Se desviaba siempre de su camino al trabajo, para ver una vez más el muro donde él había escrito : "Elisa, te amo" , hacía ya tanto tiempo.
¿Cómo había sobrevivido la pequeña inscripción, entre grandes letras de propaganda o protesta, entre afiches promoviendo algún concierto de rock?
El viejo muro de aquella casa había sobrevivido también a las demoliciones. Quizás porque ese barrio antiguo de los suburbios se negaba a entrar a la modernidad y defendía con celo su pasado.
Había sido una tarde lluviosa de principios de invierno. Renato y ella caminaban tomados de la mano, sin hablar, recibiendo en sus caras, con deleite, el viento húmedo que hacía temblar los árboles.
Elisa se sentía feliz y triste, al mismo tiempo. No sabía por qué. Tal vez porque el amor es siempre triste. Cuando recién empieza, ya se presiente su final. Muy temprano se aprende que nada es eterno, menos el amor, que asegura convencido: " Para siempre".
Entonces, él sacó de su bolsillo un rotulador, que seguramente usaba en sus proyectos de arquitectura, y escribió en el muro de una casa cualquiera: "Elisa,te amo".
¡Esas pequeñas palabras que encerraban algo tan grande! Sobrevivieron a la inmisericordia de las lluvias, a la ferocidad de las consignas, al gesto ruin de alguien, que quisiera borrarlas por envidia....
Pero,el amor que pregonaban no sobrevivió.
Los separó la Vida, que siempre le hace zancadillas a los que ve corriendo.
Ella corría en pos de su amor, con la inutilidad de quién persigue una estrella fugaz que se le escapa. El corría tras un destino que era más grande que todo y que terminó por llevárselo a otro país.
Se fue y no le quedó nada de él, excepto la herida abierta donde habían arrancado su amor de cuajo y aquella inscripción en la muralla.
Elisa volvía una y otra vez a la calle donde estaban esas palabras que le mentían con tanto dulzor..
El nunca le escribió ni la llamó. Ni siquiera sabía si había vuelto a Chile....
Con el tiempo, notó que había dejado de sufrir y que sólo le quedaba la añoranza.
Aveces, todavía se le aparecía en sueños, pero su rostro se le iba borrando de la mente, porque el tiempo pintaba encima con brochazos de olvido.
Sin embargo, ella insistía en pasar una y otra vez junto a la vieja muralla, aunque no fuera más que para comprobar que la frase de amor permanecía intacta.
Y fue una tarde gris y lluviosa, como la de su recuerdo, cuando Elisa, incapaz de renunciar a su rutina melancólica, llegó de nuevo hasta ahí.
Desde lejos, borroso en la penumbra del atardecer, divisó a alguien parado frente al muro.
Se acercó, temerosa de que estuviera escribiendo algo encima o borrando las palabras que ella tanto atesoraba.
Sobresaltada, reconoció a Renato.
Lo vio escribir algo y luego alejarse, pensativo, sin advertir la presencia de ella.
Presurosa, se acercó a leer lo que había escrito. Junto a la frase: "Elisa, te amo" decía : "Elisa, te sigo amando".
Su corazón le dio un salto en el pecho. Quiso correr hacia él, arrojarse en sus brazos.
Pero,se acordó de lo mucho que había llorado cuando la dejó.
De lo cruel que fue su repentino abandono y de como vivió, día tras día, esperando que volviera. Hasta que su esperanza menguó como la débil llama de una vela y terminó por apagarse.
Quizás sus palabras de ahora fueran tan vanas y tan efímeras como las que había escrito en aquel entonces.
¡Le había costado tanto sobrevivir al desengaño! Ahora, su herida estaba cerrada y la nostalgia la cubría dulcemente, como una venda que atenuaba su escozor.
Tuvo miedo de sufrir de nuevo.
Por eso se llevó la mano a los labios, para sofocar el grito que lo llevaría de nuevo a sus brazos.
Y apoyada contra el muro, lo vio alejarse despacio, hasta que la niebla se lo tragó.





