tristeza como una marea y de sus ojos cayeron gotas saladas.

Creyó ver a Joel, encorvado, caminando siempre con la cabeza gacha. Tal vez con la esperanza de encontrar una billetera perdida, que lo ayudara a llegar a fin de mes.

Como si presintiera la presencia de su amigo, justo antes de cruzarse con Marcos, levantaba la vista y una sonrisa agridulce le iluminaba la cara.

Ya no lo vería más. La Muerte, de un manotazo lo había arrojado fuera de la vereda soleada, para lanzarlo a la oscuridad de la tumba.

Un feroz remordimiento lo invadió.  ¡ Cuantas veces Joel le había hablado de esa taza de café que se tomarían juntos!  Si al menos Marcos hubiera tenido el valor heroico de desconectar su celular durante una hora. De apagar su computador para decirle:

-¿ Qué te parece si nos juntamos esta tarde en el café de la esquina?

Pasó varias semanas deprimido, dándose cuenta, por primera vez de como la tiranía de los negocios lo apartaban del contacto humano.

Averiguó la ubicación de la tumba de Joel y una tarde se dirigió al cementerio llevando dos tazas y un termos con café.

Se sentó en la lápida y sobre ella sirvió las dos tazas.

-¡ Aquí estoy, amigo, para que nos tomemos ese café que te estaba debiendo!  ¡ Sírvete, por favor!

Cogiendo su taza, fue bebiendo lentamente, mientras caía la tarde sobre el Campo Santo. A lo lejos, una campana desgranaba sus sones, como una triste pregunta sin respuesta.




domingo, 12 de septiembre de 2021

LA BECA.

Formábamos un trío, solo que yo era la tercera en discordia o  el mal necesario, por decirlo así.  Me buscaba porque era la que aportaba los mejores apuntes, la que resolvía justo los problemas que después aparecían en la Prueba.

Nos juntábamos a estudiar en mi casa.  Felix y Nancy, la pareja más atractiva del Campus y yo, la " matea del curso".  Nadie sospechaba que también amaba a Felix y que los celos me corroían el corazón, como un ácido. 

  Sobre todo, me humillaba que Nancy me tratara con la condescendencia de la beldad hacia el " cerebrito".  Aunque yo sabía que me envidiaba y me necesitaba. Es cierto que su belleza iba abriéndole puertas como un talismán, pero necesitaba mis conocimientos, porque tenía ambiciones y sabía que su esplendor no le iba a durar toda la vida.

Su sueño, confiado solo a mí, era conseguir una beca e ir a doctorarse al extranjero.  No se lo había mencionado a Felix, porque sabía que él, lo único que anhelaba era titularse para casarse con ella.  Y estaba seguro de que ella pensaba igual.

Felix me lo dijo una tarde en la cafetería, mientras la esperábamos:

-Estoy enamorado, Lucy. Casi me da miedo la intensidad de mi amor...

Escucharlo era una tortura para mí, pero me había convertido en la maestra del disimulo.

Cuando Nancy apareció, rodeada de esa aura dorada que parecía emanar de sus cabellos y de su piel, ambos sonreímos al unísono. Pero yo sentía que tragaba algo salobre, la sangre que me subía a la garganta, desde mi corazón.

Corrió la voz de que venía a Chile un profesor desde una Universidad norteamericana, a ofrecer dos becas para obtener el doctorado.  Había que rendir un exámen muy difícil, en inglés, pero Nancy, que dominaba ese idioma, quiso postular.  Me pidió que la ayudara a prepararse en secreto, sin decirle nada a Felix.

Venía a mi casa en la noche y nos amanecíamos resolviendo ejercicios.  Alojaba conmigo y al otro día casi nos caíamos de sueño y andábamos en la Universidad como zombies.

Ningún sacrificio me parecía excesivo con tal de separarla de Felix y que se fuera de Chile, de una vez...

Ella me abrazaba emocionada. -  ¡Nunca creía que fueras tan buena compañera!  - decía  y sus ojos azules se humedecían de lágrimas.

Pasó la prueba y consiguió la beca. Semanas después partió a Estados Unidos.

 Para Felix fue un golpe.

Andaba como sonámbulo y se aferró a mí, porque conmigo podría hablar de ella sin descanso. No había forma de cambiarle el tema.  Se las arreglaba para introducir el nombre de Nancy en todas las conversaciones y volvía a su letanía de amor y resentimiento.

Si alguna vez tuve la esperanza de que la olvidara y se volviera hacia mí, la fui perdiendo de a poco. Y empecé a incubar una rabia y un rencor que terminaron con mi amor y me dejaron vacía.

Decidí  acabar  con su obsesión y asestarle un golpe que terminara de una vez con esa pasión enfermiza.

Un día en la cafetería, le dije de pronto, como sin meditarlo: 

-¡ No sabes como lamenté lo del niño! Para tí debe haber sido duro...

-¿ De qué niño me hablas?

-Del niño que perdió Nancy, para irse con la beca...¡ Oh, pensé que había sido de común acuerdo!

Estaba pálido como un muerto. Escondió la cara entre las manos y gimió, en un ronco sollozo:

- ¡ Mi hijo! ¿ Como pudo hacerlo?

De pronto, se levantó de un salto y me cogió por los hombros:

-¡ Y tú lo sabías!  Y no fuiste capáz de advertirme....

Me miró con repulsión. De golpe me había transformado en su enemiga.

Se alejó de mí como si verme le resultara insoportable. No me importó. De todos modos, nunca iba a lograr que me quisiera.

Y haber conseguido que la odiara a ella, era suficiente para mí. 




domingo, 5 de septiembre de 2021

UNA CHARLA EN LA ESTACION.

Me gustaba ir en las tardes a la Estación Central, a mirar los trenes.  Veía algo de tristeza mezclada con alegría, en ese llegar y partir. Más tristeza que otra cosa, porque el rechinar de las ruedas parecía hablar de lo efímero de la estadía y de lo largo de la ausencia.

Una tarde en que estaba sentada allí, ví aproximarse a tres personas muy dispares.

Primero venía un niño, corriendo y saltando. Lo seguía un hombre joven, envuelto en un abrigo gris. Llevaba un sombrero de ala ancha que le ensombrecía la cara, pero pude notar que miraba con una sonrisa algo triste las piruetas del niño.

El grupo lo completaba un viejo muy encorvado, que arrastraba un pesado equipaje que parecía consumir todas sus fuerzas.  Se sentaron los tres en el banco contiguo al mío. El niño corría a su alrededor, sin hacerles ningún caso.

Con un estruendo de fierros entró un tren a la estación.  El niño se acercó a él  corriendo y saltó a la pisadera. Desapareció al interior de un vagón, sin siquiera despedirse de los dos adultos.

Al mismo tiempo, y en sentido contrario, se acercaba una locomotora vieja que rechinaba, entre nubes de vapor. El anciano subió  trabajosamente y su acompañante  le ayudó a cargar su pesado equipaje. No intercambiaron palabras, pero el viejo se despidió con un gesto, antes de que el tren se perdiera en la distancia.

Yo sentía una gran curiosidad por esos personajes y viendo que el hombre de gris se sentaba a mi lado, me atreví a dirigirle la palabra.

-Perdone si lo incomodo, pero hace rato que trato de adivinar la identidad de ustedes...¿ Le parece muy impertinente que le pregunte quienes son?

-Bueno, el viejo que acabas de ver partir no es otro que El Pasado.

-¡ Pobre anciano! ¡ Que cargado va! ¿ Qué lleva en esa maleta?

-Los recuerdos que la gente acumula a lo largo de su vida y que no quieren soltar.

-Pero, los recuerdos son parte de nosotros mismos ... ¿ Como renunciar a ellos?

- Tienes razón, pero, no se puede vivir inmerso en la nostalgia de lo que ya pasó.  Los que lo hacen, no  tienen fuerzas para enfrentar el porvenir. La nostalgia debilita y engaña. ¡ Es tan fácil inventar recuerdos lindos de cosas que nunca sucedieron!

-  Es cierto- reconocí  avergonzada, porque yo me incluyo en la categoría de los nostálgicos- Y ese niño ¿ me dice que es....?  

-¡ El Futuro, por supuesto!  Ya viste cuan imprudente y ansioso por partir estaba...Sin pensar en las penas y los desengaños que podría encontrar.

-¿ Y usted?   Adivino que usted es El Presente y que su existencia es efímera.

-Tienes razón. El Presente no dura más que un momento. ¡ Con qué rapidez me transformaré en Pasado!

A medida que hablaba, vi como su pelo empezaba a encanecer y algunas arrugas se formaban en su frente.

-Debes vivir con plenitud ¡ ahora! -  me aconcejó -El Pasado son solo sombras y El Futuro, nada más que incertidumbre.

Se levantó del banco y se alejó con aire melancólico. Pero, se volvió a mirarme por última vez y me dijo:

-Mañana seré el anciano que hoy viste partir con su carga de nostalgia. ¡ No contribuyas tú a hacérmela más pesada todavía!





domingo, 29 de agosto de 2021

HABLAME DE LETIZIA.

-  Quieres que te hable de Letizia...¿ Y qué podría decirte?  Creo que llegué a conocerla tan poco como tú.

- Pero ¿ como?  Si fue tu esposa por más de tres años...

-Sí, amigo. Pero, siempre fue un enigma para mí. Tenía una sonrisa extraña, indescifrable. Si los gatos sonrieran, lo harían como Letizia...

- Te refieres a ella como si no la hubieras querido.

-Te equivocas. La quise locamente, pero nunca logré llegar a ella.  Mi amor parecía estrellarse siempre contra un  muro.

- ¿ Crees que ella no podía olvidar a ese novio que tenía,  a Lorenzo?

-Pienso que esa fue la razón por la que  se aisló de todos. Cuando él murió en ese absurdo accidente de motocicleta, ella pareció derrumbarse.

-Me acuerdo de la misa fúnebre. La sacaron casi desmayada, cuando  se abrazó  al ataúd sin querer soltarse...

-  Sí, fue una escena tremenda.   Y después desapareció durante siete u ocho meses. Salió fuera de Santiago y nadie sabía donde estaba.  Yo seguía enamorado de ella e iba siempre a rondar su casa...

-Y ¿ qué hiciste cuando volvió a Santiago?

-  Empecé de a poco  a frecuentarla. Fui acercándome a ella, siempre tratando de no tocar el tema, respetando sus sentimientos...Tenía la esperanza de que fuera olvidando  o  que al menos se calmara el dolor de su duelo.  Al cabo de un tiempo, le pedí matrimonio. 

-¿ Y qué pasó?

-Al principio, me dijo que no. Pero, seguí insistiendo con paciencia y al final logré que cambiara de idea.

-Acuérdate que yo fui a la fiesta.... A ella la vi serena, se notaba contenta...Y tú ¡ no he visto a un tipo más feliz en toda mi vida!

-Sí, yo tenía ilusiones. ¡ Estaba tan ciego!  A pesar de que notaba que mi amor parecía chocar contra una pared de reserva, de reticencia fría...Cuando volvía del trabajo, nunca estaba en la casa.  - Me fui a caminar un rato- decía- A tomar aire. Y no la sacaba de ahí.

-  ¿Empezaste a dudar de ella ?

-No, no era eso. Pero sentía que en su vida había un misterio que la distanciaba de mí.  Para que las cosas mejoraran, le pedí que tuviéramos un hijo.

-¿ Y qué te respondió?

-Se puso pálida y me apartó con un gesto de rechazo. Dijo que no, que no quería tener hijos.

Entonces, empecé a seguirla, a espiarla cuando salía de su oficina.  Noté que siempre tomaba un bus que la llevaba a un barrio periférico...

-¿ Y qué descubriste?

-La seguí de lejos hasta que llegó a una casa. Sacó una llave, pero la puerta se abrió antes.

Salió una mujer con delantal blanco, precedida de un niño de unos cinco  años.

-  ¡Mamita! ¡ Viniste  !- gritó y hundió la cara en los pliegues de su vestido.

-¡ Lorenzo! Mi amor- exclamó ella y abrazados entraron a la casa.





domingo, 22 de agosto de 2021

MONICA APRENDE A COCINAR.

Mónica siempre se acordaba de lo que le decía su mamá :   " A los hombres se los conquista por el estómago"

Su solitario corazón ansiaba encontrar el amor.  Los años pasaban, sus amigas se casaban o a al menos encontraban " pareja" y ella continuaba soltera.

Se proclamaba independiente, repetía a quién quisiera escucharla que no quería a su lado a nadie que pudiera coartar su libertad...Pero en su interior sentía el peso abrumador de su independencia y hubiera preferido ser menos libre, a cambio de sentir unos brazos en torno a su cintura.

En el diario mural de la Empresa donde trabajaba, apareció un aviso:

" Clases de cocina con Carlo, el famoso chef de la televisión".

Mónica se entusiasmó de inmediato. Se vio a sí misma sirviéndole manjares exquisitos a un hombre que la miraba arrobado.  ¡ Te amo, Mónica! -le decía- ¡ Quiero saborear tus guisos hasta que la muerte nos separe!

Así fue como se matriculó en el curso de cocina de Carlo, los martes y jueves, a las 19 hrs.

Los miércoles y viernes iba al supermercado a comprar los ingredientes necesarios y ensayaba en su casa lo aprendido el día anterior.

Una tarde de martes en que no hubo clases, Mónica fue a pasear por el centro y entró a una exposición de pintura.

Era una muestra colectiva de artistas emergentes y  de inmediato, se sintió cautivada por un paisaje otoñal.  Junto a la mesa donde se exhibían los catálogos, vio sentado a un joven que fumaba una pipa.

-Perdone ¿ a quién debo preguntarle por el precio de un cuadro?

Un chispazo de expectación pasó por los ojos del hombre.

-¿ Cual le interesa especialmente?

-Ese paisaje de otoño, allí, en el rincón...

-¡ Ah!  Ese...- la chispa desapareció de sus ojos y un mohín de desdén curvó sus labios.

Mónica adivinó que él era uno de los expositores y le preguntó, solícita:

-¿ Hay también algún cuadro suyo en esta muestra?

-Sí, pero no le interesaría.

Mónica se sintió tocada en su amor propio e insistió. El joven consintió en guiarla hasta el retrato de un anciano,  algo sombrío pero conmovedor.  

Mónica quedó impresionada por el evidente talento que mostraba la pintura y por supuesto, la compró.

El precio le pareció exorbitante, pero se dijo que valía la pena. Aunque no sabía si se refería al cuadro o al pintor, cuyo rostro desdeñoso la había subyugado.

Cuando se cerró la exposición y Mónica fue a retirar su cuadro, el joven la recibió con cordialidad. 

- ¡ Me da gusto volver a verla!- exclamó y a ella le pareció que era casi una declaración de amor.

Entonces de atrevió a proponerle algo que había estado planeando hacía días.

-¿Sería mucho pedirle que me ayudara a ubicar el cuadro en mi departamento? Usted entiende más de la luz que le conviene recibir, para que se destaque...Y podría quedarse a cenar...

El joven aceptó la invitación y luego de colgar la pintura en un lugar privilegiado, se sentaron a la mesa.  Mónica notó que él comía ávidamente, casi sin respirar y comprendió que no solo era pobre sino que estaba hambriento.  Una ola de ternura inundó su corazón.

Después del postre, suspiró satisfecho y en un gesto de supremo bienestar, sacó la pipa y se la puso entre los dientes.

-¿ Le molesta que fume?

No, a ella no le molestaba. Y si quería ahogarla con el humo o provocarle un enfisema pulmonar, tampoco le importaría en lo absoluto..

Lo invitó a cenar también el viernes, cuando ensayaría otro de los guisos  aprendidos con Carlo. 

 El pintor empezó a ir a comer dos veces por semana. Ella notó con deleite que sus mejillas empezaban a llenarse y que su ajada chaqueta ya no le colgaba en su cuerpo como en una percha de alambre. Llegaba siempre puntual, dándole a entender que se sentía ansioso de verla, pero era evidente que era el vacío de su estómago y no el ansia de su corazón lo que lo empujaba a su lado.

A Mónica no le importaba. Era feliz viéndolo devorar los manjares que le preparaba, aunque al terminar siempre partiera apurado, pretextando alguna diligencia urgente

Ella se quedaba lavando los platos, perdida en sus ensueños y cualquier gesto de él, medianamente amable, la hacía creer que había empezado a  amarla...

Una tarde, al salir del trabajo, se encontró con Carol. Habían sido amigas en su época de estudiantes, y aunque su relación había sido más bien superficial, se abrazaron encantadas.

Carol estaba radiante y como siempre, iba a compañada de un hombre. Lo presentó como un amigo, pero era evidente que era otra la relación que los unía. Mónica se acordó de que había sido siempre la reina indiscutida de las fiestas , mientras ella  " planchaba" en un rincón...

Pensó que ahora también tenía a alguien a quién mostrarle. Pensó en deslumbrarla presentándole a " su artista".  Imaginó la admiración que sentiría al conocerlo y la envidia que experimentaría al comprender que ninguna de sus opacas conquistas estaba a la altura de él.

La invitó a cenar el viernes.

-¡ Yo también quiero presentarte a alguien!- le susurró misteriosa.  Y por primera vez, se sintió superior a Carol.

Cuando su amiga llegó, esa noche, el pintor estaba sentado en un sillón, fumando su pipa con aire distrído. Mónica vigilaba el horno, del cual escapaban aromas exóticos...

Al ver entrar a Carol, el joven se paró del sillón y se quedó mudo, contemplándola. Ella le tendió la mano con languidez y la dejó reposar en la suya, como si le entregara la mano, el brazo y todo lo demás...

En el silencio que siguió, Mónica creyó escuchar la pala del sepulturero, cavando la tumba de su corazón.

La cena solo fue la prolongación de su suplicio. Ninguno de los dos parecía notar su presencia. Y cuando Carol se levantó para marcharse, él se ofreció galante a acompañarla.

Mónica escuchó sus risas cómplices, mientras esperaban que llegara el ascensor.

Se puso a recoger los platos y de pronto estalló en sollozos. Y se quedó sentada frente a las sobras de su cena y de su vida. Durante un largo rato, sus lágrimas continuaron cayendo sobre los restos del bavarois...