Eran
recién las seis y la mañana se veía oscura. Era efecto de una niebla espesa que
lo envolvía todo como un manto.
Juanito
escuchó a su perro Toby que rasguñaba la puerta, queriendo salir.
Se
puso el pantalón encima del piyama y le fue a abrir. Al pasar por el dormitorio
de sus padres, escuchó el leve rumor de sus respiraciones. Ambos dormían
todavía.
Toby
salió como una tromba y se perdió en un potrero. Juanito corrió tras él,
tratando de distinguirlo entre la niebla. Por más que lo llamaba, Toby no
volvía y escuchó sus ladridos cada vez
más lejanos, en dirección a la carretera.
Le
empezó a llegar nítido el bramar de los camiones y los autos y tuvo miedo de
que lo atropellaran.
- ¡Toby, Toby !
¡ Ven! - gritó angustiado y casi tropezó con una mujer que estaba
sentada en unas piedras.
-Tu
perro no ha pasado por aquí- le dijo, sin que Juanito le hubiera preguntado
nada- Y es mejor que no te acerques a la
carretera.
-¿
Por qué?
-Porque
dentro de un momento va haber ahí un terrible accidente y podrías salir herido.
-¿ Y
como lo sabe usted?
-Porque
vengo a llevarme a los que mueran.
Juanito
la miró asustado. Vio su cara pálida e
inexpresiva, su cuerpo envuelto en un manto oscuro...
-
Entonces , usted es La Muerte ¿ verdad?
Ella
no contestó.
Juanito
sintió rabia contra ella y le gritó:
-¿ Y
para qué vino? ¿ Por qué no deja vivir a
la gente?
-No
soy yo la que los mata, sino ellos mismos con su imprudencia. Solo vengo a
acompañarlos. ¿ Quieres que los deje solos y asustados en medio de la
oscuridad?
-Pero,
mucha gente va a sufrir y a llorar cuando sepa que murieron...
-Ya
lo sé. No creas que me gusta mi oficio. Mi hermana, la Vida, tuvo más suerte
que yo. Escuchar el primer llanto de un niño es mil veces mejor que recoger el
último suspiro de un hombre.
Desde
la carretera llegó un estruendo espantoso. Fue un entrechocar de fierros
seguido de gritos y lamentos.
La
mujer se paró y se envolvió más en su manto. Un velo cayó sobre su cara y
Juanito solo vio sus labios fríos que se abrieron para decirle:
-Vete
a tu casa. Tu perro está allá. Y dile a
tu padre que venga a ayudar a los heridos.
Se
fue caminando hacia la carretera. A su
paso, los pastos se inclinaban y se abrían, como cuando el mar se abre en
surcos al paso de un navío.
Este cuento,a pesar de sus augurios,tiene una gran belleza poética,cada vez que tus dedos le da a las teclas de tu ordenador
ResponderEliminarda salida a ese amor que tu posee a las letras
Hermosa historia aunque se trate de la muerte
ResponderEliminarque bien sea dicha la verdad tanto como la vida existe ella apegada a nuestros pasos...
y en este tiempo claro tanta imprudencia descontrolada por las calles cobran sus víctimas y a veces no tienen nada que ver
al menos le permitió al niño seguir a ún en su tiempo de vida
te dejo un abrazo.