Todos
los días, al volver de su trabajo, María pasaba frente a una casa cerrada.
Se
notaba que estaba deshabitada desde hacía tiempo, quizás años antes de que
María se fijara en ella.
Las
ventanas estaban tapiadas y el césped del ante jardín se notaba mustio. Nadie
lo regaba, excepto la lluvia. Algunas valerosas hierbas brotaban entre las
baldosas, pero luego morían de sed.
María
se sentía atraída por la casa misteriosa, sentía que le recordaba algo, que la
llenaba de una melancolía rara. Como si estuviera relacionada en alguna forma
con la añorada época de su niñez.
Se
detenía cada día frente a la puerta cerrada, confiando en advertir algún signo
de vida, algún indicio que le informara que la casa estaba habitada otra vez.
Un día tuvo una sorpresa. Vio a una viejecita
sentada en el umbral. Había sacado una silla hasta la vereda y se entretenía en
tejer lo que parecía ser una larga bufanda gris.
Una
sonrisa de contento iluminaba las arrugas de su cara y parecía disfrutar
serenamente de los rayos del sol.
-¡
Buenos días, señora!- la saludó María- ¿ Ha venido a vivir a esta casa?
- No,
he venido a cuidarla. Esta casa es algo muy especial...
-¿
Por qué?- preguntó María, sintiendo que estaba al borde de conocer un misterio.
-¡
Ah! Porque solo pueden entrar en ella
los que sufren una nostalgia insoportable.
-¡
Entonces yo puedo!- exclamó María- Siento en mi corazón un vacío muy hondo que
ningún suspiro puede llenar... Solo en los recuerdos del pasado encuentro
felicidad...
-Sí-
dijo la viejecita- Esa es una buena descripción de la nostalgia...Ven mañana, a
esta misma hora y te dejaré la llave de la casa bajo el felpudo.
Esa
noche se desveló, llena de ansiedad. ¿ Qué encontraría en la casa misteriosa?
Como
era de esperar, encontró lo que más anhelaba:
Su infancia.
Al
entrar, vio a su padre leyendo en su viejo sillón, bajo la luz de una lámpara.
Desde
la cocina le llegó un ruido de platos y encontró a su madre, que cantaba en voz
baja lavando unas tazas en el fregadero.
Al
ver entrar a María, la miró sin sorpresa, como si la viera todos los días. Y le
sonrió con ternura. María se miró a sí misma y vio que llevaba el uniforme del
Liceo.
En su
dormitorio todo estaba igual. La muñeca negra sobre la cama. En la pared, el
insectario con mariposas.
Sin
saber lo que hacía, presa de una dulce
lasitud, se tendió en su cama de niña y se durmió.
Nunca
volvió a despertar.
Las mariposas huyeron del insectario y la
muñeca desapareció. Todo se desvaneció y la casa volvió a quedar vacía.
A la
mañana siguiente, estaba otra vez la viejita, tejiendo en su silla junto a la
puerta. La bufanda se había hecho muy larga y se ovillaba a sus pies, como un
gato soñoliento.
Pasó
un transeúnte y se quedó mirándola.
- Me
gustaría ver la casa- le dijo a la anciana.
-Lo
siento. Esta casa es muy especial. Sólo pueden entrar en ella los que sienten
nostalgia.
-¡
Entonces yo puedo!- exclamó el hombre- Soy viudo. Mi corazón está vacío de amor
y solo me quedan los recuerdos. El pasado es el único consuelo que alivia mi
soledad.
-Te
dejaré la llave bajo el felpudo. Si
vuelves mañana, podrás entrar.
Al
día siguiente, el hombre atravesó el umbral y se encontró con el que había
sido su hogar hasta hacía unos meses.
La
mujer que amaba y que había muerto, bordaba serenamente bajo la luz de una
lámpara.
Al
verlo entrar, le abrió los brazos y él corrió a refugiarse junto a su pecho.
Una sensación de inmensa paz y reposo, lo envolvió como un manto.
Sin
darse cuenta, cerró los ojos y se durmió.
Todo
lo que había en el interior de la casa se disolvió como humo y las habitaciones
quedaron vacías, listas para recibir a un nuevo visitante.
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Si un
día de estos, pasas frente a una casa cerrada, en cuyo umbral teje una
viejecita, no te detengas. ¡ No preguntes nada!
Porque
en esa casa habita la nostalgia, que corroe los huesos y devora el corazón.
Que bonito, pero la frase final, es muy respetable
ResponderEliminarun abrazo
Siempre somos devorados por la nostalgia. Siempre añoramos aquellas cosas que llenaron nuestras vidas en algún momento.
ResponderEliminarHay quienes si desearíamos encontrar a una viejita tejiendo y que nos invitara a pasar a aquella casa en donde habita la nostalgia. Yo si entraría, para quedarme dormido.
Que bonita historia.
Te dejo un beso.
Muchos irían supongo ...cuando ya no resisten el dolor...
ResponderEliminarla soledad sola nunca ha sido buena
y quien se queda en el pasado, ya no encuentra luz y esperanza...
que triste!
Abrazos.
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ResponderEliminar(¸.•´ (¸.•` * ¸.•´¸.•*´¨) ¸.•*¨)
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.........._||_....FELICES FIESTAS PATRIAS !!!
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TENGAS UNOS DÍAS LLENOS DE ALEGRÍAS.
Me ha gustado mucho tu nuevo relato,existe algo en el que atrae,sera que mis muchas nostalgias me están invadiendo y al leer tu relato, estas se asentuan.
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