Había
un hombre muy poderoso. Su poder emanaba del dinero y de su linaje, respetado
en la ciudad desde hacía generaciones.
Había
llegado a los treinta años sin haberse enamorado nunca.Las mujeres lo buscaban
pero él se mantenía indiferente, o bien les demostraba su desprecio
entregándoles dinero a cambio de su amor.
Hasta
que un día en el mercado vio a una mujer de quién se enamoró locamente. Lo supo
porque al mirarla sintió que su corazón temblaba, sostenido apenas en el borde
de un abismo.
Se
llamaba Marilia.
Ella
tampoco había amado nunca, pero no porque no quisiera sino porque no tenía corazón.
Era
hija de un pescador y de una mujer misteriosa que había llegado del mar. No era
una sirena, puesto que tenía piernas, pero nunca mencionó su lugar de
origen. De su unión con el pescador
había nacido Marilia.
Un
día, la madre se internó en el mar ,como si regresara sencillamente al lugar de
donde había venido y dejó a su hijita huérfana.
Nadie sabía que la niña no tenía corazón, pero
si alguien hubiera acercado el oído a su pecho, en lugar de latidos habría
escuchado el rumor de un caracol marino.
El
hombre poderoso no quería que Marilia supiera que era rico, para que lo amara
por sí mismo y la llevó a vivir en una casa sencilla en las afueras del pueblo.
Cegado por la pasión, nunca notó que su amor no era correspondido.
Pero
un día, al igual que su madre, Marilia escuchó el llamado del mar. Se internó
entre las olas y se ahogó.
Hasta
que cayó la noche, el hombre poderoso deambuló por la playa, llamándola a
gritos. Durante muchos días no se apartó de la orilla, esperando en vano que
ella regresara. A sus gemidos solo respondía el chillido estridente de las
gaviotas.
Muchos
pensaron que se había vuelto loco.
Tenía
un amigo que era un científico y que hacía sus experimentos en una vieja casa en
los suburbios. Llegó hasta allá y entre suspiros, le habló del dolor
insoportable de vivir sin su mujer.
Tiempo
después, el científico lo invitó a su casa y tomándolo del brazo, lo condujo
al laboratorio.
Allí,
sentada en un sillón había una mujer
igual a Marilia.
Al
verla, el hombre poderoso cayó de rodillas.
-¡ Es
ella!- exclamó, sobrecogido de emoción.
-No,
es un robot que he construido para consolarte de su ausencia. Habla, sonríe y es tan perfecto que tal vez
piensa...Pero hay algo en lo que he fracasado. No he podido fabricarle un
corazón...
Loco
de alegría, el hombre poderoso no escuchó sus objeciones. Sintiendo que le
devolvían la vida, tomó al robot entre
sus brazos y lo condujo a su hogar. Y
como Marilia nunca lo había amado, no notó en ella ninguna diferencia.
Vivió
feliz a su lado muchos años, hasta que la Muerte llegó a buscarlo, como tarde o
temprano nos ocurrirá a todos nosotros.
Cuanta fantasía mujer!!
ResponderEliminarNo es que nadie no merezca ser amado, pero quizás esa persona tuvo su recompensa al haber actuado tan impunemente con otras en su vida ...
Pero me gusto la trama...
Espero estés muy bien!
Amiga escritora,la vida es tan porta y a veces no sabemos vivirlar,porque estamos inmerso en nuestros destinos
ResponderEliminarCon el manejo que tu posees de las letras,te sera sencillo viajar con tus pensamientos
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